S.
258
Neurosis y psicosis
1924
En un trabajo recientemente publicado («El Yo y el
Ello») hemos atribuído al aparato anímico una estructura
que nos permite representar, en forma sencilla y clara,
toda una serie de procesos y relaciones. En otros puntos,
por ejemplo, en lo que se refiere al origen y a la función
del super-Yo, queda aún mucho que aclarar. Habremos de
exigir ahora, que una tal hipótesis resulte también útil y
provechosa en otros terrenos, aunque no sea más que
para mostrarnos desde otro punto de vista lo ya conocido,
agruparlo de otra manera y describirlo más convincente-
mente. A esta aplicación de la nueva hipótesis podría tam-
bién enlazarse un provechoso retorno desde la teoría a la
experiencia.En el trabajo indicado, se describen las múltiples de-
pendencias del Yo, su situación intermedia entre el mun-
do exterior y el Ello y su tendencia a servir al mismo tiem-
po a todos sus amos. Relacionando estas circunstancias
con otra ruta mental iniciada en un punto distinto, llega-
mos a una fórmula sencilla, que integra quizá la diferencia
genética más importante entre la neurosis y la psicosis:
La neurosis sería el resultado de un
conflicto entre el Yo y su Ello, y en cam-
bio, la psicosis, el desenlace análogo
de una tal perturbación de las relacio-
nes entre el Yo y el mundo exterior.
Nunca conviene confiar mucho en la solución de un pro-
S.
259
blema, cuando la misma se presenta tan fácil, pero, en este
caso, recordamos inmediatamente una serie de descubri-
mientos que parecen confirmarla. Según todos los resulta-
dos de nuestros análisis, las neurosis de transferencia nacen
a consecuencia de la negativa del Yo a acoger una poderosa
tendencia instintiva dominante en el Ello y procurar su des-
carga motora, o a dar por bueno el objeto hacia el cual
aparece orientada tal tendencia. El Yo se defiende enton-
ces de la misma por medio del mecanismo de la represión,
pero lo reprimido se rebela contra este destino y se pro-
cura, por caminos sobre los cuales no ejerce el Yo poder
alguno, una satisfacción sustitutiva–el síntoma–que se
impone al Yo como una transacción; el Yo encuentra alte-
rada y amenazada su unidad por tal intrusión y continúa
luchando contra el síntoma, como antes contra la tenden-
cia instintiva reprimida, y de todo esto, resulta el cuadro
patológico de la neurosis. No puede objetarse, que al pro-
ceder el Yo a la represión, obedece, en el fondo los man-
datos del super-Yo, los cuales proceden, a su vez, de
aquellas influencias del mundo exterior que se han creado
una representación en el super-Yo. Siempre resultará que
el Yo se ha puesto al lado de estos poderes, cuyas exigen-
cias tienen más fuerza para él que las exigencias instinti-
vas del Ello, siendo él mismo el poder que impone la re-
presión en contra de aquellos elementos del Ello y la afir-
ma por medio de la contracarga de la resistencia. Así,
pues, el Yo ha entrado en conflicto con el Ello en servicio
del super-Yo y de la realidad. Tal es la situación en todas
las neurosis de transferencia.De otra parte, nos es también muy fácil extraer del co-
nocimiento adquirido hasta ahora sobre el mecanismo de
las psicosis, ejemplos que nos indican la perturbación de
la relación entre el Yo y el mundo exterior. En la amencia
de Meynerts, la demencia aguda alucinatoria, forma quizá
la más extrema e impresionante de la psicosis, la percep-
S.
260
ción del mundo exterior cesa por completo o permanece
totalmente ineficaz. Normalmente, el mundo exterior do-
mina al Yo por dos caminos: En primer lugar, mediante
las percepciones actuales continuamente posibles y en se-
gundo, con el acervo mnémico de percepciones anteriores,
que constituyen, como «mundo interior», un patrimonio y
un elemento del Yo. En la amencia no sólo queda excluída
la acogida de nuevas percepciones, sino también sustraída
al mundo interior su significación (carga). El Yo se procu-
ra independientemente un nuevo mundo exterior e interior
y surgen dos hechos indubitables: que este nuevo mundo
es construído de acuerdo con las tendencias optativas del
Ello y que la causa de esta disociación del mundo exterior
es una privación impuesta por la realidad y considerada
intolerable. Esta psicosis muestra una gran afinidad inter-
na con los sueños normales. Pero la condición del fenóme-
no onírico normal es, precisamente, el estado de reposo,
entre cuyos caracteres hallamos el apartamiento del mun-
do real y de toda percepción.De otras formas de psicosis, las esquizofrenias, sabe-
mos que culminan en un embotamiento afectivo, esto es,
en la pérdida de todo interés hacia el mundo exterior. Con
respecto a la génesis de los delirios, algunos análisis nos
han enseñado que el delirio surge precisamente en aque-
llos puntos en los que se ha producido una solución de
continuidad en la relación del Yo con el mundo exterior.Si el conflicto con el mundo exterior, en el cual hemos vis-
to la condición de la enfermedad, no se hace aún más pa-
tente, ello depende de que en el cuadro patológico de la
psicosis, quedan, a veces, encubiertos los fenómenos del
proceso patógeno por los de una tentativa de curación o
de reconstrucción.La etiología común a la explosión de una psiconeurosis
o una psicosis es siempre la privación, el incumplimiento de
uno de aquellos deseos infantiles, jamás dominados, queS.
