• S.

    Vi
    La elaboraciön onirica

    Todas las tentativas realizadas hasta el da para solucio-
    nar los problemas oniricos se enlazaban directamente al
    contenido maniflesto, esforzändose por extraer de el la in-
    terpretaciön o fundamentar en I, cuando renunciaban a ha-
    llar sentido alguno interpretable, su juicio sobre el fenöme-
    no objeto de nuestro estudio. Somos, pues, los primeros en
    partir de un diferente punto inieial. Para nosotros, se inter-
    pola, en efecte, entre el contenido onirico y los resultados
    de nuestra observaciön un nuevo material psiquico: el con-
    tenido latente o ideas latentes, del suefio, que
    nuestro procedimiento analitico nos lleva a descubrir. De
    este contenido latente y no del manifiesto, es del que des-
    arrollamos la soluciön del suenio. Asf, pues, se nos presen-
    ta tambien una nueva labor que no se planteaba a los auto-
    res anteriores: la de investigar las relaciones del contenido
    manifiesto con las ideas latentes y averiguar por qu& pro-
    ceso ha surgido de estas ültimas aquel primero.

    Las ideas latentes y el confenido manifiesto se nos
    muestran como dos versiones de] mismo contenido, en dos
    idiomas distintos, o mejor dicho, el contenido manifiesto se
    nos aparece como una versiön de las ideas latentes a una
    distinta forma expresiva, cuyos signos y reglas de construc-
    ciön hemos de aprender por la comparaciön del original con
    la traducciön. Las ideas latentes nos resultan perfectamen-
    te comprensibles en cuanto las descubrimos. En cambio, el
    contenido manifiesto nos es dado como un jeroglifico, para
    cuya soluciön habremos de traducir cada uno de sus signos

    BUN.

  • S.

    BD. REED ET RE FUHREN; \D

    al lenguaje de las ideas latentes. Incurrirfamos, desde Iue-
    go, en error, si quisi6semos leer tales. signos dändoles el

    valor de imägenes pictöricas y no el de caracieres de una

    escritura jeroglifica. Supongamos que tenemos ante nos-

    otros un jeroglifico cualquiera, de los muchos que se publi-

    can como pasatiempo. En El, vemos una casa sobre cuyo
    tejado descansa una barca, y luego, a continuaciön, una le-
    tra y una figura humana, sin cabeza, corriendo desespera-
    damente, etc. Ante estas imägenes, podriamos expresar la
    critica de que fanto su yuxfaposiciön como su presencia ais-
    lada son absurdas e insensafas, pues las barcas no anclan
    nunca sobre los tejados y un hombre decapitado es incapaz
    de cerrer. Asimismo, esta ultima figura resulta mäs grande
    que la casa, y si el conjunto ha de represenfar un paisaje,
    sobran las letras, que jamäs hemos visto surgir espontä-
    neamente en la naturaleza. Pero estas objeeiones dependen
    de que formamos sobre el jeroglifico un juicio equivocado.
    Asi, pues, habremos de prescindir de ellas y adaptarnos al
    verdadero caräcier de aquel, esforzändonos en sustituir
    cada imagen por una silaba o una palabra susceptibles de
    ser representadas por ella. La yuxtaposiciön de las palabras
    que asi reuniremos no carecerä ya de sentido, sino que po-
    drä constituir incluso una bellisima sentencia. Pues bien, el
    suefio es, exactamente, uno de estos jeroglificos, y nuesiros
    predecesores en la interpretaciön onirica han incurrido en la
    falta de considerar el jeroglifico como una composiciön pic-
    törica. De este modo, no tenia mäs remedio que parecerles
    insensato y sin valor alguno.

    a) La labor de condensaciön.

    Lo primero que la comparaciön del contenido manifiesto
    con las ideas latentes evidencia al investigador, es que ha
    tenido efecto una magna Jabor de condensaciön.
    El suefio es conciso, pobre y lacönico en comparaciön con
    la amplitud y la riqueza de las ideas latentes. Su relaciön
    escrita ocupa apenas media pägina. En cambio, la del anäli-
    sis en el cual se hallan confenidas las ideas latentes, ocupa
    seis, ocho o doce veces mäs espacio. Esta proporeiön es

    — 508 —

  • S.

    LA INTERPREIACION DE LOS SUENOS

    muy variable, y por lo que hasta el momento hemos podido
    comprobar, no influye para nada en el sentido de los suefios
    correspondientes. Generalmente, se estima muy por bajo el
    montante de la compresiön que ha tenido efecto, pues se
    consideran las ideas latentes descubiertas como la totalidad
    del material dado, siendo asi que no constituyen sino una
    parte del mismo y que, prosiguiendo el anälisis, podemos
    hallar todavia nuevas series de ideas que se ocultaban de-
    träs del suefo. Ya indicamos antes, que jamäs podemos
    estar seguros de haber agotado la interpretaciön de um sue-
    fio. Aunque la soluciön obtenida nos parezca completa y
    satisfactoria, queda siempre la posibilidad de que el mismo
    suefio haya servido tambien de exteriorizaciön a otro senti-
    do mäs. Asi, pues,el montante decondensaciön
    es—en terminos rigurosos-- indeterminable. Contra el aser-
    io de que la desproporciön entre contenido manifiesto e
    ideas latentes nos fuerza a deducir que en la elaboraciön
    onfrica ha tenido efecto una amplia condensaciön del mate-
    rial psiquico, podria elevarse una objeciön, a primera vista
    muy plausible. Pudiera, en efecto, alegarse, la impresiön
    que con tanta frecuencia, experimentamos, de haber sonado
    muchas cosas, a trav&s de toda la noche, y haber olvidado,
    despu®s, la mayor parte. De este modo, el suefio que al
    despertar recordamos, no seria sino un resto de la total ela-
    boraciön onirica, la cual, recordada por entero, presentaria
    una amplitud igual a la de las ideas latentes. Hay aqui una
    parte de verdad, pues la observaciön de que cuando mäs
    fielmente nos es dado reproducir un suefio, es cuando inten-
    tamos recordarlo inmediatamente despues de despertar,
    mientras que conforme avanza el dia, va haciendose su
    recuerdo cada vez mäs vago e incompleto, es rigurosa-
    mente cierta. Pero por otro lado, podemos comprobar que
    el sentimiento de haber sofiado mucho mäs de lo que pode-
    mos reproducir, reposa muchas veces en una ilusiön, cuyo
    origen aclararemos mäs adelante. Ademäs, la hipötesis de
    una condensaciön en la elaboraciön onirica no queda con-
    tradicha en modo alguno por la posibilidad del olvido de los

    — 509 —

  • S.

