Freud, Sigmund (1911-004/1930.es): El empleo de la interpretación de los sueños en la psicoanálisis
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El empleo de la interpretación
en la psicoanálisis1912.
El tema del presente ensayo no es la técnica de la in-
terpretación de los sueños. No vamos a exponer cómo se
interpretan los sueños y cómo ha de utilizarse su interpre-
tación, sino tan sólo cuál es el uso que debe hacerse del
arte onirocrítico en el tratamiento psicoanalítico de los en-
fermos. Existe, desde luego, más de un procedimiento,
pero en cuanto se refiere a la técnica, es norma de la psi-
coanálisis señalar siempre y con máxima precisión las re-
glas deducidas de la investigación y la experiencia. Si hay,
quizá, más de un camino bueno, hay también muchos ma-
los, y la comparación de las distintas técnicas posibles ha-
brá de ilustrarnos convenientemente, aunque no llegue a
decidir nuestra elección a favor de un método deter-
minado.Al pasar de la interpretación de los sueños al tratamien-
to analítico, conserva el principiante su interés hacia el
contenido de los sueños y querrá, por lo tanto, interpretar
lo más acabadamente posible, todos aquellos que el enfer-
mo le comunique. Pero no tardará en advertir que se en-
cuentra ahora en circunstancias totalmente distintas y que
al intentar llevar a cabo sus propósitos de interpretación,
contraría el curso deseable de la labor terapéutica. Si el
primer sueño del paciente resultó acaso muy adecuado
para enlazar a él las primeras aclaraciones que al mismoS.
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ha de suministrar, no tardan luego en surgir otros tan lar-
gos y obscuros que se hace imposible llevar a cabo su in-
terpretación en una sola sesión del tratamiento, y si el mé-
dico la prosigue en los días siguientes, habrá de desaten-
der los nuevos sueños que el enfermo vaya comunicándole,
hasta acabar la interpretación iniciada. En algunos casos,
es tan rica la producción onírica y tan lento el progreso del
enfermo en la comprensión de sus sueños, que el analítico
no puede por menos de pensar que semejante abundancia
de material no es sino una manifestación de la resistencia,
la cual utiliza para sus fines el descubrimiento de que la
cura no puede abarcar la materia así suministrada. Pero,
entretanto, la cura queda muy detrás del presente y pierde
su contacto con la actualidad. A esta técnica se opone la
experiencia de que, para el desarrollo del tratamiento, es
importantísimo conocer, en todo momento, la superficie psí-
quica del enfermo y hallarse orientado sobre los complejos
y las resistencias que van siendo activados en él y sobre
la reacción consciente que determinará su conducta. Este
fin terapéutico no debe ser pospuesto casi nunca al interés
que inspire al analítico la interpretación de los sueños.Pero si hemos de atenernos a esta regla ¿cómo utilizar
entonces la interpretación onírica en el tratamiento analíti-
co? Nos contentaremos con la interpretación que podamos
lograr en una sola sesión, sin que nos preocupe no haber
llegado a desentrañar por completo un sueño, y en lugar
de continuarla al día siguiente, la dejaremos en suspenso
hasta el momento en que advirtamos que el enfermo no ha
producido nada nuevo. Así, pues, tampoco en favor de una
interpretación onírica interrumpida infringiremos la regla
general de tomar siempre lo que primero acude al pensa-
miento del sujeto. Si antes de terminar con un sueño sur-
gen otros nuevos, nos dedicaremos a estos últimos, sin
que nos remuerda desatender los anteriores, y cuando nos
encontremos ante un sueño demasiado amplio y difuso, re-
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nunciaremos desde un principio a una interpretación ex-
haustiva. En general, nos guardaremos de manifestar un
interés especial en cuanto a la interpretación de los sue-
ños y de despertar en el enfermo la creencia de que la la-
bor analítica queda interrumpida, por falta de material,
cuando no dispone de algún sueño, pues de lo contrario,
correremos el peligro de orientar la resistencia hacia la
producción onírica y provocar un agotamiento de los sue-
ños. El analizado debe estar convencido de que el análisis
encuentra siempre material con el que continuar aunque no
aporte él sueño ninguno y cualquiera que sea la atención
que a los mismos se dedique.Se nos preguntará ahora, si al someter el empleo de la
interpretación onírica a todas estas restricciones, no renun-
ciamos a un material muy valioso para el descubrimiento
de lo inconsciente. A esta interrogación responderemos
que la pérdida no es tan grande como pudiera creerse an-
tes de profundizar en la cuestión. Ha de tenerse en cuenta,
que en los casos graves de neurosis, no puede esperarse
nunca conseguir una interpretación exhaustiva de los sue-
ños de alguna amplitud. Tales sueños se basan muchas
veces en la totalidad del material patógeno del caso, mate-
rial ignorado aun por el médico y el enfermo (sueños de
programa y sueños biográficos) y equivalen a una traduc-
ción del contenido total de la neurosis al lenguaje onírico.
