Freud, Sigmund (1924-004/1930.es): La pérdida de realidad en la neurosis y en la psicosis
S.
271
La pérdida de realidad en la neurosis
y en la psicosis1924
Ya en un trabajo reciente, expusimos como uno de los
caracteres diferenciales entre la neurosis y la psicosis, el
hecho de que en la primera, reprime el Yo, obediente a
las exigencias de la realidad, una parte del Ello (de la vida
instintiva) mientras que en la psicosis, el mismo Yo, de-
pendiente ahora del Ello, se retrae de una parte de la rea-
lidad. Así, pues, en la neurosis, dominaría el influjo de la
realidad y en la psicosis, el del Ello. La pérdida de rea-
lidad sería un fenómeno característico de la psicosis y aje-
no, en cambio, a la neurosis.Sin embargo, estas conclusiones no parecen concilia-
bles con la observación de que toda neurosis perturba en
algún modo la relación del enfermo con la realidad, cons-
tituyendo, para él, un medio de retraerse de ella y un re-
fugio al que ampararse, huyendo de las dificultades de la
vida real. Esta contradicción parece espinosa, pero es
muy fácil de resolver y su solución ha de fomentar consi-
derablemente nuestra comprensión de la neurosis.Tal contradicción subsiste, en efecto, solamente, mien-
tras nos limitamos a considerar la situación inicial de la
neurosis, en la cual el Yo lleva a cabo la represión de una
tendencia instintiva, obedeciendo a los dictados de la rea-
lidad. Pero esto no es todavía la neurosis misma. Esta
consiste, más bien, en los procesos que aportan una com-S.
272
pensación a la parte perjudicada del Ello, esto es, en la
reacción contra la represión y en su fracaso. El relajamien-
to de la relación con la realidad es, luego, la consecuencia
de este segundo paso en la producción de la neurosis y no
habríamos de extrañar que la investigación nos descubrie-
se que la pérdida de realidad recae precisamente sobre
aquella parte de realidad a cuya demanda fué iniciada la
represión.Así, pues, la génesis característica de la neurosis, a
consecuencia de una represión fracasada, no es nada
nuevo. Siempre lo hemos afirmado así, y sólo la nueva re-
lación de este postulado con nuestro tema actual nos ha
llevado a repetirlo.La misma apariencia de contradicción surge con inten-
sidad mucho mayor cuando se trata de una neurosis cuya
motivación ocasional («la escena traumática») nos es co-
nocida y en la que podemos ver cómo el sujeto se aparta
de tal suceso y lo abandona a la amnesia. Recordaré aquí,
como ejemplo, un caso analizado por mí hace ya muchos
años 1), en el cual la sujeto, una muchacha enamorada de
su cuñado, quedó sobrecogida ante el lecho mortuorio de
su hermana, por la idea de que el hombre amado estaba ya
libre y podía casarse con ella. Esta escena fué olvidada en
el acto, y con ello quedó iniciado el proceso de regresión
que condujo a la dolencia histérica. Pero precisamente
aquí resulta muy instructivo ver por qué caminos intenta
la neurosis resolver el conflicto. Anula por completo la
modificación de las circunstancias reales, reprimiendo el
instinto de que se trataba, o sea el amor de la muchacha
a su cuñado. La reacción psicótica hubiera consistido en
negar el hecho real de la muerte de la hermana.Podría, ahora, esperarse, que en la génesis de la psi-
cosis se desarrollase algo parecido al proceso que tiene1)Véase «La histeria», tomo X, de esta edición castellana.
S.
273
efecto en la neurosis, aunque, naturalmente, entre otras
instancias. Esto es, que también en la psicosis se hiciesen
visibles dos avances, el primero de los cuales arrancaría
al Yo de la realidad, mientras que el segundo tendería a
enmendar el daño y restablecería, a costa del Ello, la rela-
ción con la realidad. Y, efectivamente, observamos en la
psicosis algo análogo; dos avances, el segundo de los cua-
les tiene un carácter de reparación, pero luego, la analogía
se convierte en una coincidencia mucho más amplia de los
procesos. El segundo avance de la psicosis tiende también
a compensar la pérdida de realidad, pero no a costa de
una limitación del Yo, como en la neurosis a costa de la
relación con la realidad, sino por otro camino, mucho más
independiente, esto es, mediante la creación de una nueva
realidad, exenta de los motivos de disgusto que la anterior
ofrecía. Así, pues, este segundo avance obedece en la
neurosis y en la psicosis, a la misma tendencia, aparecien-
do en ambos casos al servicio de las aspiraciones de po-
der del Ello, que no se deja dominar por la realidad. En
consecuencia, tanto la neurosis como la psicosis, son ex-
presión de la rebeldía del Ello contra el mundo exterior, o
si se quiere, de su incapacidad para adaptarse a la realidad,
diferenciándose mucho más entre sí en la primera reacción
inicial que en la tentativa de reparación a ella consecutiva.Esta diferencia inicial se refleja luego en el resultado:
En la neurosis se evita, como huyendo de él, un trozo de
la realidad, que en la psicosis es elaborado y transforma-
do. En la psicosis, a la fuga inicial, sigue una fase activa
de transformación, y en la neurosis, a la obediencia inicial,
una ulterior tentativa de fuga. O dicho de otro modo: la
neurosis no niega la realidad, se limita a no querer saber
nada de ella. La psicosis la niega e intenta sustituirla. Lla-
mamos normal o «sana» una conducta que reúne determi-
nados caracteres de ambas reacciones, esto es, que no nie-
ga la realidad, al igual de la neurosis, pero se esfuerza enS.
