El múltiple interés del Psicoanálisis 1913-011/1928.es

Freud, Sigmund (1913-011/1928.es): El múltiple interés del Psicoanálisis

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  • S.

    «El múltiple interés de la psicoanálisis» apareció en la revista
    «Sciencia> (Bolonia, 1913).

  • S.

    1
    Interés psicologico de la psicoanálisis

    La psicoanálisis es un procedimiento médico que aspira
    ala curación de ciertas formas de la nerviosidad (neuro-
    sis), por medio de una técnica psicológica. En un trabajo
    publicado en 1910, hube ya de describir la evolución de la
    psicoanálisis desde su punto de partida en el método ca-
    tártico, de]. Breuer, y sus relaciones con las teorías
    de Charcot y P. Janet (1).

    Como ejemplos de las formas patológicas accesibles a
    la psicoanálisis, pueden ser citadas las convulsiones e in-
    hibiciones de la histeria y los diversos síntomas de la neu-
    rosis obsesiva (actos e ideas obsesivos). Trátase de esta-
    dos que desaparecen a veces espontáneamente y responden
    de un modo caprichoso, hasta ahora inexplicado, a la in-
    fluencia personal del médico. En las formas graves de las
    perturbaciones mentales propiamente dichas, no alcanza la
    psicoanálisis resultado positivo alguno. Pero tanto en las
    psicosis como en las neurosis, nos facilita, por vez primera
    en la historia de la medicina, una visión de los orígenes y
    el mecanismo de estas enfermedades.

    Esta importancia médica de la psicoanálisis no justifi-
    caría la tentativa de presentarla en un círculo de hombres

    (1) Cinco conferencias sobre psicoanálisis. Obras completas,
    tomo II, pág. 146.

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  • S.

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    de estudio interesados por la sintesis de las ciencias, y
    mucho menos cuando tal empresa habria de parecer pre-
    matura mientras una gran parte de los psiquiatras y neur6-
    logos continúe mostrándose opuesta al nuevo método
    terapéutico y rechace tanto sus hipótesis como sus resul-
    tados. Si no obstante, considero legítima esta tentativa, es
    porque la psicoanálisis aspira a interesar a hombres de
    ciencia distintos de los psiquiatras, pues se extiende a otros
    varios sectores científicos diferentes y establece entre ellos
    y la patología de la vida psíquica, relaciones insospe-
    chadas.

    Dejaré, pues, a un lado, por ahora, el interés médico de
    la psicoanálisis y trataré de demostrar, con una serie de
    ejemplos, mis anteriores asertos sobre nuestra joven
    ciencia.

    pk

    Tanto en el hombre normal como en los enfermos, tro-
    pezamos con una serie de expresiones mímicas y verbales
    y con numerosos productos mentales, que no han llegado a
    ser hasta ahora objeto de la psicología, por haberlos consi-
    derado meramente como resultados de una perturbación
    orgánica o de una disminución anormal de la capacidad
    funcional del aparato anímico. Me refiero a las funciones
    fallidas (equivocaciones orales o en la escritura, olvi-
    dos, etc.), а los actos casuales y a los sueños de los nor-
    males, y a los ataques convulsivos, delirios, visiones,
    ideas y actos obsesivos de los neuróticos. Estos fenóme-
    nos—en cuanto no han pasado, como las funciones falli-
    das, totalmente inadvertidos—se han venido adscribiendo
    a la patología, esforzándose en hallarles explicaciones
    fisiológicas que jamás han resultado satisfactorias.
    La psicoanálisis ha demostrado, en cambio, que todos

    == DA ==

  • S.

    *

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    estos fenómenos pueden ser explicados e integrados en el
    conjunto conocido del suceder psíquico, por medio de hipó-
    tesis de naturaleza puramente psicológica. Nuestra disci-
    plina ha restringido así el radio de acción de la fisiología,
    conquistando, en cambio, para la psicología, una parte
    considerable de la patología. La máxima fuerza probatoria
    corresponde aquí a los fenómenos normales, sin que pueda
    acusarse a la psicoanálisis de transferir a lo normal cono-
    cimientos extraídos del material patológico, pues aporta
    sus pruebas independientemente unas de otras en cada
    uno de dichos sectores y muestra así, que los procesos
    normales y los llamados patológicos siguen las mismas
    reglas.

    De los fenómenos normales a que nos venimos reti-
    riendo, esto es, de los observables en hombres normales,
    dedicaremos atención preferente a dos: las funciones fa-
    llidas y los sueños.

    Las funciones fallidas, o sea el olvido ocasional de pa-
    labras y nombres, el de propósitos, las equivocaciones
    orales en la lectura y la escritura, el extravío de objetos,
    la pérdida definitiva de los mismos, determinados errores
    contrarios a nuestro mejor conocimiento, algunos gestos y
    movimientos habituales; todo esto que reunimos bajo el
    nombre comün de funciones fallidas del hombre sano y nor-
    mal, ha sido, en general, muy poco atendido por la psico-
    logía, atribuyéndose a la «distracción» y considerándose
    derivado de la fatiga, de la falta de atención o de un efecto
    accesorio de ciertos leves estados patológicos. La investi-
    gación analítica ha demostrado con suticiente certeza, que
    tales factores ültimamente citados constituyen, todo lo más,
    circunstancias favorables a la producción de los fenómenos
    de referencia, pero nunca condiciones indispensables de la
    misma. Las funciones fallidas son verdaderos fenómenos
    psíquicos y entrañan siempre un sentido y una tendencia,
    constituyendo la expresión de determinadas intenciones,

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  • S.

    +

    ‎も‏ כ ‎RR SOL D RNG‏ ושי שש

    ‎que a consecuencia de la situación psicológica dada, no

    ‎encuentran otro medio de exteriorizarse. Tal situaciôn es,

    ‎por lo general, la correspondiente a un conflicto psiquico,

    ‎y en ella queda privada de expresiôn directa y derivada -
    por caminos indirectos la tendencia vencida. El individuo

    ‎que comete el acto fallido puede darse cuenta de él y

    ‎puede conocer, separadamente, la tendencia reprimida que
    en su fondo existe, pero ignora, en cambio, casi siempre

    ‎y hasta que el análisis se la revela, la relación causal exis-

    ‎tente entre la tendencia y el acto. Los análisis de las fun-

    ‎ciones fallidas son muchas veces fáciles y rápidos. Una

    ‎vez advertido el fallo por el sujeto, su primera ocurrencia

    ‎suele traer consigo la explicación buscada.

    ‎Los actos fallidos constituyen el material más cómodo
    para confirmar las hipótesis psicoanalíticas. En un trabajo
    que data de 1904, he reunido numerosos ejemplos de este
    orden, con su interpretación correspondiente, colección
    que ha sido luego aumentada por las aportaciones de otros
    observadores (1).

    ‎El motivo que más frecuentemente nos mueve a repri-
    mir una intención, obligándola así a contentarse con hallar
    expresión indirecta en un acto fallido, es la evitación de
    displacer. De este modo, olvidamos tenazmente un nom-
    bre propio cuando abrigamos hacia la persona a quien co-
    rresponde, un secreto enfado, o dejamos de realizar propó-
    sitos que sólo a disgusto hubiéramos llevado a cabo,
    forzados, por ejemplo, por las conveniencias sociales. Per-
    demos un objeto cuando nos hemos enemistado con la per-
    sona a quien nos recuerda o que nos lo ha regalado. To-
    mamos un tren equivocado cuando emprendemos el viaje
    a disgusto y hubiéramos querido permanecer en donde es-

    ‎(1) Cf. el tomo I de estas obras completas, titulado «Psicopato-
    logía de la vida cotidiana». Así mismo, trabajos de A. Maeder,
    A. A. Brill, Е. Jones, O. Rank y otros.