    2 TO AR N RE DD

    suefios, pues resulta demostrada por las masas de represen-
    taciones pertenecientes a cada uno de los fragmentos oniri-
    cos conservados. Lo que sucede cuando realmente ha sido
    olvidada una gran parte del suefio, es que tal olvido nos
    cierra el acceso a una nueva serie de ideas latentes, pues
    nada justifica la suposiciön de que los fragmentos oniricos
    olvidados no se habrian referido sino a aquellas ideas que
    ya conocemos por el anälisis de los conservados (1).

    Ante la extraordinaria cantidad de ocurrencias que el
    anälisis aporta con respecto a cada elemento del contenido
    onirico, surgirä en nuestros lectores la duda de si podemos
    considerar como perteneciente a las ideas latentes 10do
    aquello que a posteriori se nos ocurre durante la labor ana-
    litica, esto es,.si debemos suponer que todas estas ideas se
    hallaban ya en actividad durante el reposo, y contribuyeron
    a la elaboraciön del suefio, o si no es mucho mäs verosimil
    que durante dicha labor surjan nuevas asociaciones de ideas
    que no tomaron parte alguna en la constituciön del mismo.—
    Solo condicionalmente podemos agregarnos a esta duda.
    Es, desde luego, cierio, que durante el anälisis surgen por
    vez primera algunas asociaciones, pero siempre nos es dado
    comprobar, que tales nuevas conexiones, sölo se estable-
    cen entre ideas que se hallaban ya enlazadas de otra mane-
    ra en el contenido latente. Las nuevas conexiones no son
    sino contactos 0 corfocircuitos facilitados por la existencia
    de ofros caminos de enlace mäs profundos. Con respecto
    a la mayor parte de las masas de ideas descubiertas en el
    anälisis, nos vemos obligados a reconocer que han actuado
    ya en la elaboraciön del suefio: pues cuando hemos seguido
    una cadena de fales pensamientos, que parecen exentos de
    todo nexo con dicha elaboraciön, tropezamos bruscamente
    con una idea que se halla representada en el suefio, es in-
    dispensable para la elaboraciön del mismo y no resultaba

    (1) En muchos investigadores se encuentran ya alusiones a esta
    condensaciön. Asf, manifiesta Du Prel (päg. 85) la seguridad de que
    ‚sobre la serie de representaciones ha actuado un proceso de dicho
    genero.

    - 50 —

  • S.

    LA INTERPRE1IACION DE LOS SUENOS

    accesible sino por la persecuciön de dicha serie de pensa-
    mientos, ajena en apariencia a la formaciön del produeto
    onirico, Recusrdese, a este respecto, el suefio de la mono-
    grafia botänica, que se nos muestra como el resuliado de
    una asombrosa condensaciön, aunque no hemos comuni-
    cado su anälisis, sino fragmentariamente.

    Pero entonces, scömo hemos de representarnos el esia-
    do psiquico que durante el reposo precede al sonar? Las
    ideas latentes, „aparecen dadas en conjunto, o son recorri-
    das de un modo sucesivo? „No podrä ser tambien que, par-
    tiendo de diversos centros, se constituyan varias cadenas
    de ideas, simultäneas, que luego se unan en un punto dado?
    A mi juicio no tenemos necesidad ninguna de crearnos una
    representaciön plästica del estado psiquico en la elabora-
    ciön onirica. Bastara con no olvidar que se trata del pensa-
    miento inconsciente y que el proceso puede ser muy distinto
    del que percibiamos en nosotros en la reflexiön voluntaria
    acompafiada de conciencia.

    De todos modos, el hecho de que la elaboraciön onirica
    reposa sobre una condensaciön permanece inquebrantable.
    Ahora bien, 3cö6mo se lleva a cabo tal condensaciön?

    Si reflexionamos que de las ideas latentes halladas, sölo
    una minoria queda representada en el suefio por uno de sus
    elementos de representaciön, habriamos de concluir que la
    condensaciön se verifica por exclusiön, no siendo,
    asi, el suefio, una fiel traduceiön o una proyecciön, punto
    por punto, de las ideas latentes, sino una reproducciön har-
    to incompleta y llena de lagunas, de las mismas. Este jui-
    cio, es sin embargo, como pronto veremos, harto equivo-
    cado. Pero tom&moslo al principio como base y continue-
    mos preguntändonos: Si al contenido manifiesto no llegan
    sino pocos elementos de las ideas latentes, „qu& condicio-
    nes determinan la selecciön de las mismas?

    Para contestar a esta interrogaciön examinaremos aque-
    llos elementos del contenido manifiesto que tienen que ha-
    ber cumplido tales condiciones. El material mejor paraesta
    investigaciön serä, sin duda, un suefio en cuya elaboraciön

    Lt Ron

  • S.

    2 RIO FREE SELTEN 5.

    haya tenido efecio una condensaciön particularmente ener-
    gica. Elegiremos el de la monografia botänica, expuesto
    antes en el capitulo V.

    Contenido manifiesto: «He escrito una mono-
    grafia sobre una especie (indeterminada) de plantas. Tengo
    el libro ante mf y vuelvo en este momento la pägina por la
    que se hallaba abierto y que contiene una lämina en colores.
    Cada ejemplar ostenta, a manera de herbario, un esp&cimen
    disecado de la planta.

    El elemento mäs evidente de este suefio es a mono-
    grafia botänica. Como ya indicamos, procede de las
    impresiones del dia del suefio, pues la tarde anterior al mis-
    mo, habia visto realmente, en el escaparate de un librero,
    una monograffasobre los ciclämenes. El
    contenido manifiesto omife mencionar esta especie y con-
    serva fan sölo la monografia y su relaciön con la Botänica.
    La «monogralia botänica» demuestra en seguida su relaciön
    con miestudiosobrelacocaina y.de esta ültima
    se dirige la asociaciön de ideas, por un lado, al escrito re-
    dactado con motivo del aniversario de un laboratorio ya
    determinados hechos relacionados con tal instituciön, y por
    ofro, a mi amigo, el oculista Dr. Koenigstein, que particip6
    en la aplicaciön de la cocaina como anestesico. A la per-
    sona del Dr. Koenigstein, se enlazan ademäs, el recuerdo
    del interrumpido diälogo que sostuve con &] la tarde anterior
    y los diversos pensamientos sobre el pago de los servicios
    medicos entre colegas. Esta conversaciön es el verdadero
    estimulo onirico actual. La monografia sobre los ciclämenes
    es tambien una actualidad, pero de naturaleza indiferente,
    Resulta, pues, que la «monografia botänica» del sueio se
    demuestracomoun elemento comünintermedio
    entre ambos sucesos diurnos, tomado, sin modificaciön al-
    guna, de la impresiön indiferente, y enlazado con el suceso
    psiquicamente importante por amplisimos enlares de aso-
    ciaciones.

