S.
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INTRODUCCION
Al disponerme hoy (1925), después de un largo in-
tervalo, a apoyar las afirmaciones por mí sentadas en
1895 y 1896, sobre la patogénesis de los síntomas his-
téricos y los procesos psíquicos de la histeria, con la
exposición detallada de un historial clínico, creo impres-
cindible iniciar esta labor con un breve preámbulo des-
tinado, en primer lugar, a justificar, desde diversos
puntos de vista, mi conducta pretérita y presente en
cuanto a la publicación de tales documentos, y en se-
gundo, a reducir a una modesta medida las esperanzas
que en aquélla puedan fundarse.Ya fué, ciertamente, muy espinoso tener que publi-
car los resultados de mi labor investigadora, que a más
de resultar harto sorprendentes y de naturaleza nada
grata, no podían ser objeto de comprobación alguna
por parte de mis colegas de Facultad. Apenas lo es
menos ahora comenzar a ofrecer al juicio general una
parte del material del que hube de extraer tales resul-
tados. Si antes se me reprochó no comunicar dato al
guno sobre mis enfermos, hoy se me reprochará hacer
público algo que el secreto profesional impone silenciar.
Espero, sin embargo, que habrán de ser las mismas
personas las que de este modo cambien de pretexto
para sus reparos, y renuncio por anticipado a desarmar
jamás a tales críticos.S.
8
INTRODUCCION
De todos modos, aun prescindiendo por completo
de semejantes malquerencias incomprensivas, la publi-
cación de los historiales clínicos, me plantea graves di-
ficultades, de orden técnico en parte, y en parte deri-
vadas de sus mismas circunstancias intrínsecas. Si es
cierto que la causación de las enfermedades histéricas
reside en las intimidades de la vida psicosexual de los
enfermos y que los síntomas histéricos son la expresión
de sus más secretos deseos reprimidos, la aclaración
de un caso de histeria no podrá por menos de descu-
brir tales intimidades y revelar tales secretos. Es indu-
dable que los enfermos habrían silenciado unas y otros
a la menor sospecha de que sus confidencias habían de
ser científicamente aprovechables, y desde luego, sería
inútil solicitar su autorización para publicarlas. En estas
circunstancias, las personas de fina sensibilidad y las
de escasa resolución, situarían, en primer término, el se-
creto profesional y renunciarían a todo intento de pu-
blicación, lamentando no poder prestar, en este punto,
servicio alguno a la ciencia. Mas, por mi parte, opino
que la profesión médica no impone sólo deberes para
con los enfermos individualmente considerados, sino
también para con la ciencia, o lo que es lo mismo, para
con el gran núcleo de individuos que padecen igual do-
lencia o la padecerán en el porvenir. La publicación de
aquello que uno cree saber sobre la causación y la
estructura de la histeria se nos impone entonces como
un deber, y si podemos cumplirlo evitando todo perjui-
cio personal y directo al enfermo, sería una cobardía no
hacerlo. En lo que a mí respecta, creo haber hecho
todo lo posible por evitar tales perjuicios a la paciente
cuyo historial clínico motiva estas líneas preliminares.
He elegido una persona cuyos destinos transcurren
lejos de Viena, siendo, por lo tanto, completamenteS.
9
INTRODUCCION
desconocidas sus circunstancias personales en nuestra
capital. He guardado desde un principio y tan celosa-
mente el secreto del tratamiento, que sólo uno de mis
colegas, digno de máxima confianza, ha podido recono-
cer en la muchacha de quien se trata, a una antigua pa-
ciente mía. Una vez terminado el tratamiento, he dete-
nido aún la publicación del caso durante cuatro años,
hasta haber tenido noticia de un importante cambio so-
brevenido en la vida de la paciente y que seguramente
habría desvanecido su propio interés hacia los sucesos
y los procesos anímicos relatados en el historial. Desde
luego, no ha quedado en todo el relato un solo nombre
que pudiese poner sobre la pista a algún lector ajeno a
la clase médica, curiosos indiscretos contra los cuales
ya supone una garantía la publicación del historial en
una revista profesional especializada y rigurosamente
científica. Naturalmente, no puedo impedir que la pa-
ciente misma sufra una impresión desagradable si la
casualidad llega a poner algún día en sus manos su
propio historial clínico. Pero, en último caso, no habrá
de encontrar en él y acerca de sí misma nada que no
sepa ya de sobra, y reconocerá, además, la imposibili-
dad de que ninguna otra persona sospeche que se trata
de ella.No ignoro que hay muchos médicos–por lo menos
en Viena–que esperan con repugnante curiosidad la
publicación de alguno de mis historiales clínicos, para
leerlo, no como una contribución a la psicopatología de
la neurosis, sino como una novela con clave, destinada
a su particular entretenimiento. Desde ahora, quiero
asegurar a esta especie de lectores, que todos los his-
toriales que haya de publicar aparecerán protegidos
contra su maliciosa penetración por análogas garantías
del secreto, aunque tal propósito haya de limitar extra-
S.