    ‎B uc

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    tåbamos o trasladarnos a lugar distinto. Donde més clara-
    mente se nos muestra la evitación de displacer como causa
    de estos fallos funcionales es en el olvido de impresiones
    y experiencias, circunstancia observada ya por autores
    preanalíticos. La memoria es harto parcial y presenta una
    gran disposición a excluir de la reproducción todas aque-
    llas impresiones a las que va unido un afecto penoso,
    aunque no siempre lo consiga.

    En otros casos, el análisis de un acto fallido resulta
    menos sencillo y conduce a soluciones menos transparen-
    tes, a causa de la intervención de un proceso al que damos
    el nombre de desplazamiento. Así, cuando olvi-
    damos el nombre de una persona contra la cual nada tene-
    mos, el análisis nos hace ver que dicho nombre ha desper-
    tado asociativamente el recuerdo de otra persona de
    nombre igual o semejante, que nos inspira disgusto. El ol-
    vido del nombre de la persona inocente ha sido consecuen-
    cia de tal relación, resultando así, que la intención de olvi-
    dar ha sufrido una especie de desplazamiento a lo largo de
    un determinado camino asociativo.

    La intención de evitar displacer no es la única causa
    de los actos fallidos. El análisis descubre en muchos ca-
    sos, otras tendencias, que habiendo sido reprimidas en
    la situación correspondiente, han tenido que manifestarse
    como perturbaciones de una función. Así, las equivo-
    caciones orales, delatan, muchas veces, pensamientos
    que el sujeto quería mantener ocultos a su interlocu-
    tor. Varios grandes poetas han comprendido este sen-
    tido de tales equivocaciones y las han empleado en sus
    obras. La pérdida de objetos valiosos resulta ser, muchas
    veces, un sacrificio encaminado a alejar una desgracia
    temida, no siendo ésta la única superstición que aún se
    impone a los hombres cultos, bajo la forma de un acto
    fallido. El extravío temporal de objetos no es, por lo co-
    min, sino la realización inconsciente del deseo de verlos

    m 7

  • S.

    PROF.Z.FKE»D

    desaparecer, y su rotura, la del de sustituirlos por otros
    mejores.

    La explicaciôn psicoanalitica de las funciones fallidas
    trae consigo, no obstante la insignificancia de estos fenó-
    menos, una cierta modificación de nuestra concepción del
    mundo. Hallamos, además, que el hombre normal apare-
    ce movido por tendencias contradictorias, con mucha ma-
    yor frecuencia de lo que sospechábamos. El número de
    acontecimientos a los que damos el nombre de «casuales»
    queda considerablemente limitado. En cierto modo, resul-
    ta consolador pensar que la pérdida de objetos no consti-
    tuye casi nunca una casualidad y que nuestra torpeza no
    es, muchas veces, sino un disfraz de intenciones ocultas.
    Mucha mayor importancia entraña el descubrimiento ana-
    lítico de una participación inconfesada de la propia volun-
    tad del sujeto, en numerosos accidentes graves; que de
    otro modo, hubieran sido adscritos a la casualidad. Este
    hallazgo de la psicoanálisis viene a hacer aún más espino-
    sa la diferenciación entre la muerte por accidente casual y
    el suicidio, tan difícil ya en la práctica.

    La explicación de los actos fallidos, presenta, desde
    luego, un innegable valor teórico, por la sencillez de la so-
    lución y la frecuencia de tales fenómenos en el hombre
    normal. Pero como resultado de la psicoanálisis, no es
    comparable en importancia, al obtenido en la aplicación
    de la misma a otro distinto fenómeno de la vida anímica
    de los hombres sanos. Me refiero a la interpretación de
    los sueños, con la cual comienza la psicoanálisis a
    situarse enfrente de la ciencia oficial. La investigación
    médica considera los sueños como un fenómeno puramen-
    te somático, desprovisto de todo sentido y significación,
    no viendo en ellos sino la reacción del órgano anímico
    dormido, a estímulos somáticos que le fuerzan a despertar
    parcialmente. La psicoanálisis, superando la singularidad,
    la incoherencia y el absurdo del fenómeno onírico, lo ele-

    — 984.

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    va a la categoría de un acto psíquico, que posee sentido e
    intención propios y ocupa un lugar en la vida anímica del
    individuo. Para ella, los estímulos somáticos no son sino
    uno de los materiales que la formación de los sueños ela-
    bora. Entre estas dos concepciones de los sueños, no hay
    acuerdo posible. En contra de la concepción fisiológica,
    testimonia su infertilidad. A favor de la psicoanalítica, pue-
    de aducirse el haber traducido con pleno sentido y aplica-
    do al descubrimiento de la más íntima vida anímica del
    hombre, millares de sueños.

    En un trabajo publicado en 1900, he tratado el importan-
    tísimo tema de la «interpretación de los sueños», teniendo
    luego la satisfacción de comprobar, que casi todos mis co-
    laboradores en la investigación psicoanalítica, han confir-
    mado y propulsado, con sus propias aportaciones, las teo-
    rías por mí iniciadas en el mismo (1). Hoy en día, se
    reconoce unánimemente que la interpretación de los sue-
    ños es la piedra angular de la labor psicoanalítica y que
    sus resultados constituyen la más importante aportación
    de la psicoanálisis a la psicología.

    No me es posible exponer aquí la técnica por medio
    de la cual se llega a la interpretación de los sueños, ni
    tampoco fundamentar los resultados a los que ha conduci-
    do la elaboración psicoanalítica de los mismos. Habré,
    pues, de limitarme a señalar algunos nuevos conceptos,
    comunicar los resultados analíticos y acentuar su impor-
    tancia para la psicología normal.

    Así, pues, la psicoanálisis nos enseña lo siguiente:
    Todo sueño posee un sentido; su singularidad procede de
    las deformaciones que ha sufrido la expresión del mismo;
    su absurdo es intencionado y expresa la burla, el insul-

    (1) «La interpretación de los sueños». Tomos VI y VII de estas
    obras completas. Véase también, en el tomo II, el trabajo titulado
    «Introducción al estudio de los sueños».

    gg —

  • S.

    ‎OU D‏ ס אאא

    ‎to y la contradicciön; su incoherencia es indiferente para
    la interpretaciön. Lo que del suefio recordamos al desper-
    tar no es sino su contenido manifiesto. Aplicando a este
    contenido manifiesto la técnica interpretadora, llegamos a
    las ideas latentes que se esconden deträs de él, confiåndo-
    le su representacion. Estas ideas latentes no son ya sin-
    gulares, incoherentes ni absurdas, sino elementos plena-
    mente significativos de nuestro pensamiento despierto.
    El proceso que ha transformado las ideas latentes del sue-
    ño en el contenido manifiesto del mismo es designado por
    nosotros con el nombre de elaboración del sueño y
    es el que lleva a cabo la deformación a consecuencia de
    la cual, no reconocemos ya en el contenido del sueño las
    ideas del mismo.

    ‎La elaboración onírica es un proceso de un orden des-
    conocido antes en psicología y presenta un doble inte-
    rés. En primer lugar, nos descubre procesos nuevos, tales
    como la condensación (de representaciones) y el
    desplazamiento (del acento psíquico desde una
    representación a otra), que no hemos hallado en el pen-
    samiento despierto o sólo como base de los llamados erro-
    res mentales. Pero además, nos permite adivinar en la
    vida anímica, un dinamismo, cuya acción permanecía ocul-
    ta a nuestra percepción consciente. Advertimos que exis-
    te en nosotros una censura, una instancia examina-
    -dora que decide si una representación emergente debe o
    no llegar a la conciencia y excluye inexorablemente, den-
    tro de su radio de acción, todo lo que puede producir dis-
    placer o despertarlo de nuevo. Recordaremos que tanto de
    esta tendencia a evitar el displacer provocado por el re-
    cuerdo, como de los conflictos surgidos entre las tenden-
    cias de la vida anímica, encontramos ya indicios en el
    análisis de las funciones fallidas.