Al intentar interpretar uno de estos sueños, entrarán en
actividad todas las resistencias dadas y aún no desperta-
das y pondrán pronto un límite a toda penetración. La in-
terpretación exhaustiva de un tal sueño coincide, en efec-
to, con la perfección total del análisis. Anotado al princi-
pio del análisis, no llegamos a comprenderlo por completo
hasta después de terminada aquella, muchos meses des-
pués. Sucede aquí lo mismo que en la comprensión de un
síntoma aislado (del síntoma principal, por ejemplo). Todo
el análisis sirve para llegar a su explicación; pero duranteS.
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TECNICA DE LA PSICOANALISIS
el tratamiento hemos de intentar aprehender, sucesivamen-
te, distintos fragmentos de su significado, hasta que se nos
hace posible su síntesis. No podemos, pues, exigir más a
la interpretación de un sueño emergido al principio del
análisis y habremos de declararnos satisfechos si la tenta-
tiva de interpretación nos descubre ya algo, aunque solo
sea un único impulso optativo patógeno.Así, pues, al renunciar al propósito de una interpreta-
ción onírica completa, no renunciamos a nada posible, ni
tampoco perdemos, generalmente, nada, cuando interrum-
pimos la interpretación de un sueño para ocuparnos de
otro más reciente. Algunos acabados ejemplos de sueños
plenamente interpretados, nos han enseñado que varias
escenas sucesivas del mismo sueño pueden tener el mis-
mo contenido, que va imponiéndose en ellas cada vez con
mayor claridad. Hemos visto, también, que varios sueños
soñados en la misma noche pueden no ser sino tentativas
de representar el mismo contenido en forma distinta. Po-
demos asegurar, en general, que todo impulso optativo
que hoy crea un sueño, retornará en otros, mientras no
consiga ser comprendido y substraído al dominio de lo in-
consciente, y así, el mejor camino para completar la inter-
pretación de un sueño consistirá, muchas veces, en dejar-
lo a un lado y dedicarse a otro nuevo, que habrá acogido
el mismo material en forma quizá más asequible. Sé muy
bien, que no sólo el enfermo, sino también el médico han
de considerar aventurado prescindir de la orientación cons-
ciente en el tratamiento y abandonarse por completo a una
guía que siempre ha de parecernos «casual». Pero puedo
asegurar que nunca tenemos que arrepentirnos de haber-
nos decidido a confiar en nuestras propias afirmaciones
teóricas y habernos forzado a no disputar a lo inconsciente
la dirección de la síntesis.Abogamos, pues, porque la interpretación de los sue-
ños no sea practicada en el tratamiento psicoanalítico por– 113 –
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PER GR. S: + PI Rm END ND
su propio exclusivo interés, sino que se someta su em-
pleo a aquellas normas técnicas que regulan en general el
desarrollo de la cura. Naturalmente, hay ocasiones en las
que podemos apartarnos de esta conducta y dejarnos lle-
var, por algün trecho, de nuestro interés cientifico. Pero
al obrar asi, debemos saber siempre lo que hacemos. Ha-
bremos de tener también en cuenta otro caso que viene
surgiendo desde que hemos adquirido mayor confianza en
nuestra comprensiôn del simbolismo de los suefios y nos
sabemos mås independientes de las ocurrencias espontå-
neas de los enfermos. Un onirocritico especialmente håbil
puede llegar a desentrafiar todos los suefios del paciente
sin necesidad de imponer al mismo una elaboraciôn traba-
josa y lenta de cada uno de ellos. Para un tal analitico no
existirå ya conflicto alguno entre las exigencias de la in-
terpretaciôn onirica y las de la terapia, y se inclinarå a em-
plear a fondo, en todos los casos, la interpretaci6n onirica
y comunicar al paciente todo lo que sus suefios le hayan
permitido adivinar, sin que al obrar asi se desvie conside-