10
INTRODUCCION
ordinariamente mi libre disposición del material acumu-
lado en muchos años de labor investigadora.En el historial clínico a continuación expuesto, único
que hasta ahora he podido sustraer a las limitaciones
de la discreción médica y a la desfavorable constelación
de las circunstancias intrínsecas, se tratan con toda li-
bertad relaciones de carácter sexual, se aplica a los
órganos y a las funciones de la vida sexual sus nom-
bres verdaderos, y el lector casto extraerá, desde luego,
de su lectura, la convicción de que no me ha intimidado
tratar de semejantes cuestiones y en tal lenguaje con
una muchacha. ¿Habré de defenderme también de un
tal reproche? Me limitaré simplemente a reclamar para
mí los derechos que nadie niega al ginecólogo–o más
exactamente aún, una parte muy restringida de tales
derechos–y a denunciar como un signo de salacidad
perversa o singular la sospecha, en alguien posible, de
que tales conversaciones sean un buen medio para ex-
citar o satisfacer deseos sexuales. Unas cuantas pala-
bras singularmente acertadas de otro autor acabarán de
concretar, mejor que yo pudiera hacerlo, mi juicio sobre
esta cuestión:«Es lamentable tener que hacer lugar en una obra
científica a semejantes explicaciones y advertencias.
Pero no es a mí a quien ello debe ser reprochado, sino
al espíritu contemporáneo, que nos ha llevado hasta el
punto de que ningún libro serio posee hoy garantías de
vida»1).Pasaré ahora a exponer en qué forma he vencido en
este historial clínico las dificultades técnicas de su co-
municación. Tales dificultades son muy arduas para el
médico que lleva adelante, diariamente, cinco o seis
1)Richard Schmidt: «Beiträge zur indischen Erotik». 1902.
S.
11
tratamientos psicoterapicos de este género y no puede
tomar nota alguna durante las sesiones, pues desperta-
ría con ello la desconfianza de los enfermos y pertur-
baría su propia aprehensión del material aprovechable.
Para mí constituye todavía un problema, cómo fijar por
escrito, para su comunicación ulterior, el historial de un
tratamiento de larga duración. En el caso presente, vi-
nieron en mi ayuda dos circunstancias: la breve dura-
ción del tratamiento –tres meses– y el hecho de que
las soluciones del caso se agruparon en torno de dos
sueños, relatados por la paciente a la mitad y al final,
respectivamente, de la cura, anotados por mí al término
de la sesión correspondiente, ateniéndome a la descrip-
ción verbal que de ellos me había hecho la enferma, y
que me proporcionaron un seguro punto de apoyo para
desentrañar la trama de interpretaciones y recuerdos a
ellos ligada. El historial clínico mismo lo escribí una vez
terminado el tratamiento, cuando su recuerdo conser-
vaba aún absoluta claridad en mi memoria, estimulada
además por mi interés en publicarlo. Entraña, pues,
máximas garantías de exactitud, aunque no pueda as-
pirar a la absoluta fidelidad de una reproducción fono-
gráfica. Nada esencial he alterado en él. Sólo, en algún
lugar, la sucesión de las soluciones, y ello para dar una
mayor coherencia a la exposición.Anticipándome a los lectores, precisaré ya lo que en
mi relato habrán de encontrar y lo que en él echarán de
menos. Al principio, pensé titularlo «Los sueños y la
histeria», porque me parecía extraordinariamente apro-
piado para mostrar cómo la interpretación onírica se en-
treteje en el historial del tratamiento y cómo logramos,
con su ayuda, cegar las amnesias y llegar a la solución
de los síntomas. No sin razones muy fundadas hice
preceder, en 1900, un laborioso y penetrante estudio deS.