    ‎El estudio de la elaboración de los sueños nos impone
    una concepción de la vida psíquica, que parece resolver

    ‎100 ==

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    las cuestiones más discutidas de la psicologia. La elabo-
    racion onitica nos obliga a suponer la existencia de una
    actividad psiquica inconsciente, mas amplia e im-
    portante que la enlazada a la conciencia y ya conocida y
    explorada. (Sobre este punto retornaremos al ocuparnos
    del interés filosófico de la psicoanálisis.) Asimismo, nos
    permite llevar a cabo una articulación del aparato psíquico
    en varias instancias o sistemas, y demuestra que en el
    sistema de la actividad anímica inconsciente, se desarro-
    llan procesos de naturaleza muy distinta a la de los que
    son percibidos en la conciencia.

    La función de la elaboración onírica no es sino la de
    mantener el estado de reposo. «El sueño (fenómeno oní-
    rico) es el guardián del estado de reposo». Por su parte,
    las ideas del sueño pueden hallarse al servicio de las más
    diversas funciones anímicas. La elaboración onírica cum-
    ple su cometido, representando realizado, en forma aluci-
    natoria, un deseo emergente de las ideas del sueño.

    Puede decirse sin temores, que el estudio psicoanalí-
    tico de los sueños ha procurado la primera visión de una
    psicología abismal o psicología de lo inconsciente no sos-
    pechada hasta ahora (1). La psicología normal habrá, pues,
    de sufrir modificaciones fundamentales para armonizarse
    con estos nuevos conocimientos.

    No nos es posible llevar a cabo, dentro de los límites
    de este trabajo, una exposición completa del interés psico-
    lógico de la interpretación de los sueños. Dejando bien
    afirmado que los sueños son un fenómeno pleno de sen-
    tido, y como tal, objeto de la psicología, pa-
    saremos a ocuparnos de los descubrimientos aportados a
    la psicología, por la psicoanálisis, en el terreno patoló-
    gico.

    (1) La psicoanálisis rechaza, hasta ahora, la referencia de esta
    tópica psíquica a una situación anatómica o a una estratificación his-
    tológica.

    — SOLA

  • S.

    PETRO ÖVE ‏ה‎ ом Bo RONEN «D

    Si las novedades psicolôgicas deducidas del estudio de
    los sueños y de las funciones fallidas poseen existencia y
    valor reales, habrån de ayudarnos a la explicacién de otros
    fenómenos. Así sucede en efecto, y la psicoanálisis ha
    demostrado que las hipótesis de la actividad anímica in-
    consciente, la censura y la represión, la deformación y la
    producción de sustitutivos, deducidas del análisis de aque-
    llos fenómenos normales, nos facilitan, por vez primera, la
    comprensión de toda una serie de fenómenos patológicos,
    proporcionándonos, por decirlo así, la clave de todos los
    enigmas de la psicología de las neurosis. Los sueños se
    constituyen, de este modo, en prototipo normal de todos
    los productos psicopatológicos, y su comprensión nos
    descubre los mecanismos psíquicos de las neurosis y psi-
    cosis.

    Partiendo de sus investigaciones sobre los sueños, ha
    podido edificar la psicoanálisis una psicología de las neu-
    rosis, que una continuada labor va haciendo cada vez más
    completa. Para la demostración aquí intentada del interés
    psicológico de nuestra disciplina, sólo precisamos tratar
    con cierta amplitud, dos puntos de aquel magno conjunto:
    La demostración de que muchos fenómenos de la patolo-
    gía, que se creía deber explicar fisiológicamente, son ac-
    tos psíquicos, y la de que los procesos que producen los
    resultados anormales pueden ser atribuídos a fuerzas mo-
    toras psíquicas.

    Aclararemos la primera de estas afirmaciones con al-
    gunos ejemplos. Los ataques histéricos han sido recono-
    cidos, hace ya mucho tiempo, como signos de una elevada
    excitación emotiva y equiparados a las explosiones de
    afecto. Charcot intentó encerrar la diversidad de sus for-
    mas en fórmulas descriptivas. P. Janet descubrió la repre-
    sentación inconsciente que actúa detrás de estos ataques.
    La psicoanálisis ha visto en ellos, representaciones mími-
    cas de escenas vividas o fantaseadas, que ocupan la ima-

    Ed

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    ginaciôn del enfermo, sin que el mismo tenga conciencia
    de ellas. El sentido de tales pantomimas queda velado a
    los ojos del espectador por medio de condensaciones y
    deformaciones de los actos representados. Este punto de
    vista resulta aplicable a todos los demås sintomas tipicos
    de los enfermos. histéricos. Todos ellos son, en efecto, re-
    presentaciones mimicas o alucinatorias, de fantasias que
    dominan inconscientemente su vida emotiva, y significan
    una satisfaccion de secretos deseos reprimidos. El caräc-
    ter atormentador de estos sintomas procede del conflicto
    interior provocado en la vida animica de tales enfermos,
    por la necesidad de combatir dichos impulsos optativos in-
    conscientes.

    En otra afecciôn neur⑥tica 一 la neurosis obsesiva—que-
    dan sujetos los pacientes a la penosa ejecúción de un ce-
    remonial sin sentido aparente, constituído por la repetición
    de actos totalmente indiferentes, tales como los de lavar-
    se o vestirse, la obediencia a preceptos insensatos o la
    observación de misteriosas prohibiciones. Para la labor
    psicoanalítica, constituyó un triunfo llegar a demostrar que
    todos estos actos obsesivos, hasta los más insignificantes,
    poseen pleno sentido y reflejan por medio de un material
    indiferente, los conflictos de la vida, la lucha entre las
    tentaciones y las coerciones morales, el mismo deseo re-
    chazado y los castigos y penitencias con los que se quie-
    re compensar. En otra distinta forma de la misma enfer-
    medad, padece el sujeto ideas penosas, representaciones
    obsesivas, cuyo contenido se le impone imperiosamente,
    acompañadas de afectos cuya naturaleza e intensidad no
    corresponde casi nunca al contenido de las ideas obsesi-
    vas. La investigación analítica ha demostrado aqui, que
    tales afectos se hallan perfectamente justificados, corres-
    pondiendo a reproches basados, por lo menos, en una
    realidad psíquica. Pero las ideas adscritas a di-
    chos afectos no son ya las primitivas, sino otras distintas,

    — 105 —

  • S.

    BO VAR a o REN J な

    enlazadas a ellos por un desplazamiento (substituciôn) de
    algo reprimido. La reduccion de estos desplazamientos
    abre el camino hasta el conocimiento de las ideas repri-
    midas y nos demuestra que el enlace del afecto y la re-
    presentaciôn es perfectamente adecuado.

    En otra afecciôn nerviosa, la incurable demencia pre-
    coz (parafrenia, esquizofrenia), en la cual los enfermos
    muestran una absoluta indiferencia, hallamos frecuente-
    mente, como únicos actos, ciertos movimientos y gestos,
    uniformemente repetidos, a los que se ha dado el nombre
    de «estereotipias». La investigación analítica de tales ac-
    tos (llevada a cabo рог С. G. Jung), ha permitido recono-
    cer en ellos, residuos de actos mimicos plenos de sentido,
    por medio de los cuales se creaban antes una expresión,
    los impulsos optativos que dominaban al sujeto. La apli-
    cación de las hipótesis analíticas a los discursos más ab-
    surdos y a las actitudes y gestos más singulares de estos
    enfermos, ha permitido su comprensión y su integración
    en la vida anímica conjunta del sujeto.