    Pero no sölo la representaciön compuesta «mono-
    grafia botänica», sino tambien, aisladamente, cada

    BR —

  • S.

    LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS

    uno de sus elementos, «botänica» y monogra-
    ffa», 'van profundizando mäs y mäs, por medio de mäülti-
    ples asociaclanen: en la madeja de ideas latentes. Al ele-
    mento «botänica» pertenecen losrecuerdos relalivos a
    la persona del Profesor Gaertner (jardinero), a
    su floreciente mujer, a aquella paciente mia cuyo nom-
    bre era Flora yala sefiora de la que relate la historia de
    las flores olvidadas. El elemeno Gaertner me
    conduce nuevamente al laboratorio y.ala conversaciön con
    Koenigstein, a la que pertenece, asi mismo, la menciön de
    mis dos pacientes. De la sehora de las flores, parte un
    camino mental hasta las flores preferidas de mi
    mujer, punto en el que converge tambien otro camino, cuyo
    punto de partida es el titulo de la monografia vista en la vi-
    gilia. El elemento «botänica» recuerda, ademäs, el episodio
    del herbario y un examen de mi epoca universitaria, y un
    nuevo tema tratado en mi conversaciön con el oculista—el
    de mis aficiones—se enlaza, por mediaciön de la alcachofa,
    a la que humoristicamenfe lamo mi flor preferida,
    a la concatenaciön de ideas que parte de las flores olvida-
    das. Deträs del elemento «alcachofa» se esconde, en primer
    lugar, el recuerdo de Italia, y en segundo, el de una escena
    infantil que iniciö mis relaciones, tan intimas luego, con los
    libros. Asi, pues, «botänica» es un verdadero foco de
    convergencia, en el que sereunen, para el suefio numerosas
    series de ideas, cuyo enlace qued6 efectuado en mi conver-
    saciön con Koenigstein. Nos hallamos aquf enmedio de una
    fäbrica de pensamientos en la que como en un taller.de hila-
    turas y segiin los famosos versos «se entrecruzan mil y mil
    hilos, — van y vienen las lanzaderas, — manan invisible-
    mente las Beueeee un ünico movimiento establece mil en-
    laces.»

    El elemento «monografia», delsuefio, procede, a su vez,
    de dos temas: lo unilateral de mis estudios y lo costoso de
    mis aficiones.

    De este primer examen, sacamos la impresiön de que los
    elementos «monograffa> y «botänica» han sido acogidos en

    - 35 —

  • S.

    BROS RS N N a 2

    el contenido manifiesto por ser los que presentan un mäs
    " eonsiderable nıimero de contactos, con la mayoria de las
    ideas latentes, constituyendo, asi, puntos de con-
    vergencia, enlosque van a reunirse muchas de tales
    ideas, esto es, por entrafiar, con respecto a la interpretaciön,
    una multiplicidad de significaciones. Ex-
    presando en forma distinta el hecho en que jbasamos esta
    explicaciön, podremos decir que cada uno de los elementos
    del contenido manifiesto demuestra hallarse superde-
    terminado y mültiplemente representado en las ideas
    latentes,
    Investigando la emergencia de los demäs elementos del
    suehio en las ideas lafentes realizamos aln nuevos descu-
    brimientos. La lämina en colores contenida en la pägina por
    la que abro el libro, se refiere (v&ase el anälisis) a un nuevo
    tema, la critica de mis obras por mis colegas, a otro ya re-
    presentado en el suefio, mis aficiones, y al recuerdo infantil
    de la destrucciön de un libro que tenfa läminas en colores.
    El espe&cimen disecado de la planta se refiere al suceso del
    herbario escolar y hace resaltar este recuerdo con especial
    energia. Veo, pues, de que genero es la relaciön entre el
    conteuido manifiesto y las ideas latentes: No sölo se hallanı
    mültiplemente determinados los elementos del suefio por las
    ideas latentes, sino que cada una de &stas, se halla asi mis-
    mo representada, en el suefio, por varios elementos. De un
    elemento del suefio conduce el camino de asociaciön a va-
    rias ideas latentes, y de una idea latente, a varios elemen-
    tos del suenio. Asi, pues, la elaboraciön no se verifica sumi-
    nistrando cada una de las ideas latentes o cada grupo por
    ellas formado, una abreviatura destinada al contenido del
    suefio—como los habitantes de una naciön eligen diputados
    que los representen en Cortes—sino que la completa totali-
    dad de las ideas latentes es sometida a una cierta elabora-
    ciön, conforme a la cual, los elementos mäs firme y eficaz-
    mente sustentados, quedan situados en primer termino para
    su acceso al contenido manifiesto, procedimiento anälogo al
    de elecciön por listas electorales. Cualquiera que sea el

    su

  • S.

    LA INIERPREIACION DE LOS SUENOS

    suefio que somefamos a esta diseceiön, confirmaremos los
    mismos principios, esto es, que los elementos del contenido
    manifiesto quedan constituidos a expensas de la totalidad
    de las ideas latentes y cada uno de ellos se muestra mülti-
    plemente determinado con relaciön a dichas ideas.

    No es seguramente ocioso demostrar präcticamente esta
    relaciön entre contenido manifiesto e ideas latentes, con un
    nuevo ejemplo, caracterizado por la complicada trama de
    las relaciones reciprocas. Este suefio procede de un enfer-
    mo de claustrofobia (miedo a los espacios cerrados) al que
    tuve sometido a fratamiento. El titulo que doy a su ingenio-
    sisima construcciön onirica se halla plenamente justificado,
    como el lector verä mäs adelante.