rablemente de la direccién regular del tratamiento, como
ya explicaremos en otra ocasión. Pero el analítico princi-
piante no debe tomar como modelo este caso excepcional.Con respecto a los primeros sueños comunicados por
el paciente en el tratamiento analítico, mientras ignora aún
por completo la técnica de la interpretación onírica, todo
analítico puede conducirse como el onirocrítico experimen-
tado antes supuesto. Estos sueños iniciales son aún muy
ingenuos y descubren muchas cosas, asemejándose en
esta condición a los soñados por los hombres sanos. Surge
aquí la interrogación de si el médico debe o no traducir en
el acto, al enfermo, lo que en sus sueños ha leído. Pero
no es éste el lugar de responder a ella, pues se nos mues-
tra subordinada a otra cuestión más amplia, la de fijar las
fases del tratamiento en las que el enfermo debe ser ini-
ciado en el conocimiento de su psiquismo inconsciente y— 114 —
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la marcha que ha de seguirse en esta iniciacion. Confor-
me va conociendo luego el sujeto la präctica de la inter-
pretaciôn onirica, van haciéndose más oscuros sus sue-
ños. Todo conocimiento sobre el sueño sirve también de
advertencia a la producción onírica.En los trabajos «científicos» sobre los sueños, que a
pesar de rechazar la interpretación onírica, han recibido
de la psicoanálisis nuevo impulso, se concede una impor-
tancia excesiva a la conveniencia de conservar fielmente
el texto del sueño, preservándolo de las deformaciones y
mutilaciones que le imponen las horas siguientes a su des-
arrollo. También algunos psicoanalíticos parecen no ser-
virse muy consecuentemente de su conocimiento de las
condiciones de la producción onirica, al recomendar al su-
jeto que fije por escrito todos sus sueños, inmediatamente
después de despertar. Esta medida carece de todo alcan-
ce en la terapia, y en cambio, los enfermos la aprovechan
para perturbar su reposo nocturno y mostrar su celo en
una cuestión en la que no puede ser de ninguna utilidad,
pues semejante laboriosa conservación de un texto onírico
que en otro caso hubiera sido devorado por el olvido, no
reporta ventaja ninguna al enfermo. Al proceder luego a
su análisis, no se logra que enlace a dicho texto asocia-
ción ninguna, y el efecto es el mismo que si el sueño hu-
biese sucumbido al olvido. El médico habrá averiguado,
desde luego, en este caso, algo que de otro modo le hu-
biera escapado, pero el hecho de que el médico sepa algo
no equivale a que lo sepa el enfermo. En otro lugar estu-
diaremos la significación de esta diferencia en la técnica
de la psicoanálisis.Mencionaré, todavía, otro tipo especial de sueños que,
por sus condiciones, sólo pueden surgir en el curso de
una cura psicoanalítica y suelen extrañar o inducir en error
al médico. Son éstos los llamados sueños «corroborati-
vos», fácilmente interpretables y cuya traducción nos ofre-— 115 —
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PROF.I.FPEUD
ce solamente aquello mismo que la cura habia deducido
en los últimos días, del material de ocurrencias diurnas.
Parece, así, como si el enfermo hubiese tenido la amabili-
dad de producir, en forma de sueño, precisamente aquello
que se le ha «sugerido» inmediatamente antes. Pero el
analítico experimentado se resiste a creer en tales amabi-
lidades del enfermo; considera estos sueños como una
grata confirmación de sus deducciones y comprueba que
sólo aparecen bajo determinadas condiciones de la in-
fluencia ejercida por el tratamiento. La mayoría de los
sueños se anticipan, por el contrario, a la cura, y ofrecen
asi, una vez despojados de lo ya conocido y comprensible,
una indicación más o menos precisa, de algo que hasta
entonces había permanecido oculto.— 116 —