    Análogamente sucede con los delirios, alucinaciones y
    sistemas delirantes de otros diversos enfermos mentales.
    Allí donde parecía reinar la más singular arbitrariedad, ha
    descubierto la labor psicoanalítica una norma, un orden y
    una coherencia. Las más diversas formas patológicas psí-
    quicas han sido reconocidas como resultados de procesos
    idénticos en el fondo, susceptibles de ser aprehendidos y
    descritos por medio de conceptos psicológicos. En todas
    partes, hallamos la actuación del conflicto psíqui-
    co descubierto en la elaboración de los sueños; la re-
    presión de determinados impulsos instintivos, recha-
    zados a lo inconsciente por otras fuerzas psíquicas; los
    productos reactivos de las fuerzas represoras y
    los productos sustitutivos de las fuerzas re-
    primidas, pero no despojadas totalmente de su energia. |
    Por todas partes también, encontramos en estos procesos,

    — 104 —

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    aquellos otros—la condensación y el desplazamiento—que
    nos fueron dados a conocer por el estudio de los suefios.
    La diversidad de las formas patológicas observadas en la
    clínica de psiquiatría depende de otros dos factores: de la
    _ multiplicidad de los mecanismos psíquicos de que dispone
    la labor de la represión y de la multiplicidad de las dispo-
    siciones histórico-evolutivas que permiten a los impulsos
    reprimidos, llegar a constituirse en productos sustitutivos.

    Una buena mitad de la labor psiquiátrica es encomen-
    dada por la psicoanálisis, a la psicología. Pero constituirá
    un grave error suponer que el análisis aspira a una con-
    cepción puramente psicológica de las perturbaciones ani-
    micas. No puede desconocer, que la otra mitad de la labor
    psiquiátrica, tiene por contenido la influencia de factores
    orgánicos (mecánicos, tóxicos, infecciosos) sobre el apa-
    rato anímico. En la etiología de los trastornos psíquicos,
    no admite, ni aun para los más leves, como lo son las
    neurosis, un origen puramente psicógeno, sino que busca
    su motivación en la influenciación de la vida anímica por
    un elemento, indudablemente orgánico, del que más ade-
    lante trataremos.

    Los resultados psicoanalíticos susceptibles de alcanzar
    una importante significación para la psicología general son
    demasiado numerosos para que podamos detallarlos en
    este breve trabajo. Unicamente citaremos, sin detenernos
    en su examen, dos puntos determinados: El modo inequí-
    voco en que la psicoanálisis reclama, para los procesos
    afectivos, la primacía en la vida anímica, y su demostra-
    ción de que en el hombre normal, se da, lo mismo que en

    el enfermo, una insospechada perturbación y obnubila-
    ción afectiva del intelecto.

    e e

  • S.

    I

    El interés de la psicoanálisis para las cien-
    cias no psicológicas

    A) Interés filolögico.

    Al postular el interés filológico de la psicoanálisis, voy,
    seguramente, más 8118 de la significaciôn usual de la pala-
    bra «filologia», o sea «ciencia del lenguaje», pues bajo el
    concepto de lenguaje no me refiero tan sólo a la expre-
    sión de pensamientos en palabras, sino también al lengua-
    je de los gestos y a todas las demás formas de expresión
    de la actividad anímica, como, por ejemplo, la escritura.
    Ha de tenerse en cuenta, que las interpretaciones de la
    psicoanálisis son, en primer lugar, traducciones de una for-
    ma expresiva extraña a nosotros, a otra familiar a nuestro
    pensamiento. Cuando interpretamos un sueño, no hace-
    mos sino traducir del «lenguaje del sueño», al de nuestra
    vida despierta, un cierto contenido mental (las ideas laten-
    tes del sueño). Al efectuar esta labor, aprendemos a co-
    nocer las peculiaridades de aquel lenguaje onírico, y
    experimentamos la impresión de que pertenece a un siste-
    ma de expresión altamente arcaico. Así, se observa que
    la negación no encuentra jamás, en él, una expresión es-
    pecial directa, y que un mismo elemento sirve de repre-
    sentación a ideas antitéticas. O dicho de otro modo: En el
    lenguaje de los sueños, [los conceptos son todavía ambi-

    — 106 —

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    valentes; reunen en si, significaciones opuestas, condicién
    que, según las hipótesis de los filólogos, presentaban
    también las más antiguas raíces de las lenguas históri-
    cas (1). Otro carácter singular de nuestro lenguaje oníri-
    co, es el frecuentísimo empleo de símbolos, circunstancia
    que permite en una cierta medida, una traducción del
    contenido del sueño, sin el auxilio de las asociaciones
    individuales. La esencia de estos símbolos no ha sido aún
    totalmente aprehendida por la investigación; trátase de
    sustituciones y comparaciones, basadas. en analogías cla-
    ramente visibles en algunos casos, mientras que en otros,
    escapa por completo a nuestra percepción consciente el
    sospechado «tertium comparationis». Estos últimos sim-
    bolos serían precisamente los que habrían de proceder de
    las fases más primitivas del desarrollo del lenguaje y de la
    formación de conceptos. En el sueño, son predominante-
    mente los órganos y las funciones sexuales lo que experi-
    menta una representación simbólica en vez de directa. El
    filólogo Hans Sperber, de Upsala, ha intentado probar en
    un reciente trabajo, que aquellas palabras que designaban
    primitivamente actividades sexuales, han experimentado,
    merced a tales procesos comparativos, numerosos cam-
    bios de sentido (2).

    Teniendo en cuenta que los medios de representación
    del sueño son principalmente imágenes visuales, y no pa-
    labras, habremos de equipararlo más adecuadamente a un
    sistema de escritura que a un lenguaje. En realidad, la in-
    terpretación de un sueño es una labor totalmente análoga
    a la de descifrar una antigua escritura figurada, como la de
    los jeroglíficos egipcios. En ambos casos, hallamos ele-
    mentos no destinados a la interpretación o, respectiva-

    (1) Abel, «Sentido contradictorio de las palabras primitivas».
    (Ueber den Gegensinn der Urworte).

    (2) «La influencia de los factores sexuales en la génesis y la
    evolución del lenguaje». {Imago I, 1912).

    ー ⑩⑦ 一

  • S.

    La

    ПРАГ CO GE ENT EAU SR AED

    mente, a la lectura, sino a facilitar, en calidad de determi-
    nativos, la comprensión de otros elementos. La múltiple
    significación de diversos elementos del sueño encuentra
    también su reflejo en estos antiguos sistemas gráficos,
    lo mismo que la omisión de ciertas relaciones, que en
    uno y otro caso, han de ser deducidas del contexto. Si
    una tal concepción de la representación del sueño no ha
    sido aún ampliamente desarrollada, ha sido tan sólo por-
    que el psicoanalítico carece de aquellos conocimientos que
    el filólogo podría aplicar a un tema como el de los sueños.

    Puede decirse que el lenguaje de los sueños es la
    forma expresiva de la actividad anímica inconsciente. Pero
    lo inconsciente habla más de un solo dialecto. Entre las
    variadas condiciones psicológicas que caracterizan y dife-
    rencian entre sí las distintas formas de neurosis, hallamos
    también constantes cambios de la expresión de los impul-
    sos anímicos inconscientes. Mientras que el lenguaje mi-
    mico de la histeria coincide por completo con el lenguaje
    figurado de los sueños, las visiones, etc., tropezamos, en
    cambio, con productos idiomáticos especiales para el len-
    guaje ideológico de la neurosis obsesiva y de las parafre-
    nias (demencia precoz y paranoia), productos que en toda
    una serie de casos podemos ya comprender y relacionar
    entre sí. Aquello que una histérica representa por medio
    de vómitos, se exteriorizará en las enfermas de neu-
    rosis obsesiva, por medio de penosas medidas preventi-
    vas contra la infección, y en las parafrénicas, por
    medio de la acusación o la sospecha de que se trata de
    envenenarlas. Lo que así encuentra tan diversa
    expresión, no es sino el deseo reprimido y rechazado a
    lo inconsciente, de engendrar en su seno un
    hijo, o correlativamente, la defensa de la paciente
    contra tal deseo.