261
tan hondamente arraigan en nuestra organización, determi-
nada por la filogenia. Esta privación tiene siempre, en el
fondo, un origen exterior, aunque en el caso individual pa-
rezca partir de aquella instancia interior (en el super-Yo) que
se ha atribuído la representación de las exigencias de la rea-
lidad. El efecto patógeno depende de que el Yo permanezca
fiel en este conflicto, a su dependencia del mundo exterior
e intente amordazar al Ello, o que, por el contrario, se deje
dominar por el Ello y arrancar, así, a la realidad. Pero en
esta situación, aparentemente sencilla, introduce una com-
plicación la existencia del super-Yo, que reune en sí, en
un enlace aún impenetrado, influencias del Ello y otras del
mundo exterior, constituyendo, en cierto modo, un mode-
lo ideal hacia el que tienden todas las aspiraciones del Yo:
la conciliación de sus múltiples dependencias. En todas
las formas de enfermedad psíquica habría de tenerse en
cuenta la conducta del super-Yo, cosa que no se ha hecho
hasta ahora. Pero ya podemos indicar, provisionalmente,
que ha de haber también afecciones cuya base esté en un
conflicto entre el Yo y el super-Yo. El análisis nos da de-
recho a suponer que la melancolía es un ejemplo de este
grupo, al que daríamos entonces el nombre de «psiconeu-
rosis narcisistas». El hecho de que encontremos motivos
para separar de las demás psicosis, estados tales como la
melancolía, no concuerda mal con nuestras impresiones.
Pero entonces advertimos que podríamos completar nues-
tra fórmula genética sin abandonarla. La neurosis de trans-
ferencia corresponde al conflicto entre el Yo y el super-Yo
y la psicosis al conflicto entre el Yo y el mundo exterior.
Al principio, no podemos decir, ciertamente, si hemos
conquistado, en realidad, nuevos conocimientos o si tan
sólo hemos enriquecido nuestra colección de fórmulas,
pero, a mi juicio, esta posibilidad de aplicación debe dar-
nos ánimos para mantener la indicada articulación del apa-
rato anímico en un Yo, un super-Yo y un Ello.S.
– 262 –
La afirmación de que las neurosis y las psicosis nacen
de los conflictos del Yo con sus distintas instancias domi-
nantes, esto es, que corresponden a un fracaso de la fun-
ción del Yo, el cual se esfuerza, sin embargo, en conciliar
las distintas exigencias, precisa aún de nuevas investiga-
ciones para ser complementada. Quisiéramos saber en qué
circunstancias y por qué medios consigue el Yo escapar,
sin enfermar, a tales conflictos, constantemente dados. Es
éste un nuevo campo de investigación en el que habremos
de encontrar los más diversos factores. Por lo pronto, ya
podemos indicar dos. El desenlace de todas estas situacio-
nes habrá de depender, indudablemente, de circunstancias
económicas, de las magnitudes relativas de las tendencias
combatientes entre sí. Además, el Yo podrá evitar un des-
enlace perjudicial en cualquier sentido, deformándose es-
pontáneamente, tolerando daños de su unidad o incluso di-
sociándose en algún caso. De este modo, las inconsecuen-
cias y las chifladuras de los hombres resultarían análogas
a sus perversiones sexuales, en el sentido de ahorrarles
represiones.Para terminar, recordaremos la interrogación de si el
proceso en el cual se aparta el Yo del mundo exterior
constituirá un mecanismo análogo a la represión. A mi jui-
cio, esta cuestión no puede ser resuelta sin nuevas inves-
tigaciones, pero, de todos modos, sí puede afirmarse ya,
que habrá de entrañar, como la represión, una retracción
de la carga destacada por el Yo.
You are here
Neurosis y psicosis
1924-001/1930.es