    I. «Un bello suefio.»

    «Acompafiado por un nutrido grupo de gente entra en la
    calle de X. enlacual hay una modesta posada (dato inexac-
    to en la realidad). En las habitaciones de esta posada se
    estä verificando una representaciön teatral y El es tan pronto
    espectador como actor. Al final, tienen todos que cambiarse
    de traje para volver a la cindad. A este fin se designa a una
    parte del personal las habitaciones del piso bajo, y ala otra,
    las del primero. Los de arriba se incomodan porque los de
    abajo no han acabado todavia y no pueden ellos bajar. Su
    hermano estä arriba, &l abajo y se incomoda con aguel por
    que le da tanta prisa (toda esta parte, oscura en el suefio).
    Ademäs, ya al llegar estaban distribufdas las habitaciones y
    determinado quien habia de estar arriba y quien abajo. Lue-
    go, camina solitario por la cuesta arriba que la calle de X.
    forma en direcciön a la ciudad y anda tan dificil y trabajo-
    samente que apenas avanza. Un caballero anciano se une a
    @l e insulta al rey de Italia. Pröximo ya al final de la pen-
    diente, comienza a andar con mayor facilidad.»

    La fatiga al andar fue tan clara en el suefio, que todavia
    al despertar dudö el sujeto, por algunos momentos, si se
    trataba de un suefio o de una realidad.

    Si nos atenemos al contenido manifiesto, no presenta
    este suefio nada que merezca nuestro inter&s. Contra lo re-

    — 515 —

  • S.

    RENTEN RUN EL NZ a VD

    gular, comenzare la interpretaciön por el fragmento que el
    sujeto manifiesta ha sido el mäs claro y preciso.

    La fatiga sofiada y probablemente sentida en el suenio,
    esto es, la disnea al subir la cuesta, es uno de los sintomas
    que el sujeto mostr6 realmente hace algunos anos y fue
    atribufdo, por entonces, con otros fenömenos, a una tuber-
    eulosis (simulada probablemente por la histeria). Conoce-
    mos ya, por nuestro estudio de los suefios exhibicionistas,
    esta sensaciön de parälisis, peculiar al fenömeno onirico, y
    volvemos a comprobar aqui que es utilizada como un mate-
    rial disponible en todo momento, para los fines de otra
    eualquier representaciön. El fragmento onirico que describe
    cömo la subida se hacia muy trabajosa al principio y fäcil
    en cambio al final de la pendiente, me record6, al escuchar
    el relato de este suefio, la conocida y magistral introducciön
    de la «Safo» de Alfonso Daudet. Un joven, sube una esca-
    lera llevando en brazos a su amada. Al principio no siente,
    apenas, el peso del adorado cuerpo, pero conforme va
    subiendo vahaciendosele mäs pesada la carga hasta resultar-
    le intolerable. Esta escena resume la narraciön de Daudet,
    en la cual se propone el poeta advertir a la juventud los pe-
    ligros de prodigar una seria inclinaciön a mujeres de baja
    extracciön y dudoso pasado (1). Aunque sabia que mi
    paciente habia mantenido, y roto poco tiempo antes, rela-
    ciones amorosas con una aciriz, no esperaba yo que mi
    espontänea interpretaciön se demostrase acertada. Ademas,
    la escena de «Safo» se desarrollaba en sentido inverso
    a ıa del suefio, pues en este, es la subida penosa al princi-
    pio y luego fäcil, mientras que para el simbolo de lanovela
    es necesario que aquello que al principio parece ligero resul-
    te luego una pesada carga. Para mi sorpresa, observö el
    paciente que tal interpretaciön se adaptaba muy bien al con-
    tenido de la obra que la noche anterior habfa visto represen-

    (1) Con respecio a esta represenfaciön del poeta habremos de re-
    eordar la significaciön de los sueios en que subimos escaleras, comu-
    nicada al tratar del simbolismo onfrico.

    — #6

  • S.

    LA INTERPREIACION DE LOS SUENOS

    tar en el teatro. Dicha obra se titulaba «En derredor de
    Viena» y desarrollaba la vida de una muchacha de origen
    humilde, que lanzada a la vida galante, «subia» a
    capas mäs altas de la sociedad, por sus relaciones con
    hombres aristocräticos, pero acababa «descendien-
    do» cada vez mäs bajo. El argumento de esta obra le
    habfa recordado otra, titulada «De escalön en es-
    calön», encuyos carteles anunciadores se ostentaba una
    escalera de varios escalones.

    La interpretaciön de este suefio continuö luego en la for-
    ma siguiente: En la calle de X. habfa vivido la actriz con la
    que ültimamente habfa mantenido relaciones. En dicha calle
    no hay posada ninguna. Pero una vez que el sujeto habfa
    pasado parte del verano en Viena, se alojöo (descendiö6)
    en un hotel cercano. Al abandonarlo, dijo al cochero: «Des-
    pues de todo, no estä mal este hotel. Por lo menos, no hay
    en el pulgas ni chinches» (sta era, ademäs, una de sus fo-
    bias). A lo cual, respondiö el cochero: «No se cömo se le
    ha ocurrido a usted venir a parar aqui. Mäs que un hotel, es
    una posada.»

    Al elemento «posada> se enlaza en seguida el recuerdo
    de unos versos de Lihland: «Hace poco, fuf invitado—por un
    amable posadero.» Elposadero de estos versos es un
    manzano.

    Otra cita continia luego la concatenaciön de ideas:
    «Fausto, bailando con la joven: Tuve una vez un bello
    suefio;—Veiaun manzano,—en el que relucfan dos
    bellas manzanas;—me afrajeron, y subf acogerlas.—La
    bella: Mucho os gustan las manzanas—desde los tiempos
    del Paraiso;—y siento una gran alegria—de que tambien las
    haya en mi jardin».

    No puede abrigarse la menor duda sobre aquello aque
    se alude con el manzano y las manzanas. Un bello busto
    era uno de los encantos con los que la actriz habia encade-
    nado al sujeto.

    El conjunto de este anälisis justificaba plenamente la
    sospecha de que el suefio se retrotraia a una impresiön in-

    - 317 —

  • S.

    BEN RIESEN SPEE TOBIT UN SD

    fantil y que, siendo asi, tenfa que referirse a la nodriza del
    sujeto, el cual se halla pröximo a los treinta afios. Para el
    nifio, es efectivamente, el seno de su nodriza, la posada
    donde se alimenta. Tanto la nodriza como «Safo», consti-
    tuyen, en el suefio alusiones a la mujer amada y reciente-
    mente abandonada.