    = 108 eo

  • S.

    \

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    B) Interés filosôfico.

    En cuanto la filosofia tiene como base la psicologia,
    habrå de atender ampliamente a las aportaciones psico-
    analiticas a dicha ciencia y reaccionar a este nuevo incre-
    mento de nuestros conocimientos como viene reaccionando
    a todos los progresos importantes de las ciencias especia-
    les. El descubrimiento de las actividades animicas incons-
    cientes ha de obligar muy especialmente a la filosofia a
    tomar su partido, y en el caso de inclinarse del lado de la
    psicoanålisis, a modificar sus hipôtesis sobre la relaciôn
    entre lo psíquico y lo físico, hasta que correspondan a los
    nuevos descubrimientos. Los filósofos se han ocupado,
    desde luego, repetidamente, del problema de lo incons-
    ciente, pero adoptando en general—salvo contadas ex-
    cepciones—uno de las dos posiciones siguientes: O han
    considerado lo inconsciente como algo místico, inaprehen-
    sible e indemostrable, cuya relación con lo anímico per-
    manecía en la obscuridad, o han identificado lo psíquico
    con lo consciente, deduciendo luego, de esta definición,
    que algo que era inconsciente no podía ser psíquico, ni
    por lo tanto, objeto de la psicología. Estas actitudes pro-
    ceden de haber enjuiciado los filósofos lo inconsciente sin
    conocer antes los fenómenos de la actividad anímica in-
    consciente, y en consecuencia, sin sospechar su extraor-
    dinaria afinidad con los fenómenos conscientes, ni los ca-
    racteres que de ellos los diferencian. Si después de
    adquirir un tal conocimiento de los fenómenos inconscien-
    tes mantiene aún alguien la identificación de lo consciente
    con lo psíquico, y niega, por lo tanto, a lo inconsciente,
    todo carácter anímico, no habremos ya de objetarle sino
    que tal diferenciación no tiene nada de práctica, toda vez
    que partiendo de su íntima relación con lo consciente, re-
    sulta fácil describir lo inconsciente y seguir sus desarro-

    = 109 で

  • S.

    SRR RO ‏ה תה‎ ale RES TA UC ЈЕНИ И o

    llos, cosa imposible de conseguir, por lo menos hasta
    ahora, partiendo del proceso físico. Lo inconsciente debe,
    pues, permanecer siendo considerado como objeto de la
    psicología.

    Todavía existe otro aspecto desde el cual puede la
    filosofía recibir el impulso de la psicoanálisis, y es pasan-
    do a ser objeto de la misma. Los sistemas y teorías filo-
    sóficos son obra de un limitado número de personas de in-
    dividualidad sobresaliente, y la filosofía es la disciplina en
    la que mayor papel desempeña la personalidad del hom-
    bre de ciencia. Ahora bien; la psicoanálisis nos permite
    dar una psicografía de la personalidad (véase luego su in-
    terés sociológico). Nos enseña a conocer las unidades
    afectivas—los complejos dependientes de los instintos—
    que hemos de presuponer en todo individuo y nos inicia
    en el estudio de las transformaciones y los resultados
    finales generados por estas fuerzas instintivas. Descubre
    las relaciones existentes entre las disposiciones constitu-
    cionales de la persona, sus destinos y los rendimientos
    que puede alcanzar merced a dotes especiales. Ante la
    obra artística, le es posible adivinar, con más 0 menos se-
    guridad, la personalidad que tras de ella se esconde, y de
    este modo, puede descubrir la motivación subjetiva e in-
    dividual de las teorías filosóficas, surgidas de una labor
    lógica imparcial, y señalar a la crítica los puntos débiles
    del sistema. Esta crítica no es ya cometido de la psico-
    análisis, pues naturalmente, la determinación psicológica
    de una teoría no excluye su corrección científica.

    C) Interés biológico.

    La psicoanálisis no ha tenido, como otras jóvenes cien-
    cias, la suerte de ser acogida con un esperanzado interés
    por parte de aquellos a quienes preocupan los progresos
    del conocimiento. Durante mucho tiempo, se le negó toda

    ー ⑪0 一

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    atenciôn y cuando no fué ya posible desoirla, los que se
    habian tomado el trabajo de someterla a un detenido en-
    juiciamiento la hicieron objeto de una violenta hostilidad,
    dependiente de razones afectivas. La causa de tan contra-
    ria acogida ha sido el descubrimiento hecho por nuestra
    disciplina en sus primeros objetos de investigaciôn, de
    que las enfermedades nerviosas eran la expresiôn de un
    trastorno de la funciôn sexual, descubrimiento
    que la condujo a consagrarse a investigar dicha funciôn,
    tanto tiempo desatendida. Ahora bien; quienquiera que se
    mantenga fiel al principio de que los juicios cientificos no
    deben sufrir la influencia de las actitudes afectivas, habrå
    de reconocer a esta orientaciôn investigadora de la psi-
    coanálisis, un alto interés biológico, viendo en las resis-
    tencias a ella opuestas, una nueva prueba de sus afirma-
    ciones.

    La psicoanálisis ha hecho justicia a la función sexual
    humana, investigando minuciosamente su extraordinaria
    importancia” para la vida anímica y práctica, importancia
    señalada ya por muchos poetas y algunos filósofos, pero
    jamás reconocida por la ciencia. Tal investigación exigía,
    como premisa, una ampliación del concepto de la sexuali-
    dad, indebidamente restringido, justificada por determina-
    das transgresiones sexuales (las llamadas perversiones)
    y por la conducta del niño. Se demostró imposible seguir
    afirmando la asexualidad de la infancia hasta la repen-
    tina eclosión de los impulsos sexuales en la época de
    la pubertad. Una observación imparcial y libre de prejui-
    cios probó, por el contrario, sin dificultad, que el sujeto
    humano infantil entraña intereses y actividades sexuales
    en todos los períodos de esta época de su existencia y
    desde el principio de la misma. La importancia de esta
    sexualidad infantil no queda disminuida por el hecho de
    no ser posible trazar con plena seguridad su contorno,
    diferenciándola en todos sus puntos de la actividad asexual

    ~~ 111 ~~

  • S.

    PPOF.I.PPEUD

    del nifio. Ha de tenerse en cuenta, que se trata de algo
    muy distinto de la sexualidad llamada «normal», del adulto.
    Su contenido entrafia los gérmenes de todas aquellas acti-
    vidades sexuales que oponemos luego, en calidad de per-
    versiones, a la vida sexual normal, pareciéndonos incom-
    prensibles y viciosas. De la sexualidad infantil, surge la
    normal del adulto a través de una serie de procesos evo-
    lutivos, asociaciones, disociaciones y represiones, que
    jamås se desarrollan de un modo idealmente perfecto y
    dejan tras de si, a consecuencia de tal imperfecciôn, dis-
    posiciones a una regresién de la funcién, en estados pato-
    lógicos.

    La sexualidad infantil posee otras dos cualidades muy
    interesantes biológicamente. Se muestra compuesta por
    una serie de instintos parciales ligados a determinadas re-
    giones del soma—zonas erógenas—, algunas de las cuales
    surgen desde un principio formando pares antitéticos,
    esto es, como instintos con fin activo y pasivo. Del mismo
    modo que en los posteriores estados de apetencia sexual,
    no son meramente los órganos sexuales de la persona
    amada, sino todo su cuerpo, lo que se constituye en obje-
    to sexual, resultan ser en el niño, puntos de origen de ex-
    citación sexual y de producción de placer sexual ante un
    estímulo adecuado, no sólo los genitales, sino también
    otras distintas partes del soma. Estrechamente enlazado
    a éste, hallamos el segundo carácter peculiar de la sexua-
    lidad infantil—su aposición inicial a las funciones encami-
    nadas a la conservación, tales como la ingestión de ali-
    mentos, la excreción y probablemente también, la iner-
    vación muscular y la actividad sensorial.

