Los sueños1901-001/1922.es
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    VII

    No hemos terminado aún con el estudio de la elabo-
    ración del sueño. Nos vemos obligados a incluir en
    ella, además de la condensación, del desplazamiento
    y de la disposición visual del material psíquico, otra
    actividad cuya actuación no es reconocible en todos los
    sueños. No trataré aquí en detalle esta parte de la
    elaboración del sueño y me limitaré a observar que
    como más rápidamente podemos formarnos una idea
    de su esencia, es aceptando, por lo pronto, la hipótesis
    –probablemente inexacta– de que actúa a pos-
    teriori sobre el contenido del sueño
    ya formado. Su función es entonces la de ordenar
    los componentes del sueño, de manera que se reunan
    aproximadamente para formar una totalidad, una com-
    posición onírica. El sueño recibe así una especie de fa-
    chada, que de todos modos, no cubre por completo el
    contenido, y sufre al mismo tiempo una primera inter-
    pretación provisional que es apoyada por intercalacio-
    nes y ligeras variantes. Esta elaboración del contenido
    del sueño, sólo se hace posible, dejando subsistir to-
    dos sus enigmas y arbitrariedades, y no proporciona
    más que una equivocada inteligencia de las ideas la-
    tentes, siendo necesario prescindir de esta tentativa de
    interpretación al emprender el análisis.

    Esta parte de la elaboración del sueño deja transpa-
    rentarse mejor que ninguna otra su motivación, que
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    Prof. S. Freud

    es el intento de que el sueño resulte
    comprensible. El descubrimiento de esta moti-
    vación nos revela la procedencia de la actividad a que
    la misma da origen, la cual se conduce con el conte-
    nido del sueño dado, como nuestra actividad psíquica
    normal con cualquier contenido de una percepción que
    se sitúe ante ella. Nuestra actividad psíquica acoge
    dicho contenido empleando determinadas representa-
    ciones de espera y lo ordena ya, al percibirlo, entre
    las hipótesis comprensibles. Mas, al hacerlo así, corre
    peligro de falsearlo y cae efectivamente en los más
    singulares errores cuando no puede situarlo al lado
    de algo ya conocido. Sabido es que no podemos con-
    templar una serie de signos extraños, ni oír una serie
    de palabras desconocidas, sin falsear primero su per-
    cepción, situándolos al lado de algo que nos es conoci-
    do, impulsados por la preocupación de la comprensi-
    bilidad.

    Aquellos sueños que han experimentado esta elabo-
    ración por parte de una actividad psíquica totalmente
    análoga al pensamiento despierto, pueden denominar-
    se bien compuestos. En otros sueños falta
    por completo tal actividad; no se ha intentado siquiera
    establecer en ellos un orden ni una interpretación, y al
    despertar, sintiéndonos identificados con esta parte de
    la elaboración onírica, juzgamos que nuestro sueño
    ha sido «confuso y embrollado». Mas, para el análisis,
    tienen tanto valor aquellos sueños que semejan un
    desordenado montón de fragmentos incoherentes,
    como los que presentan una lisa superficie continua.
    En el primer caso, nos ahorramos el esfuerzo de des-
    truir de nuevo, por medio del análisis, la elaboración
    del contenido manifiesto.

    Sería, sin embargo, un error, el no ver en estas fa-

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    chadas de los sueños más que tales elaboraciones,
    realmente confusas y asaz arbitrarias, del contenido
    manifiesto, por la instancia consciente de nuestra vida
    anímica. Para la construcción de la fachada del sueño
    se emplean con frecuencia fantasías optativas que se
    hallan ya formadas en las ideas latentes, y que son del
    mismo género que las que conocemos por pertenecer
    a nuestra vida despierta y llamamos apropiadamente
    «sueños diurnos». Las fantasías optativas que el aná-
    lisis descubre en los sueños nocturnos, revelan ser re-
    peticiones y transformaciones de escenas infantiles, y
    de este modo nos muestra inmediatamente la fachada
    del sueño, en algunos de éstos, el verdadero nódulo
    del mismo, desfigurado por la mezcla con otro ma-
    terial.

