Para la prehistoria de la técnica psicoanalítica 1920-002/1930.es

Freud, Sigmund (1920-002/1930.es): Para la prehistoria de la técnica psicoanalítica

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    Para la prehistoria de la técnica psico-
    analítica

    Publicado sin nombre de autor en
    la «Internationale Zeitschrift für
    Psychoanalyse» (1920).

    En un nuevo libro de Havelock Ellis, el meritísimo in-
    vestigador de la sexualidad y noble crítico de la psicoaná-
    lisis –«The philosophy of conflict and other essays in war
    time, second series», Londres, 1919–, aparece un ensayo
    titulado «Psychoanalysis in relation to sex», encaminado a
    demostrar que la obra del creador de la psicoanálisis no
    debe considerarse como una labor científica, sino como
    una labor artística. Aunque este juicio aparece expresado
    en forma amabilísima e incluso excesivamente halagüeña,
    tenemos que ver en él una nueva manifestación de la re-
    sistencia y una repulsa de la psicoanálisis, y hemos de re-
    chazarlo resueltamente.

    Pero no es esta crítica lo que nos ha llevado a ocupar-
    nos del citado ensayo de Havelock Ellis, sino la mención
    en él contenida, de un autor anterior a la psicoanálisis, que
    hubo ya de practicar y recomendar, aunque para distintos
    fines, la técnica de la asociación espontánea, teniendo así
    un derecho a ser considerado, en esta cuestión, como un
    precursor de los psicoanalíticos. «En el año de 1857», es-
    cribe Havelock Ellis, «el doctor J. J. Garth Wilkinson,
    más conocido como poeta y místico que como médico, pu-
    blicó un tomo de poesías místicas que pretendía haber

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    compuesto conforme a un nuevo método, al que daba el
    nombre de «impresión». «Se elige un tema», dice, «e inme-
    diatamente después de escribir el título, podemos ya con-
    siderar la primera ocurrencia que acuda a nuestro pensa-
    miento, como el paso inicial en el desarrollo del tema,
    aunque la palabra o la frase de que se trate nos parezca
    extraña o ajena a él». «El primer movimiento de nuestro
    espíritu, la primera palabra que a nosotros acude, es ya el
    resultado de la tendencia a adentrarnos en el tema propues-
    to». «Siguiendo consecuentemente este procedimiento,
    añade Garth Wilkinson, acabamos siempre por penetrar
    hasta el corazón mismo de las cosas, como guiados por un
    instinto infalible». Según Wilkinson esta técnica atraía a
    la superficie nuestras más profundas tendencias incons-
    cientes, obligándolas a manifestarse. Aconsejaba dejar a
    un lado toda reflexión y toda voluntad y confiarse a la im-
    provisación, con la seguridad de que, haciéndolo así, nues-
    tras facultades espirituales se orientarán hacia fines desco-
    nocidos»

    «No debemos olvidar que aunque Wilkinson era médi-
    co, utilizó solamente esta técnica para fines religiosos y
    literarios, nunca para fines médicos o científicos, mas, de
    todos modos, no es difícil ver que en lo esencial, se trata
    de la técnica psicoanalítica, aplicada a la propia persona,
    constituyendo una prueba más de que el método de Freud
    es realmente el de un artista.»

    Los lectores familiarizados con la literatura psicoanalí-
    tica, recordarán aquel bello pasaje de la correspondencia
    de Schiller con Körner, en el que Schiller habla de las aso-
    ciaciones espontáneas como de un elemento importantísi-
    mo de la producción literaria. Es, pues, de suponer, que la
    técnica que Wilkinson creía nueva hubiese sido ya vislum-
    brada por otros muchos escritores, y su aplicación siste-
    mática en la psicoanálisis, más que una prueba de la idio-
    sincrasia artística de Freud, constituye una consecuencia

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    TECNICA DE LA PSICOANALISIS

    de su firme convencimiento de la absoluta determinación
    de todo el suceder anímico. De esta convicción tenía que
    deducirse, como posibilidad más inmediata y verosímil, la
    pertenencia de la asociación espontánea al tema fijado, tal
    y como luego nos lo comprueba el análisis, cuando la ac-
    ción de resistencias demasiado intensas no hace irrecono-
    cible la conexión.

    De todos modos, puede asegurarse que ni Schiller ni
    Garth Wilkinson han influído para nada en la elección de
    la técnica psicoanalítica. De existir aquí alguna relación
    personal, ha de buscarse en otro lado.

    No hace mucho, el doctor Hugo Duborvitz, de Buda-
    pest, llamó la atención del doctor Ferenczi sobre un breve
    ensayo de Ludwig Börne, publicado en 1823 y reproduci-
    do luego en el tomo primero de sus obras completas (edi-
    ción de 1862). Se titula «El arte de llegar a ser un escritor
    original en tres días» y aparece escrito a la manera de
    Jean Paul, cuya estela seguía Börne por entonces. Con-
    cluye con las palabras siguientes: «Voy a exponer ahora
    el método prometido. Tomad unos cuantos pliegos de pa-
    pel y escribid durante tres días, sin falsedad ni hipocresía,
    todo lo que se os ocurra. Escribid lo que pensáis de vos-
    otros mismos, de vuestras mujeres, de la guerra contra los
    turcos, de Goethe, del proceso criminal de Fonk, del
    Juicio final, de vuestros superiores, y al cabo de los tres
    días, quedaréis maravillados ante la serie de ideas origina-
    les e inauditas que han acudido a vuestro pensamiento.
    Tal es el arte de llegar a ser en tres días un escritor ori-
    ginal.»

    Cuando el profesor Freud leyó este ensayo de Börne,
    comunicó una serie de datos que pueden ser muy impor-
    tantes para la prehistoria del aprovechamiento psicoanalí-
    tico de las asociaciones espontáneas. Manifestó, en efec-
    to, que al cumplir los catorce años, le habían sido regala-
    das las obras de Börne, y que precisamente este libro, era

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    el único que aún conservaba de aquel tiempo. Börne había
    sido el primer escritor que había captado profundamente
    su atención. No conservaba recuerdo alguno del ensayo
    de que ahora se trataba, pero, en cambio, el de otros con-
    tenidos en el mismo volumen había surgido de cuando en
    cuando en su memoria, sin causa visible, durante largos
    años. Sobre todo, le asombraba hallar en el primero algu-
    nas ideas que él siempre había mantenido y defendido.
    Por ejemplo: «A todos nos detiene un funesto miedo de
    pensar. Más rigurosa que la censura de los gobiernos es
    la que ejerce la opinión pública sobre la obra de nuestro
    espíritu». (También encontramos ya citada aquí, la «cen-
    sura», que luego ha reaparecido en la psicoanálisis como
    censura onírica...) «Lo que les falta a muchos escritores
    para ser mejores, no es inteligencia, sino carácter... La
    sinceridad es la fuente del genio y los hombres serían más
    inteligentes si fueran más morales...»

    No parece, pues, imposible, que esta referencia al en-
    sayo de Börne nos haya descubierto un ejemplo de aquella
    parte de «criptoamnesia» oculta seguramente en muchos
    casos, detrás de una supuesta originalidad.