    Al estudiar, con auxilio de la psicoanálisis, la sexuali-
    dad del adulto y observar a la luz de los conocimientos
    así adquiridos, la vida del niño, no se nos muestra ya la
    sexualidad como una función encaminada tan sólo a la re-
    producción y equivalente a las funciones digestiva, respi-

    っ ト # ー

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    ratoria, etc., sino como algo mucho más independiente,
    opuesto más bien a todas las demás actividades del indi-
    viduo y que sólo por una complicada evolución, muy rica
    en restricciones, es forzado a entrar en la liga de la eco-"
    nomía individual. El caso teóricamente muy posible de
    que los intereses de estas tendencias sexuales no coinci-
    dan con los de la conservación individual, aparece reali-
    zado en el grupo patológico de las neurosis, pues la última
    fórmula en que la psicoanálisis ha concretado la esencia
    de las neurosis afirma que el conflicto original del que
    surgen las neurosis, es el nacido entre los instintos con-
    servadores del Yo y los instintos sexuales. Las neurosis
    corresponden a un vencimiento más o menos parcial del
    Yo por la sexualidad, después de haber fracasado al Yo su
    tentativa de dominar la sexualidad.

    Durante nuestra labor psicoanalítica, hemos creído ne-
    cesario mantenernos alejados de los puntos de vista bio- |
    lógicos y no utilizarlos tampoco para fines eurísticos, con
    el fin de evitar errores en la apreciación imparcial de los
    resultados analíticos. Pero una vez terminada dicha labor,
    habremos de buscar su confirmación biológica y nos satis-
    face verla conseguida en varios puntos esenciales. La an-
    títesis entre los instintos del Yo y el instinto sexual, ala
    que hubimos de referir la génesis de las neurosis, se pro-
    longa al terreno biológico, como antítesis entre los ins-
    tintos encaminados a la conservación del individuo y otros
    puestos al servicio de la continuación de la especie. En
    la biología, tropezamos con la idea, más amplia, del
    plasma germinativo inmortal, del que dependen, como ór-
    ganos sucesivamente desarrollados, los individuos pe-
    recederos, idea que nos facilita, por fin, la exacta com-
    prensión del papel desempeñado por las fuerzas instin-
    tivas sexuales en la fisiología y la psicología del ser
    individual.

    A pesar de nuestros esfuerzos por evitar en nuestra

    ~ 118 ~~ 8

  • S.

    PPOF.Z.FPE»D

    labor psicoanalítica, términos y puntos de vista biológicos,
    no podemos por menos de emplearlos ya en la descrip-
    ción de los fenómenos por nosotros estudiados. El con-
    | cepto de «instinto» se nos impone como concepto limite
    entre las concepciones psicológica y biológica, y hablamos
    de cualidades y tendencias anímicas «masculinas» y «fe-
    meninas», aunque las diferencias de sexo no pueden aspi-
    rar en realidad a una característica psíquica especial.
    Aquello que en la vida llamamos masculino o femenino
    se redúce, para la consideración psicológica, a los ca-
    racteres de actividad y pasividad, esto es, a cualidades
    que no pueden atribuirse a los instintos mismos, sino a
    sus fines. En la constante comunidad de tales instintos
    «activos» y «pasivos» en la vida anímica, se refleja la
    bisexualidad de los individuos, premisa clínica de la psi-
    coanálisis.
    Me satisfará haber logrado llamar la atención, con
    estas consideraciones, sobre la amplia mediación que la
    psicoanálisis establece entre la biología y la psicología.

    D) El interés de la psicoanálisis para
    la historia de la evolución.

    No todo análisis de fenómenos psicológicos merece el
    nombre de psicoanálisis. Esta última significa algo más
    que la descomposición de fenómenos compuestos, en otros
    más simples; consiste en una reducción de un producto
    psíquico a otros que le han precedido en el tiempo y de
    los cuales se ha desarrollado. El método médico psicoana- ~
    lítico no conseguiría suprimir un solo síntoma patológico
    si no investigara su génesis y su desarrollo, y de este
    modo, la psicoanálisis hubo de orientarse desde un princi-
    pio, hacia la investigación de procesos evolutivos. Así,
    descubrió primero la génesis de los síntomas neuróticos y

    — 114 —

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    en su ulterior progreso, hubo de ampliar su radio de ac-
    ciôn a otros productos psiquicos y realizar con ellos la
    labor de una psicologia genética.

    La psicoanálisis se ha visto obligada a deducir la vida
    anímica del adulto, de la del niño, dando así razón a la afir-
    mación de que el niño es el padre del hombre. Ha perse-
    guido la continuidad de la psique infantil con la del adulto,
    pero también las transformacicnes y alteraciones que en
    tal trayectoria tienen efecto. La memoria de la mayor par-
    te de los hombres presenta una laguna en lo que se refie-
    re a los primeros años de su vida infantil, de la cual sólo
    conservamos algunos recuerdos fragmentarios. Puede afir-
    marse que la psicoanálisis ha llenado tal laguna, supri-
    miendo esta amnesia infantil de los hombres. (Cf. el inte-
    rés pedagógico.)

    Al profundizar en la vida anímica infantil, hemos reali-
    zado algunos singulares descubrimientos. Así, pudimos
    confirmar algo ya sospechado, la extraordinaria importan-
    cia que para toda la ulterior orientación del hombre tienen
    las impresiones de su infancia, y muy especialmente las
    recibidas en sus primeros años. Tropezamos aquí con una
    paradoja psicológica, que sólo deja de serlo para la con-
    cepción psicoanalítica, pues resulta que tales impresiones,
    de máxima importancia, no aparecen contenidas en la me-
    moria, en los años ulteriores. Pero precisamente en lo que
    respecta a la vida sexual ha sido donde la psicoanálisis ha
    logrado fijar, con más precisa claridad, la ejemplaridad e
    indelebilidad de los más tempranos sucesos de la vida hu-
    mana. El «on revient toujours à ses premiers amours» no
    es sino una tímida verdad. Los múltiples enigmas de la
    vida erótica del adulto no se resuelven sino teniendo en
    cuenta los factores infantiles del amor. Para la teoría de
    estos efectos, ha de tenerse en cuenta, que las primeras
    experiencias infantiles del individuo no son fruto único del
    azar, sino que corresponden también a las primeras acti-

    ー 115 —

  • S.

    PROF. M PUB ‏ו‎ D

    vidades de las disposiciones instintivas constitucionales
    con que ha venido al mundo.

    Otro de nuestros descubrimientos més sorprendentes
    fué el de que, a pesar de la ulterior evoluciôn, ninguno de
    los productos psiquicos infantiles ha sucumbido en el adul-
    to. Todos los deseos, impulsos instintivos, modos de
    reacciôn y disposiciones del niño, subsisten en el adulto,
    y pueden volver a emerger, bajo constelaciones adecua-
    das. No han quedado destruidos, sino simplemente sepul-
    tados por la superposicion de otros estratos psiquicos.
    Constituye, asi, un caräcter particular del pretérito animi-
    co, el no ser devorado por sus propias secuelas, como el
    pasado histórico. Por el contrario, subsiste al lado de
    aquello que de él ha surgido, en una simultaneidad, bien
    meramente virtual, bien por completo real. Prueba de esta
    afirmaciôn es que los suefios del hombre normal reavivan,
    todas las noches, su caråcter infantil y retrotraen toda su
    vida anfmica a un grado infantil. Esta misma regresion al
    infantilismo psiquico tiene efecto también en las neurosis
    y psicosis, cuyas singularidades han de ser descritas, en
    su gran mayoria, como arcaismos psiquicos. La energfa
    que los restos infantiles hayan conservado en la vida ani-
    mica nos da la medida de la disposiciôn a la enfermedad,
    pasando ésta a constituir, asf, para nosotros, la expresiôn
    de una coerciôn del desarrollo. Aquello que en el material
    psiquico del hombre ha permanecido infantil y se halla re-
    primido como inutilizable, constituye el nódulo de su in-
    consciente, y creemos poder seguir en la historia de la
    vida de nuestros pacientes, cómo este inconsciente, rete-
    nido por las fuerzas represoras, espía el momento de en-
    trar en actividad y aprovecha las ocasiones que para ello
    se le presentan, cuando las formaciones psíquicas poste-
    riores y más elevadas no consiguen dominar las dificulta-
    des del mundo real.