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los sueños 1) a los trabajos que me proponía publicar
sobre la psicología de la neurosis, si bien, por otra
parte, la acogida que encontró dicho estudio me hiciera
ver cuán escasa comprensión pueden esperar semejan-
tes esfuerzos por parte de mis colegas de Facultad. En
este caso, no podía ya objetarse la imposibilidad de
comprobar mis afirmaciones por silenciar yo el material
del que las había deducido, pues todo el mundo puede
someter a la investigación psicoanalítica sus propios
sueños, y la técnica de la interpretación onírica no es
nada difícil de aprender siguiendo mis indicaciones y
los ejemplos por mí expuestos. Hoy, como entonces,
he de afirmar que el estudio de los problemas de los
sueños es condición previa indispensable para la com-
prensión de los procesos psíquicos de la histeria y de
las demás psiconeurosis. De tal manera, que resulta im-
posible adentrarse en este último sector sin haber cum-
plido a conciencia aquella labor preparatoria. Por lo
tanto, como el presente historial clínico presupone un
conocimiento de la interpretación de los sueños, su lec-
tura dejará una impresión muy poco satisfactoria en
aquellos en quienes no se cumpla tal condición. En
lugar de la explicación buscada hallarán tan sólo moti-
vos de extrañeza y proyectarán ésta sobre el autor, ta-
chándole de fantástico. En realidad, las singularidades
que engendran tal extrañeza son inherentes a los fenó-
menos de la neurosis, y sólo podríamos desterrarla to-
talmente si consiguiéramos derivar sin residuo alguno
la neurosis de los factores a cuyo conocimiento hemos
llegado hasta ahora. Pero lo más probable es, por el
contrario, que el estudio de la neurosis haya de llevar-
1)«La interpretación de los sueños». Tomos VI y VII de
esta edición castellana.S.
13
INTRODUCCION
nos a nuevas hipótesis que podrán ir convirtiéndose
luego, paulatinamente, en certidumbres. Y lo nuevo ha
despertado siempre extrañeza y oposición.Sería erróneo creer que los sueños y su interpreta-
ción alcanzan en todas las psicoanálisis la misma im-
portancia que en este ejemplo.Pero si el historial clínico que sigue muestra una
riqueza excepcional en cuanto al aprovechamiento del
material onírico, resulta, en cambio, en otros puntos,
más pobre de lo que yo hubiera deseado. Sólo que sus
defectos se hallan directamente enlazados con aquellas
circunstancias a las que se debe la posibilidad de publi-
carlo. Ya he hecho constar que no había encontrado aún
manera de dominar el material de un tratamiento pro-
longado, por ejemplo, a través de todo un año. Este
historial de sólo tres meses era fácil de recordar y de
abarcar en conjunto. Pero sus resultados han sido in-
completos en más de un sentido. El tratamiento no fué
llevado hasta su último fin, pues quedó interrumpido
por voluntad de la paciente al llegar a un punto deter-
minado, y en tal momento no habían sido siquiera ata-
cados algunos de los enigmas del caso y sólo incom-
pletamente aclarados otros, mientras que la continuación
de la labor terapéutica hubiera penetrado seguramente,
en todos los puntos, hasta la última aclaración posible.
No puedo ofrecer aquí, por lo tanto, más que el frag-
mento de un análisis.Quizá algún lector familiarizado ya con la técnica
del análisis, expuesta en mis «Estudios sobre la histe-
ria», se asombrará de que en tres meses no nos fuese
posible llevar a su última solución siquiera los síntomas
sobre los cuales convergió la investigación. Para disi-
par semejante extrañeza advertiré que la técnica psico-
analítica ha sufrido una transformación fundamentalS.
14
desde la época de los «Estudios». Por entonces, el
análisis partía de los síntomas y se proponía, como fin,
irlos solucionando uno tras otro. Posteriormente he
abandonado esta técnica por parecerme inadecuada a la
estructura sutil de la neurosis. Ahora, dejo que el pa-
ciente mismo determine el tema de nuestra labor coti-
diana. Parto así, cada vez, de la superficie que lo in-
consciente ofrece de momento a su atención, y voy
obteniendo fragmentado, entretejido en diversos con-
textos y distribuído entre épocas muy distantes, todo el
material correspondiente a la solución de un síntoma.
Mas, a pesar de esta desventaja aparente, la nueva
técnica es muy superior a la primitiva, y sin disputa, la
única posible.Ante lo incompleto de mis resultados analíticos, me
vi obligado a imitar el ejemplo de aquellos afortunados
investigadores que logran extraer a la luz los restos, no
por mutilados menos preciosos, de épocas pretéritas,
completándolos luego por deducción y conforme a mo-
delos ya conocidos. Me decidí, pues, a proceder análo-
gamente, aunque haciendo constar siempre, como un
honrado arqueólogo, dónde termina lo auténtico y co-
mienza lo reconstruído.De otra distinta insuficiencia soy ya directa e inten-
cionadamente culpable. En efecto: no he expuesto, en
general, la labor de interpretación que hubo de recaer
sobre las asociaciones y comunicaciones del enfermo,
sino tan sólo los resultados de la misma. De este modo
y salvo en lo que respecta a los sueños, sólo en algu-
nos puntos aparece detallada la técnica de la investiga-
ción analítica. Con este historial clínico me importaba
especialmente mostrar la determinación de los síntomas
y la estructura interna de la neurosis. Una tentativa de
llevar a cabo simultáneamente la otra labor, hubieraS.