    En el contenido manifiesto aparece tambien el hermano
    (mayor) del paciente. Este se halla abajo yaquel arri-
    ba, circunstancia que consfituye, de nuevo, una inver-
    siön de las circunstancias reales, pues me es conocido
    que el hermano ha perdido su posiciön social, conservändo-
    la, en cambio, mi paciente. En la reproducciön del conteni-
    do manifiesto eludiö el sujeto una expresiön muy corriente:
    — «Mi hermano estaba arriba y yo «parterre»—que
    hubiera transparentado en demasia, aunque inversamente,
    la situaciön real, pues decimos que una persona estä «par-
    terre», cuando ha perdido fortuna y posiciön, esto es,
    cuando podemos decir tambien, de ella,queha «descen-
    dido.» Elhecho de que en esta parte del suefio, quede
    algo representado en una forma invertida tiene que poseer
    un sentido y tal inversiön ha de mostrarse extensiva a otra
    distinta relaciön entre las ideas latentes y el contenido ma-
    nifiesto. El examen de la ültima parte del sueno, en la que
    la «subida» muestra el caräcter inverso aldelaescena
    de «Safo», nos indica claramente cuäl es dicha inver-
    siön: En «Safo», eva el hombre en sus brazos a la mujer
    ligada a El por relaciones sexuales. Asf, pues, en las ideas
    latentes se trata, a la inversa, de una mujer que lle-
    va al hombre, y dado que esto no puede suceder sino en la
    infancia, se referirän dichas ideas a la nodriza que lleva en
    brazos a la criatura y para la cual constituye la crianza del
    pequefio ser, una pesada carga. De este modo, representa
    el suefio a «Safo» y ala nodriza por medio de un mismo
    elemento.

    Asi como el nombre de «Safo» no fue escogido por el
    poeta sin un propösito alusivo a una costumbre lesbiana,
    tambien los fragmentos del suefio que muestran personas

    ih Here

  • S.

    LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS

    ocupadas arriba y abajo se refieren a fantasias de
    contenido sexual, que ocupan la imaginaciön del sujeto y
    que a titulo de impulsos sexuales reprimidos, no carecen de
    relaciön con su neurosis. La interprefaciön misma no nos
    revela que tales elementos latentes, asi representados en el
    suehio, sean, en efecto, fantasias y no recuerdos de hechos
    reales, pues se limita a proporeionarnos un contenido ideo-
    lögico y deja a nuestro cargo el fijar su valor real. Los su-
    cesos reales y los fantästicos aparecen aqui—y no sölo
    aqui sino tambien en la creaciön de productos psiquicos de
    mayor importancia que el sueio— como equivalentes al
    prineipio. La mucha gente, significa, como va indicamos,
    secreto. El hermano no es sino el representante, inclufdo en
    la escena infantil, por un «fantasear retrospectivo>, de todos
    los ulteriores competidores amorosos. Por ültimo, el episo-
    dio del caballero que insulta al rey de Italia se relaciona de
    nuevo por el intermedio de un suceso reciente, pero indife-
    rente en si, con el acceso de personas de baja extracciön a
    cireulos elevados de la sociedad. Es como si a la adverten-
    cia que Daudet dirige a los jövenes hubiera de yuxtaponerse
    otra anäloga dirigida al niio de pecho (1).

    Como tercer ejemplo para el estudio de la condensaciön
    en la elaboraciön onirica, comunicar® aqui el anälisis par-
    cial de otro sueho que debo a una sefiora, ya de edad ma-
    dura, sometida a tratamiento psicoanalitico. Correlativa-
    mente a los graves estados de angustia de que padecia,
    contenfan sus suenos un amplisimo material de ideas sexua-
    les, cuya revelaciön la sorprendiö y atemoriz6 al prinecipio.
    No siendome posible comunicar el anälisis completo parece
    el material onirico dividirse en varios grupos sin conexiön
    visible.

    (1). La nafuraleza fantästica de la situaciön referente a la nodriza
    del sujeto, queda demostrada por la eircunstancia de que el mismo fue
    criado por su propia madre. Ademäs, recordare aquf la anecdofa cita-
    da en päginas anteriores, del joven que lamentaba no haber aprove-
    chado mejor la privilegiada situacion que de nifio hubo de’gozar con
    respecto a su nodriza,

    =

  • S.

    DEREN ARE RR FERRISE NE VD

    Il. Contenido onirico: «Recuerda que tiene
    encerrados en una caja, dos coleöpteros (Maikaefer) a los
    que habrä de dar liberlad si no quiere que se ahoguen. Al
    abrir la caja ve que los dos insectos se hallan muy deprimi-
    dos. Por fin, vuela uno a traves de la ventana abierta, pero
    el otro queda machacado contra una de las hojas de la mis-
    ma, al cerrarla ella, obedeciendo a la indicaciön que alguien
    le hace en tal sentido (manifestaciones de repugnancia).»

    Anälisis: Su marido se halla de viaje. Junto a ella,
    en el lecho conyugal, duerme su hija, muchacha de catorce
    anios. Esta ültima la advirtiö, al acostarse, que habia caido
    una polilla en el vaso de agua, pero ella’no se preocupö de
    sacarla, y al verla por la mafana, lamenta la muerte del
    pobre animalito. En un libro, que ley6 por la noche, se
    euenta c6mo unos nifios arrojan un gato en un caldero de
    agua hirviendo y se describen las convulsiones de la infeliz
    victima. Estas son las dos impresiones, inditerentes en si,
    que mofivan el suefio. A continuaciön pasa al tema de la
    crueldad para con los animales. Su hija
    moströ en alto grado este defecto durante un verano que
    pasaron en el campo. Se dedicö a formar una colecciön de
    mariposas y la pidi6G ars&nico para matarlas. Ulna
    mariposa de gran famafio se le escapö un dia de las manos
    y revoloteö largo rato por la habitaciön con el cuerpo tras-
    pasado por un alfiler. Otra vez, se le murieron de hambre
    unos gusanos que guardaba para observar cömo iban for-
    mando el capullo. Esta misma nifia solia entretenerse, en
    afios an mäs tiernos, arrancando a los coleöpteros y a las
    mariposas las alas y las jpatas. Atortunadamente, se ha co-
    rregido ya de estas tendencias crueles y hoy se horrorizaria
    de tales actos.

    Esta contraposiciön entre los crueles sentimientos ante-
    riores de su hija y la actual bondad de la misma, ocupa
    largo rato su pensamiento y le recuerda otra, la que suele
    existir entre el aspecto exterior de las personas y
    su condiciön moral. Asi, el aristöcrata que seduce
    y abandona a una infeliz muchacha y el obrero de nobles y

    en

  • S.