    En los últimos años, ha caído la psicoanálisis en que el

    M

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    principio de que «la ontogenia es una repeticiôn de la filo-
    genia» podia ser también aplicable a la vida animica (1), y
    de esta reflexi6n ha surgido una nueva ampliacion del in-
    terés de nuestra disciplina.

    E) El interés de la psicoanálisis para la
    historia de la civilización.

    La comparación de la infancia del individuo con la his-
    toria primitiva de los pueblos se ha demostrado muy fruc-
    tífera bajo distintos aspectos, no obstante tratarse de una
    labor científica apenas comenzada. La concepción psico-
    analítica viene a constituir aquí un nuevo instrumento de
    trabajo. La aplicación de sus hipótesis a la psicología de
    los pueblos permite plantear nuevos problemas y contem-
    plar a una nueva luz los ya investigados, cooperando a su
    solución.

    En primer lugar, parece muy posible aplicar la concep-
    ción psicoanalítica obtenida en el estudio de los sueños, a
    los productos de la fantasía de los pueblos, tales como los
    mitos y las fábulas (2). Hace ya tiempo que se labora en
    la interpretación de tales productos, sospechándose que
    entrañan un «sentido oculto», encubierto por diversas
    transformaciones y modificaciones. La psicoanálisis apor-
    ta a esta labor la experiencia extraída de su investigación
    de los sueños y de las neurosis, mediante la cual ha de
    serle posible descubrir los caminos técnicos de tales de-
    formaciones. Pero, además, puede revelar en toda una se-
    rie de casos, los motivos ocultos que han desviado al mito,
    de su sentido original. No ve el primer impulso a la forma-
    ción de mitos, en una necesidad teórica de explicación de
    los fenómenos naturales o de justificación de preceptos

    (1) Abraham, Spielrein, Jung.
    (2) Abraham, Rank, Jung.

    ー 117 一

  • S.

    BEL mou AVA, NONE 媒 ? | ‏חס‎ 44 m

    culturales o usos devenidos incomprensibles, sino que lo
    busca en aquellos mismos «complejos» psiquicos y en
    aquellas mismas tendencias afectivas, cuya existencia
    hubo de comprobar como base de los suefios y de la for-
    maciôn de sintomas. P

    Esta misma transferencia de sus puntos de vista, hipó-
    tesis y conocimientos, capacita a la psicoanálisis para
    arrojar luz vivísima sobre los orígenes de nuestras gran-
    des instituciones culturales, tales como la religión, la
    moral, el derecho y la filosofía (1). Investigando aquellas
    primitivas situaciones psicológicas en las que pudo surgir
    el impulso a tales creaciones, se le hace posible rechazar
    alguna tentativa de explicación basada en una provisiona-
    lidad psicológica, y sustituirla por una visión más profunda.

    La psicoanálisis establece una íntima relación entre
    todos estos rendimientos del individuo y de las colectivi-
    dades, al postular para ambos la misma fuente dinámica.
    Parte de la idea fundamental de que la función capital del
    mecanismo psíquico es descargar el ser, de las tensiones
    generadas en él por las necesidades. Una parte de esta
    labor se soluciona por medio de la satisfacción extraída
    del mundo exterior, y para este fin, se hace preciso el do-
    minio del mundo real. Pero otra parte de tales necesida-
    des, y entre ellas, esencialmente, ciertas tendencias afec-
    tivas, se ve siempre negada por la realidad toda satisfac-
    ción. Esta circunstancia da origen a la segunda parte de
    la labor antes indicada, consistente en procürar a las ten-
    dencias insatisfechas, una distinta descarga. Toda la histo-
    ria de la civilización es una exposición de los caminos que
    emprenden los hombres para dominar sus deseos insatisfe-
    chos, según las exigencias de la realidad y las modifica-
    ciones en ella introducidas por los progresos técnicos.

    (1) Jung, Wandlungen und Symbole der Libido, 1912. Freud,
    «Totem y tabú», tomo VIII de estas obras completas.

    ま ns

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    La investigación de los pueblos primitivos nos mues-
    tra a los hombres entregados, en un principio, a una fe in-
    fantil en la omnipotencia (1) y nos proporciona la explica-
    ción de toda una serie de productos animicos, revelåndolos
    como esfuerzos encaminados a negar los fracasos de tal
    omnipotencia y a mantener asi, a la realidad, lejos de toda
    influencia sobre la vida afectiva, en tanto no es posible do-
    minarla mejor y atilizarla para la satistacci6n. El principio
    de la evitación de displacer rige la actividad humana hasta
    que es sustitaido por el de la adaptación al mundo exte-
    rior, mucho mas conveniente al individuo. Paralelamente
    al dominio progresivo del hombre sobre el mundo exte-
    rior, se desarrolla una evolución de su concepción del uni-
    verso, que va apartåndose cada vez mas de la primitiva
    fe en la omnipotencia y se eleva, desde la fase animista,
    hasta la cientifica, a través de la religiosa. En este con-
    junto entran el mito, la religion y la moralidad, como ten-
    tativas de lograr una compensaciôn de la inlograda satis-
    facciôn de deseos.

    El conocimiento de las enfermedades neurôticas del
    individuo ha facilitado mucho la comprensión de las gran-
    des instituciones sociales, pues las neurosis mismas se
    nos revelan como tentativas de resolver individualmente
    aquellos problemas de la compensación de los deseos,
    que habrían de ser resueltos socialmente por las institu-
    ciones. La desaparición del factor social y el predominio
    del factor sexual convierten estas soluciones neuróticas
    en caricaturas inutilizables para cosa distinta de nuestra
    aclaración de estos importantes problemas.

    (1) Ferenczi, Entwicklungstufen des Wirklichkeitssinnes. In-
    tern. Zeitschr. f. aertl. Psychoanalyse 1, 1915, Freud, Animismo,
    magia y omnipotencia de las ideas. «Totem y tabú», cap. III,
    tomo VIII de estas obras completas.

    am BD

  • S.

    7

    BARI ONE VAN Sebi ENT BED.

    F) El interés de la ,psicoanälisis para
    la estética.

    La psicoanálisis ha logrado resolver también satisfac-
    toriamente algunos de los problemas enlazados al arte y
    al artista. Otros le escapan por completo. Reconoce tam-
    bién en el ejercicio del arte, una actividad encaminada a
    la mitigación de deseos insatisfechos, y ello, tanto en el
    mismo artista creador como luego en el espectador de la
    obra de arte. Las fuerzas impulsoras del arte son aquellos
    mismos conflictos que conducen a otros individuos ala
    neurosis y han movido a la sociedad a la creación de sus
    instituciones. El problema del origen de la capacidad ar-
    tística creadora, no toca resolverlo a la psicología. El ar-
    tista busca, en primer lugar, su propia liberación y la
    consigue comunicando su obra a aquellos que sufren la
    insatisfacción de iguales deseos (1). Presenta realizadas
    sus fantasías optativas personales, pero si éstas llegan a
    constituirse en una obra de arte, es mediante una trans-
    formación que mitiga lo repulsivo de tales deseos, encu-
    bre el origen personal de los mismos y ofrece a los demás,
    atractivas primas de placer, ateniéndose a normas estéti-
    cas. Para la psicoanálisis, resulta fácil descubrir, al lado de
    la parte manifiesta del goce artístico, otra parte latente,
    mucho más activa, procedente de las fuentes ocultas de la
    liberación de los instintos. La relación entre las impresio-
    nes infantiles y los destinos del artista, y sus obras, como
    reacciones a tales impulsos, constituye uno de los objetos
    más atractivos de la investigación analítica (2).