    Las cuatro actividades mencionadas son las únicas
    que pueden descubrirse en la elaboración del sueño.
    Si sostenemos nuestra definición de que el concepto
    «elaboración del sueño» significa la traslación de las
    ideas del sueño al contenido del mismo, tendremos
    que decirnos que dicha elaboración no es en modo al-
    guno creadora: no desarrolla ninguna fantasía propia,
    no juzga ni concluye nada y su función se limita a
    condensar el material dado, desplazarlo y hacerlo apto
    para la representación visual, actividades a las que se
    agrega el último trozo, inconstante, de elaboración
    interpretativa. Algo se halla también en el contenido
    del sueño, que se quisiera considerar como el resulta-
    do de una distinta y más elevada función intelectual,
    pero el análisis demuestra siempre convincentemente
    que estas operaciones intelectuales
    han tenido lugar ya en las ideas del
    sueño, habiéndose limitado el conte-
    nido del sueño a acogerlas en sí. Una

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    consecuencia, en el sueño, no es otra cosa que la repe-
    tición de una conclusión que ha tenido lugar en las
    ideas latentes, apareciendo incontrovertible cuando ha
    pasado al sueño sin sufrir transformación alguna, e in-
    sensata cuando ha sido desplazada sobre otro mate-
    rial, por la elaboración. Una operación aritmética in-
    cluída en el contenido manifiesto, no significa otra cosa
    sino que entre las ideas latentes se encuentra un cálcu-
    lo, el cual es siempre exacto, mientras que la opera-
    ción que aparece en el sueño puede dar los más ab-
    surdos resultados, por condensación de sus factores
    y desplazamiento sobre otro material del modo de rea-
    lizarla. Ni siquiera las frases que se hallan en el con-
    tenido del sueño son de nueva composición, pues se
    revelan como construídas con fragmentos de frases
    pronunciadas, oídas o leídas por el sujeto, y renova-
    dos en las ideas latentes, copiando con toda fidelidad
    su forma, pero prescindiendo por completo de la cau-
    sa que las motivó y alterando enormemente su sen-
    tido.

    No es, quizá, superfluo apoyar con algunos ejemplos
    estas últimas afirmaciones:
    1. Un sueño aparentemente inocente y bien com-
    puesto, de una paciente mía.
    «Va al mercado con su cocinera, la cual lleva su
    cesta. El carnicero, al que piden algo, las contesta:
    «No hay ya», y quiere despachar otra cosa dife-
    rente, observando: «Esto también es bueno». Ella
    rehusa la oferta y se dirige al puesto de la verdulera,
    la cual quiere venderla una extraña verdura, atada
    formando manojo y de color negro. Ella dice enton-
    ces: «No he visto nunca cosa seme-
    jante. No la compro».
    La frase «No hay ya» procede del tratamiento. Yo

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    UNA TEORIA SEXUAL Y OTROS ENSAYOS

    mismo había explicado a la paciente días antes, que
    en la memoria del adulto no hay ya nada de
    sus más antiguos recuerdos infantiles, los cuales han
    sido sustituídos por transferencias y por sueños. Soy
    yo, por lo tanto, el carnicero.

    La segunda frase: «No he visto nunca cosa seme-
    jante» fué pronunciada en otra ocasión totalmente dis-
    tinta. El día anterior había exclamado la paciente al
    regañar a su cocinera, que como hemos visto, aparece
    también en el sueño: «Tiene usted que conducirse más
    correctamente. ¡No he visto nunca cosa semejante!»,
    esto es, no permito tal comportamiento. El trozo más
    inocente de esta frase, llegó por desplazamiento, a in-
    cluirse en el contenido del sueño. En cambio, en las
    ideas latentes, solo el otro trozo de la frase desempe-
    ñaba un papel determinado, pues la elaboración del
    sueño transformó hasta hacerla irreconocible y darla
    el aspecto de una total inocencia, una situación fan-
    tástica, en la cual yo me conducía inco-
    rrectamente en un cierto sentido, con
    la señora de referencia. Esta situación, esperada en la
    fantasía, no es, además, sino una nueva edición de
    una escena realmente vivida por la paciente, en oca-
    sión anterior.