    LA INTERPRE1IACION DE LOS SUENOS

    elevados pensamientos. El caräcter de una persona no pue-
    de. dedueirse de su aspecto exterior. &Quien po-
    dria conocer porsu aspecto los deseos sensuales que
    a elia la atormentan?

    En la misma epoca durante la cual se dedicaba su hija
    a coleccionar mariposas se hallaba toda la regiön invadida
    por una plaga del coleöptero «melolontha vulgaris» (Maikae-
    fer—literalmente, coleöptero de Mayo) y los chicos se de-
    dicaban a combatirl, machacändolos sin piedad.
    Por entonces, vi6 tambien a un hombre que cogia estos
    insectos, les arrancaba las alas y se los comia. Ella naci6
    y se casö en elmes de Mayo. Tres dias despues de su boda,
    escribiö a sus padres una carta diciendoles que era muy
    feliz. Pero la verdad, era todo lo contrario.

    Durante la tarde anterior al sueno habia estado revisan-
    do cartas antiguas y habia leido, a los suyos, varias de
    ellas, serias unas y cömicas ofras. Entre estas uitimas se
    hallaba una, altamente ridicula de un profesor de piano que
    le habia hecho la corte de muchacha. Luego leyö otra de
    un.aristocrätico pretendiente (1).

    Se reprocha no haber podido impedir que una de sus
    hijas leyese un libro, poco recomendable, de Maupassant (2).
    El ars£&nico que su hija le pidiö en la ocasiön indieada
    le recuerda las pildoras de ars&nico que devuel-
    ven las energias juveniles al Duque de Mora, en el «Nabab»
    de Daudet.

    Al elemento «dar libertad» asocia el recuerdo de un pasa-
    je de la «Flauta encantada»: «No puedo torzarte a amar—
    pero no te devolvere la libertad».

    A los coleöpteros (Maikaefer) las palabras de Kaet-
    chen (5): «Estäs enamorado como un coleöptero.»

    (1) Este es el real estimulo del suenio.

    (@) Aquf afiade la sujeto: Tales leciuras son un veneno para
    las muchachas. Ella misma ley6 en su juveniud gran cantidad de estos
    libros prohibidos.

    (8) Una siguiente serie de asociaciones conduce ala «Penthesilea»
    del mismo autor: erueldad para con las personas amadas.

    —21— a

  • S.

    PN RR RI NEE Re

    En el intermedio recuerda una cita de Tannhäuser: «Por-
    que, poseido por perverso deseo...»

    Vive preocupada y ansiosa, pensando en su marido au-
    sente. El miedo de que pueda sucederle algo se esterioriza
    en numerosas fantasias diurnas. Poco antes, habfa expre-
    sado en sus pensamientos inconscientes, durante el analisis,
    una queja sobre sı «avejentamiento», La idea
    optativa que este suefio encubre, quedarä fransparentada
    con el dato de que varios dias antes del suenio, sobresaltö-
    y horrorizö a la sujeto elimperativo «Ahörcate», que
    dirigido a su marido, surgiö de improviso en su pensamien-
    to, mientras se hallaba vacando a sus ocupaciones de ama
    de casa. Posteriormente se averiguö que algunas horas an-
    tes habia leido que los ahorcados experimentan, en el mo-
    mento de morir, una energica erecciön. Asi, pues, el deseo
    de dicha erecciön era lo que bajo tal disfraz atemorizante,
    resurgfa de la represiön. El imperativo «ahörcate» signifi-
    caba tänto como el de «procirate una erecciön a cualquier
    precio». Las pfldoras de arsenico del Dr. Jenkins en el
    «Nabab» perienecen a este circulo de ideas. La paciente
    sabia tambien que el mäs energico afrodisfaco, la can-
    taridina, se prepara machacando los cuerpos
    de unos coleöpteros. Taleselsentido al que fiende
    la parte principal del contenido manifiesto.

    Efabrir y cerrar las ventanas es una causa constantede
    discusiones con su marido. Este acostumbra a dormir con.
    las ventanas cerradas. Ella, en cambio, prefiere que perma-
    nezcan abiertas.

    En los tres suefios, cuya comunicaciön antecede, he
    hecho resaltar, subrayändolos, aquellos elementos del con-
    tenido manifiesto que retornan en las idea$ latentes, mos-
    trando asi, evidentemente, la mültiple relaciön de los mis-
    mos. Pero dado que en ninguno de estos suefios se ha
    llevado a termino el anälisis, creemos conveniente realizar
    igual labor en un suefio, cuyo anälisis, hayamos comunica-
    do mäs minuciosamente, demostrando en €] la superdeter-
    minaciön de su contenido. Con este objeto, elegiremos ek

    FEB

  • S.

    LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS

    suefio de la inyecciön de Irma, ejemplo en el que reconoce-
    remos, sin esfuerzo, que la labor de condensaciön se sirve,
    en la elaboraciön del suefio, de mäs de un ünico medio.

    El personaje principal del contenido del suefio es Irma,
    mi paciente, que aparece en El con su fisonomfa real y por
    lo tanto se representa, al principio, a si misma. Pero ya su
    colocaciön al reconocerla yo junto a la ventana, estä toma-
    da de un recuerdo referente a otra persona, a aquella sefio-
    ra, a la que segün me revelan las ideas latentes, quisiera yo
    tener como paciente en lugar de Irma. Por el hecho de pa-
    decer &sta una difteritis, enfermedad que me recuerda la de
    mi hija mayor, pasa a representar a östa, deiräs de la cual
    y enlazada’con ella por la igualdad de nombre, se esconde
    la persona de una paciente, muerta por intoxicaciön. En el
    subsiguiente curso del suefio, cambia la significaciön de la
    personalidad de Irma (sin que su imagen onirica varie),
    transformändose en uno de los nifios a los que reconocia-
    mos en la consulta püblica de nuestra clfnica, ocasiön en la
    que demuestran mis dos amigos la diferencia de sus capa-
    cidades intelectuales. El paso de una a otra significaciön
    quedö sin duda facilitado por la representaciön de mi hija,
    en edad infantil. Por la resistencia que opone a abrir bien la
    boca, se convierte la misma Irma en alusiön a otra sefiora,
    reconocida por mi una vez, y luego, dentro del mismo con-
    texto, a mi propia mujer. En las alteraciones patolögicas
    que compruebo en su garganta, hallo ademäs, alusiones a
    toda una serie de otras personas.