    Por lo demás, la mayoría de los problemas de la crea-

    (1) O. Rank, Der Kuenstler, Viena, 1907.

    (2) Cf. Freud, «El chiste y su relación con lo inconsciente»,
    tomo III de estas obras completas. Asimismo, O. Rank, Das Inzest-
    motiv in Dichtung u. Sage, Viena, 1912.

    A — 190 —

  • S.

    い

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    ciôn y el goce artisticos, esperan aiin ser objeto de una
    labor que arroje sobre ellos la luz de los descubrimientos
    analiticos y les señale su puesto en el complicado edificio
    de las compensaciones de los humanos deseos. A título
    de realidad convencionalmente reconocida, en la cual, y
    merced a la ilusión artística, pueden los símbolos y los
    productos sustitutivos provocar afectos reales, forma el
    arte un dominio intermedio entre la realidad que nos nie-
    ga el cumplimiento de nuestros deseos y el mundo de la
    fantasía, que nos procura su satisfacción, un dominio en el
    que conservan toda su energía las aspiraciones a la omni-
    potencia, de la humanidad primitiva.

    G) Interés sociológico.

    La psicoanálisis ha hecho, desde luego, objeto de su
    investigación, la psique individual, pero en esta labor, no
    podían escaparle los fundamentos afectivos de la relación
    del individuo con la sociedad. Ha hallado así, que los sen-
    timientos sociales reciben una aportación de carácter eró-
    tico, cuya superacentuación y ulterior represión vienen a
    constituirse en características de un determinado grupo de.
    perturbaciones anímicas. Así mismo, ha reconocido en
    general, el carácter asocial de las neurosis, que tienden
    todas a expulsar al individuo de la sociedad, sustituyendo
    el asilo que antes le brindaba el claustro, por el aislamien-
    to que la enfermedad trae consigo. El intenso sentimiento
    de culpabilidad, dominante en tantas neurosis, resulta ser,
    a sus ojos, una modificación social de la angustia neuró-
    tica.

    Por otra parte, ha descubierto la psicoanálisis, cuán
    ampliamente participan las circunstancias y exigencias so-
    ciales en la causación de la neurosis. Las fuerzas que
    producen la limitación y la represión de los instintos, por
    el Yo, nacen esencialmente de la docilidad del mismo con

    HRS

    +

  • S.

    PPOF.F.FPEUD

    respecto a las exigencias culturales sociales. Aquella mis-
    ma constitucién y aquellas mismas experiencias infantiles
    que habrian de conducir al individuo a la neurosis, no 10-
    graran tal efecto cuando no exista dicha docilidad, o no
    sean planteadas tales exigencias en el circulo social en el
    que el individuo vive. La vieja afirmacién de que la ner-
    viosidad era un producto de la civilizaciôn, tiene, por lo
    menos, una parte de verdad. La educaciôn y el ejemplo
    sitüan al individuo joven ante las exigencias culturales. En
    aquellos casos en que la represion de los instintos llega a
    efecto en 61, con independencia de los dos factores cita-
    dos, habremos de suponer que la exigencia primitiva ha
    llegado a convertirse al fin, en una propiedad hereditaria,
    organizada, del hombre. El niño que produce espontánea-
    mente represiones de instintos, no haría, con ello, sino
    repetir una parte de la historia de la civilización. Lo que
    hoy constituye una restricción interna, fué, un tiempo,
    sólo externa, impuesta quizá por las circunstancias de la
    época, resultando así, que también lo que hoy se plantea
    ante cada individuo como exigencia cúltural externa, podrá
    convertirse un día en disposición interna a la represión.

    H) Interés pedagógico.

    El máximo interés de la psicoanálisis para la pedago-
    gía se apoya en un principio demostrado hasta la eviden-
    cia. Sólo puede ser pedagogo quien se encuentre capaci-
    tado para infundirse en el alma infantil, y nosotros, los
    adultos, no comprendemos a los niños, porque no com-
    prendemos nuestra propia infancia. Nuestra amnesia in-
    fantil es una prueba de cuán extraños a ella hemos llegado
    a ser. La psicoanálisis ha descubierto los deseos, produc-
    tos mentales y procesos evolutivos de la infancia. Todos
    los esfuerzos anteriores fueron incompletos y erróneos a
    más no poder, como consecuencia de haber dado de lado

    — 122 —

  • S.

    EL MULTIPLE INTERES DE LA PSICOANALISIS

    por completo, al inestimable factor de la sexualidad, en sus
    manifestaciones somáticas y anímicas. El escéptico asom-
    bro con que son acogidos los descubrimientos más evi-
    dentes de la psicoanálisis en esta cuestión de la infancia
    —los referentes al complejo de Edipo, el narcisismo, las
    disposiciones perversas, el erotismo anal y la curiosidad
    sexual—dan idea de la distancia que separa nuestra vida
    anímica, nuestras valoraciones e incluso nuestros proce-
    sos mentales, de los del niño normal.

    Cuando los educadores se hayan familiarizado con los
    resultados de la psicoanálisis, les será más fácil reconci-
    liarse con determinadas fases de la evolución infantil y,
    entre otras cosas, no correrán el peligro de exagerar la
    importancia de los impulsos instintivos perversos 0 aso-
    ciales que el niño muestre. Por el contrario, se guardarán
    de toda tentativa de yugular violentamente tales impulsos,
    al saber que un tal procedimiento de influjo puede produ-
    cir resultados tan indeseables como la pasividad ante la
    perversión infantil, tan temida por los pedagogos. La re-
    presión violenta de instintos enérgicos, llevada a cabo
    desde el exterior, no produce nunca en los niños la des-
    aparición ni el vencimiento de tales instintos y sí tan sólo
    una represión que inicia una tendencia a ulteriores enfer-
    medades neuróticas. La psicoanálisis tiene frecuente oca-
    sión de comprobar la gran participación que una educa-
    ción inadecuadamente severa tiene en la producción de
    enfermedades nerviosas o con qué pérdidas de la capaci-
    dad de rendimiento y de goce es conquistada la normali-
    dad exigida. Pero también puede enseñar cuán valiosas
    aportaciones proporcionan estos instintos perversos y
    asociales del niño, a la formación del carácter, cuando no
    sucumben a la represión, sino que son desviados, por
    medio del proceso llamado sublimación, de sus
    fines primitivos, y dirigidos hacia otros más valiosos.
    Nuestras mejores virtudes han nacido, en calidad de reac-

    pu ume

  • S.

    PEOF.«5.FPE»D

    ciones y sublimaciones, sobre el terreno de las peores
    disposiciones. La educacién deberia guardarse cuidadosa-
    mente de cegar estas preciosas fuentes de energia, y limi-
    tarse a impulsar aquellos procesos por medio de los cuales
    son dirigidas tales energias por buenos caminos. Una edu-
    caciôn basada en los conocimientos psicoanaliticos, puede
    constituir la mejor profilaxia individual de las neurosis.
    (Cf. los trabajos del Dr. Oskar Pfister, Zurich.)

    No podía płantearme en este trabajo, la labor de expo-
    ner a un püblico cientifico, el alcance y el contenido de la
    psicoanálisis, con todas las hipótesis, problemas y resul-
    tados de la misma. Me bastará haber indicado claramen-
    te, para cuántos sectores científicos resultan interesantes
    sus investigaciones y cuán numerosas relaciones comien-
    za a establecer con los mismos.

    ー ⑱ よ ー