    2. Un sueño aparentemente insignificante y en el
    que aparecen números. «Ella quiere pagar alguna cosa;
    su hija saca de su bolsillo: 3 florines 65 cén-
    timos. Pero ella le dice: «¿Qué haces?» No cues-
    ta más que «21 céntimos».

    El sujeto de este sueño era una señora extranjera,
    que había hecho ingresar a su hija en un estableci-
    miento pedagógico de Viena, y que se sometió a mi
    tratamiento. En el día del sueño, le había indicado la

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    directora del establecimiento la conveniencia de dejar
    en él a su hija un año más. En este caso hubiera ella
    podido prolongar por dicho tiempo su tratamiento cu-
    rativo. Los números del sueño adquieren su significa-
    ción al recordar que el tiempo es oro. Time is money.
    Un año es igual a 365 días, o expresado en
    céntimos, a 365 céntimos, 3 florines 65 céntimos. Los
    21 céntimos corresponden a las tres semanas
    que restaban hasta el final del año escolar y,
    por lo tanto, hasta el día en que habría que dar por
    terminado el tratamiento. Eran seguramente razones
    económicas las que habían llevado a la señora a re-
    chazar la indicación de la directora del colegio y las
    que motivaban la pequeñez de la cantidad que apare-
    cía en el sueño.

    3. Una joven señora, casada hacía varios años,
    supo que una amiga suya de su misma edad, Elisa L.,
    había celebrado sus esponsales. Esta noticia motivó
    el sueño siguiente: «Se halla en el teatro, con su mari-
    do. Una parte del patio de butacas está desocupada.
    Su marido la cuenta que Elisa L. y su prometido hu-
    bieran querido ir también al teatro, pero no habían
    conseguido más que muy malos puestos, tres por 1 flo-
    rín 50 céntimos, y no quisieron tomarlos. Ella contes-
    ta que el no haber podido ir aquella noche al teatro
    no es ninguna desgracia».

    Nos interesa averiguar en este sueño, de qué ideas
    latentes proceden los números que aparecen en el con-
    tenido manifiesto y cuáles han sido las transformacio-
    nes por las que dichas ideas han pasado. ¿De dónde
    procede la cantidad de 1,50 florines? De un motivo in-
    diferente del día anterior. Su cuñada había recibido
    como regalo de su hermano, el marido de la protago-
    nista del sueño, la suma de 150 florines y se había

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    U N A T E O R I A S E X U A L Y O T R O S E N S A Y O S

    a p r e s u r a d o a gastarlos comprándose un objeto
    de adorno. Observaremos que 150 florines son 100
    veces 1 florín 50 céntimos. Para el número t r e s , de
    los billetes, del teatro no se encuentra más enlace que
    el de que Elisa L., la amiga prometida, es precisamente
    tres meses más joven que la sujeto del sueño. La si-
    tuación que en éste aparece, es la reproducción de un
    pequeño suceso que motivó las burlas de su esposo.
    En una ocasión se había a p r e s u r a d o a tomar,
    con gran anticipación, billetes para una representación
    teatral, y cuando entraron en el teatro vieron que u n a
    p a r t e del patio de b u t a c a s quedaba
    casi vacía. No había, pues, necesidad de haber-
    se apresurado tanto a tomar las localidades. No deje-
    mos, por último, pasar desapercibido el a b s u r d o
    del sueño en el que aparece que dos personas tienen
    que tomar tres localidades.

    Veamos ahora las ideas latentes de este sueño. Ha
    sido un d i s p a r a t e casarme tan joven; n o t e n í a
    n e c e s i d a d n i n g u n a de a p r e s u r a r m e
    t a n t o. En el ejemplo de Elisa L. veo que no me
    hubiese faltado un marido, y además, uno cien
    veces mejor (Schatz–marido, novio, tesoro), si
    hubiera esperado. Tres maridos como ese hubiera
    podido comprarme con el mismo dinero (dote).

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