    Todas estas personas con las que tropiezo al perseguir
    el elemento «Irma», no entran corporalmente en el suefio
    sino que se esconden deträs de la persona onfrica «Irma»,
    que queda constitufda, de este modo, como una imagen co-
    lectiva, con rasgos contradictorios. Por mi atribuciön a Irma
    de todos aquellos recuerdos mios referentes a aquellas
    otras personas sacrificadas en el proceso de condensaciön,
    queda convertida en representante de las mismas.

    La constituciön de una tal persona colectiva,
    para los fines de la condensaciön onirica, puede llevarse

    _ 58 —

  • S.

    D R o F . Ss « FERRetEr il: D

    tambien a cabo fundiendo en una imagen onirica los rasgos
    actuales de dos o mäs personas. De este modo es como ha
    surgido el doctor M. de mi suenio. Este personaje lleva el
    nombre del doctor M. y habla y actiia como &l, pero su as-
    pecto fisico y sus padecimientos corresponden a otra per-
    sona, a mi hermano mayor. Un ünico rasgo, la palidez, se
    halla doblemente determinado, siendo comün, en la reali-
    dad, a ambas personas. UIn anälogo personaje mixto, es
    el doctor R. en el snefio de mi amigo, que es mi tio. Pero en
    este caso, ha quedado constituida la imagen onirica de un
    tercer modo diferente. No he reunido rasgos fisicos del uno
    con otros,del otro, disminuyendo asi la imagen mnemica de
    cada uno en deferminados detalles, sino que he puesto en
    präctica el procedimiento seguido por Galton para lograr
    sus retratos de familia, esto es proyectar ambas jimägenes
    una sobre ofra, con lo cual resaltan, acentuados, los rasgos
    comunes, y se destruyen los diferentes, apareciendo sölo
    vagamente en la imagen. De este modo, resalta, acentuada,
    como rasgo comün, en la vaga fisonomia formada por su-
    perposiciön de las dos personas diferentes, la barba ru-
    bia, detalle que contiene, ademäs, una alusiön a mi padre
    ya mi mismo, facilitada por la relaciön al encanecimiento.

    La constitueiön de personas colectivas y mixtas es uno
    de los principales medios de que se sirve la condensaciön
    onirica. No fardaremos en tener ocasiön de ocuparnos nue-
    vamente de ella en relaciön con otras cuestiones.

    La asociaciön «disenteria» en el suefio de la inyecciön se
    halla tambi6n mültiplemente determinada: de una parte por
    similicadencia parafäsica con «difteria» (Dysenterie—Diph-
    terie), y de ofra, por larelaciön con el paciente enviado por
    mi a Egipto y cuya histeria logra burlar al medico.

    La meneiön dela «propilena» en elsuehio, se de-
    muestra tambien como un interesanie caso de condensa-
    ciön. Lo que las ideas latentes contenfan, no era «pro-
    pilena» sino «amilena». Pudiera creerse que no ha
    tenido aqui efecto, en la elaboraciön del suefio, mäs que un
    sencillo desplazamiento. Asies, en efecto, pero este despla-

    - Mm —

  • S.

    LA. INTERPRETACION DE LOS SUENOS

    zamiento se halla al servicio de los fines de la condensa-
    ciön, como lo prueba el siguiente apendice que aquf agre-
    gamos al anälisis de este suefio. Deteniendo mi atenciön un
    momento mäs en la palabra «propilena», se me ocu-
    rre que essimilicadentea «propileos» (Propylen-Pro-
    piläen). Con esta palabra se alude no solamente a Atenas
    sino tambien a Munich. A esta ültima ciudad fuf un aho an-
    tes de mi suefio, con ocasiön de una grave enfermedad de
    mi amigo. La intervenciön de este ültimo en mi sueno se
    hace luego indiscutible por la emergencia del elemento
    «trimetilamina», que surge poco despues de
    «propilena».

    Paso por alto la singular circunsfancia de que tanto aquf
    como en otros lugares del anälisis, son utilizadas, para la
    conexiön de ideas, como equivalentes, asociaciones de los
    mäs diversos valores, y cedo a la tentaciön de represenfar-
    me plästicamente el proceso de la sustituciön de la «ami-
    lena>» delcontenido latente por la «propilena» del
    eöntenido manifiesto.

    Supongamos separados, pero enlazados por la contra-
    posiciön, el grupo de representaciones de miamigo Otto,
    que no me comprende, me niega la raz6n y me regala un
    licor que huele a amilena, yeldemiamigo Guillermo,
    que me comprende, me darfa la razön y al que debo tantos
    valiosos datos, entre ellos, algunos, interesantisimos, Bohie
    el quimismo de los procesos sexuales.

    Lo que del’ grupo de Otto ha de despertar particular-
    mente mi atenciön, se halla determinado por los sucesos
    recientes, provocadores del suefio. La amilena perte-
    nece a estos elementos sobresalientes, predestinados a pa-
    sar el contenido manifiesto. El amplio grupo de representa-
    eiones «Guillermo» es precisamente animado por la
    contraposiciön con elgrupo «Otto» yen&lquedan acen-
    tuados los elementos que recuerdan los ya excitados en este
    ültimo. En mi suefio, recurro de una persona que ha des-
    pertado mi desagrado, ante otra que puedo oponerla a
    voluntad y hago que mi amigo responda punto por punto a

    5 —

  • S.

    BEE Br. ED

    mi contradictor. De este modo, la amilena de Otto despierta
    tambien en el otro grupo recuerdos pertenecientes al cireulo
    de la Quimica, y la irimetilamina, apoyada por varios lados,
    llega al contenido manifiesto. Tambien «amilena» po-
    dia llegar inmodificada a dicho contenido, pero sucumbe a
    a la actuaeiön del grupo «Guillermo», siendo buscado
    en toda elärea mnemica que este nombre ocupa, un elemen-
    to que pueda proporcionar una doble determinaciön para
    amilena. Cercanaa amilena, se halla, para la asocia-
    eiön, propilena y desde el grupo «Guillermo»
    sale asuencuentro Munich conlos Propileos. En
    propilena-propileos se encuentran ambos circulos
    de representaciones, y entonces liega este elemento inter-
    medio, como por una especie de transacciön, al contenido
    manifiesto. Se ha creado aqui una especie de elemento
    comäün intermedio que permite una mültiple deter-
    minaciön. Vemos, asi palpablemente, que la deferminaciön
    mülfiple tiene que facilitar el acceso al contenido maniflesto.
    Para la formaciön de este producio intermedio se ha llevado
    a cabo un desplazamiento de la atenciön, desde lo realmente
    pensado, a un elemento pröximo en la asociaciön.