15
INTRODUCCION
producido una confusión inextricable, pues para fun-
damentar las reglas técnicas, empíricamente halladas
en su mayor parte, hubiera sido indispensable presen-
tar reunido el material de muchos historiales clínicos.
Sin embargo, en el caso presente no debe creerse que
la omisión de la técnica haya abreviado gran cosa su
exposición. Precisamente en el tratamiento de esta en-
ferma no hubo lugar a desarrollar la parte más espinosa
de la labor psicoanalítica, pues la «transferencia afecti-
va» de la que tratamos brevemente al término del
historial, no llegó a emerger en el breve curso de
la cura.De una tercera insuficiencia de este historial no pue-
de ya hacérseme responsable, ni tampoco a la enferma.
Lo natural es, en efecto, que un solo y único historial,
aunque fuese completo e indiscutible, no pueda dar res-
puesta a todas las interrogaciones que plantea el pro-
blema de la histeria. No puede dar a conocer todos los
tipos de la enfermedad, las formas todas de la estructu-
ra interior de la neurosis, ni todas las relaciones posi-
bles en la histeria entre lo psíquico y lo somático. No
se puede exigir de un solo caso más de lo que puede
dar. Así mismo, aquellos que hasta ahora se han nega-
do a aceptar la validez general y exclusiva de la etiolo-
gía psicosexual en cuanto a la histeria, no llegaran tam-
poco a una convicción opuesta con el conocimiento de
un solo historial, sino que aplazaran su juicio hasta ha-
ber alcanzado, con una labor personal, el derecho a se-
mejante convicción.***
(Adición en 1923). El tratamiento cuyo historial co-
municamos a continuación, quedó interrumpido el 31 deS.
16
Introduccion
Diciembre de 1899. Su exposición, escrita en las dos
semanas siguientes, no se publicó hasta 1905. No es de
esperar que más de veinte años de labor ininterrumpida
no hayan modificado nada en la interpretación y expo-
sición de un tal caso patológico, pero carecería total-
mente de sentido querer adaptar ahora la exposición de
su historial, corrigiéndola y ampliándola, al estado ac-
tual de nuestro conocimiento. La he dejado, pues, casi
intacta, limitándome a rectificar algunas imprecisiones
sobre las que me llamaron la atención mis excelentes
traductores ingleses Mr. y Mrs. James Strachey. Las
advertencias críticas que me han parecido necesarias
las he incluido como adiciones al historial, de modo que
en aquellos puntos en que tales notas no contradicen el
texto, el lector tiene derecho a suponer que sigo man-
teniendo las mismas opiniones de entonces. El proble-
ma de la discreción profesional, del que me ocupo en
esta introducción, no surge ya en los otros historiales
clínicos siguientes 1), pues tres de ellos se publican con
autorización expresa de los interesados—el de Juanito,
con la de su padre—y en un caso (Schreber), el objeto
del análisis no es realmente una persona, sino el libro
por ella escrito. En el caso de Dora, el secreto se ha
conservado hasta este mismo año. He sabido reciente-
mente que la sujeto, de la que no había vuelto a tener
noticia alguna en muchos años, había confiado a uno de
mis colegas haber sido sometida por mí, en su juven-
tud, al análisis, confidencia que permitió a mi colega,
muy versado en estas cuestiones, reconocer en su pa-1)N. Del T.—El presente volumen de esta edición castella-
na incluye el historial clínico de Dora y el de Juanito. El próxi-
mo volumen XVI comprenderá los tres restantes, integrados en
el tomo VIII de la edición alemana de las obras completas del
profesor Freud.S.
17
INTRODUCCION
ciente a aquella Dora de 1899. El hecho de que los tres
meses de tratamiento lograran tan sólo solucionar el
conflicto de entonces, sin dejar tras de sí una salvaguar-
dia contra posteriores enfermedades neuróticas, no creo
que pueda convertirse honradamente en un reproche
contra la terapia analítica.S.
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Análisis fragmentario de una histeria1905-005/1931.es
1905-005/1931.es/V