274
transformar-
la, como la psicosis. Esta conducta normal y
adecuada conduce naturalmente a una labor manifiesta so
bre el mundo exterior y no se contenta, como en la psico-
sis, con la producción de modificaciones internas; no es
autoplástica, sino aloplástica.
En la psicosis, la elaboración modificadora de la reali-
dad recae sobre las cristalizaciones psíquicas de la relación
mantenida hasta entonces con ella, esto es, sobre las hue-
llas mnémicas, las representaciones y los juicios tomados
hasta entonces de ella y que la representaban en la vida
anímica. Pero esta relación no constituía algo fijo e inmu-
table, sino que era transformada y enriquecida de continuo
por nuevas percepciones. De este modo, se plantea tam-
bién a la psicosis la tarea de procurarse aquellas percep-
ciones que habrían de corresponder a la nueva realidad,
consiguiéndolo por medio de la alucinación. Si los recuer-
dos falsos, los delirios y las alucinaciones muestran un ca-
rácter tan penoso en tantas formas y casos de psicosis y
aparecen acompañados de angustia, habremos de ver en
ello un indicio de que todo el proceso de transformación se
realiza contra la intensa oposición de poderosas energías.
Podemos representarnos el proceso conforme al modelo de
las neurosis, que nos es más conocido. En las neurosis,
vemos surgir una reacción de angustia cada vez que el ins-
tinto reprimido trata de llegar a la conciencia, y observa-
mos que el resultado del conflicto no es, a pesar de todo,
más que una transacción, absolutamente insuficiente como
satisfacción. En la psicosis, el trozo de realidad rechazado
trata probablemente de imponerse de continuo a la vida
anímica, como en la neurosis el instinto reprimido, y por
esta razón surgen, en ambos casos, las mismas consecuen-
cias. La discusión de los diversos mecanismos que han de
llevar a cabo en la psicosis, el apartamiento de la realidad
y la construcción de otra distinta, constituye una labor,
aún intacta, de la psiquiatría especial.S.
275
Existe, pues, entre la neurosis y la psicosis, una nueva
analogía, consistente en que ambas fracasan parcialmente
en la labor emprendida en su segundo avance, pues ni el
instinto reprimido puede procurarse una sustitución com-
pleta (neurosis), ni la representación de la realidad se deja
fundir en las formas satisfactorias. Pero el acento carga, en
cada una, en un lugar distinto. En la psicosis, el acento
carga exclusivamente sobre el primer avance, patológico
ya de por sí y que sólo puede conducir a la enfermedad, y
en cambio, en la neurosis, sobre el segundo, sobre el fra-
caso de la represión, mientras que el primero puede pro-
ducirse y en realidad se ha producido innumerables veces,
dentro de la salud, aunque no sin dejar tras de sí señales
del esfuerzo psíquico exigido. Estas diferencias, y quizá
otras muchas, son consecuencias de la diversidad tópica
en el desenlace del conflicto patógeno, según que el Yo
haya cedido en él a su adhesión al mundo real o a su de-
pendencia del Ello.La neurosis se limita regularmente a evitar el fragmen-
to de realidad de que se trate y protegerse contra todo en-
cuentro con él. Pero la precisa diferencia entre la neuro-
sis y la psicosis queda mitigada por el hecho de que tam-
poco en la neurosis faltan las tentativas de sustituir la
realidad indeseada por otra más conforme a los deseos del
sujeto. Semejante posibilidad es facilitada por la existencia
del mundo de la fantasía, un dominio que al tiempo de la
instauración del principio de la realidad quedó separado
del mundo exterior, siendo mantenido aparte, desde en-
tonces, como una especie de «atenuación» de las exigen-
cias de la vida, y aunque no resulta inasequible al Yo, sólo
conserva con él una relación muy laxa. De este mundo de
la fantasía extrae la neurosis el material para sus nuevos
productos optativos, hallándolo en él por medio de la re-
gresión a épocas reales anteriores más satisfactorias.También en la psicosis desempeña seguramente el
S.
276
mundo de la fantasía este mismo papel, constituyendo
también el almacén del que son extraídos los materiales
para la construcción de la nueva realidad. Pero el nuevo
mundo exterior fantástico de la psicosis quiere sustituirse
a la realidad exterior, mientras que el de la neurosis gusta
de apoyarse, como los juegos infantiles, en un trozo de la
realidad–en un fragmento de la realidad distinto de aquel
contra el cual tuvo que defenderse–y le presta una signi-
ficación especial y un sentido oculto al que calificamos de
«simbólico», aunque no siempre con plena exactitud. Re-
sulta, pues, que en ambas afecciones, la neurosis y la psi-
cosis, se desarrolla, no sólo una pérdida de reali-
dad, sino también una sustitución de rea-
lidad.