    El estudio del suefio de la inyecciön presenta ya mäs
    claramente a nuestros ojos los procesos de condensaciön
    que tienen efecto en la elaboraciön onfrica. Hemos podido
    reconocer, como peculiaridades de la labor de condensaciön,
    la selecciön de los elementos repetidamente emergentes en
    las ideas lafentes, la formaciön de nuevas unidades (perso-
    nas colectivas y productos mixtos) y la constituciön de ele-
    mentos comunes intermedios. Para que sirve la condensa-
    ciön y que es lo que la impulsa, son interrogaciones que
    nos plantearemos cuando emprendamos el estudio, en con-
    junto, de los procesos psiquicos que se verifican en la ela-
    boraciön de los suefios. Por ahora, nos contentaremos con
    dejar establecida a condensaciön onirica como
    una singular relaciön entre las ideas latentes y el contenido
    manifiesto de los suefios.

    La labor de condensaciön, del suefio, se hace mäs que

    — 5% —

  • S.

    LA INIERPREIACION DE LOS SUENOS

    nunca evidente cuando toma, como objetos, palabras y
    nombres. Las palabras son fratadas con frecuencia, por el
    suehio, como si fueran cosas, y sufren entonces iguales
    uniones, desplazamientos, sustifuciones y. condensaciones
    que las representaciones de cosas. Resultado de estos sue-
    fios, es la creaciön de formaciones verbales singularisimas
    ya veces muy cömicas. LIna vez que un colega me remitiö
    un trabajo suyo, en el que, a mi juicio, se concedia un valor
    exagerado a un moderno descubrimiento fisiolögico, y so-
    bre todo, se frataba de El en terminos harto ampulosos, sone
    a la noche siguiente, una frase que indudablemente se referia
    a dicho trabajo. Esta frase era: «Es &ste un estilo verdade-
    ramentenorekdal». La soluciön de este producto ver-
    bal me resultö, al principio, difi No cabia duda que se ha-
    bfa formado en calidad de parodia de superlativos tales como
    «colosal» y «piramidal», pero no era fäcil adivinar de dönde
    procedia. Por fin, quedö dividido este monstruo verbal en
    losnombres Nora y Ekdal, queson los de dos perso-
    najes de dos conocidas obras de Ibsen. Poco tieınpo antes,
    habia leido un articulo periodistico sobre Ibsen, original
    del mismo autor, cuya ültima obra criticaba en mi suefio.

    il. Una de mis pacientes me comunica un breve sueio
    que fermina en una desatinada combinaciön verbal. Se en-
    euentra con su marido en una fiesta campesina y dice: «Esto
    acabarä en un «Maistollmuetz» general». Al deeir
    esto, tiene, en el suefio, la oscura idea de que aquella pala-
    bra es el nombre de un plato en cuya composiciön entra la
    harina demaiz (mais), una especie de polenta. El anä-
    Jisis divide la palabraen mais (maiz)—toll(loco)
    — mannstoll(ninfömana) yOlmuetz(nom-
    bre de una ciudad), palabras todas que la sujeto,
    reconociö como resios de una conversaciön de sobremesa,
    con sus familiares. Deträs de la palabra «mais» se es-
    condian, amäs de una alusiön a una exposiciön reciente-
    mente inaugurada, las palabras siguientes: Meissen (una
    porcelana de Meissen que representaba un päjaro),
    Miss (la institutriz de sus parientes habia partido para

    Rn

  • S.

    PORT. BE Rn END.

    Olmuetz), mies (que en el «argot» humoristico judio
    significa «malo»). Una larga concatenaciön de ideas y aso-
    ciaciones pariia de cada una de las silabas del ininteligible
    compuesto verbal.

    II. Un joven a cuya casa ha acudido un conocido suyo
    a ültima'hora de la tarde para dejarle una tarjeta, suena aque-
    la noche lo siguiente: «LIn operario espera hasta ültima-hora
    de la tarde, para arreglar el timbre. Despue&s que se ha mar-
    chado, sigue Este sin sonar confinuadamente y sisolo a gol-
    pes. Un criado vuelve a traer al operario, y €] dice: Es cu-
    rioso que tambien aquellas personas que, en general, son
    «tutelrein», no entiendan el manejo de estas cosas».

    Bl indiferente estimulo del suefio no justifica, como se
    ve, sino un solo elemento del contenido. Ademäs, si ha lle-
    gado a constituirse en tal estimulo, ha sido, ünicamente, por
    agregarse a un suceso anterior, indiferente tambien, pero
    que la fantasia del sujeto adorn6, dändole asi importancia.
    Siendo todavia muchacho y viviendo con su padre, tir6 al
    suelo un vaso de agua, que al traspasar los hilos del tim-
    brelohize sonar continuadamente. Sielsonar
    continuadamente corresponde al mojarse, el «sonar a gol-
    pes> serä utilizado para representar la caida de gotas de un
    liquido. La palabra «tutelrein» se divide en ires di-
    recciones distintas, indica, asi, tres de las materias represen-
    tadas en las ideas latentes: «Tutel» significa, en primer
    lugar, «tutela», «curatela» y es, ademäs, una denominaciön
    vulger delpecho femenino.Lasilaba restante «rein» (lim -
    pio) se agrega a las primeras silabas de «Zimmer-
    telegraph» (timbre), para formar «Zimmerrein»,
    palabra que alude al agua vertida sobre el suelo y presenta
    analogias con un apellido de la familia del sujeto (1).

    (1) Esta misma divisiön y yuxtaposiciön de las sflabas—una ver-
    ‚dadera quimica de las mismas—nos sirve en la vigilia para la forma-
    ciön de chistes. El primer lecfor y critico de la presente obra me hizo-
    la objeciön, que otros seguramente habrän de repetir, de «que el sujeto
    del suefio parecia, a veces, demasiado chistoso». Esio es exacto en tan-
    10 en cuanto se refiere sölo al sujeto, y ünicamente vuelve un reproche

    58 —

  • S.

    A INTERPREIACION DE LOS -SUENOS

    \V. En un largo y monötono suefio propio, cuyo ceniro
    era, aparentemente, un viaje por mar, sucedia que la prime-
    raescalaera Hearsing ylasiguiente Fliess. Este
    ültimo nombre es el apellido de mi amigo de B., por cuya
    causa herealizado frecuentes viajes. Pero Hearsing es
    un nombre compuesto de la desinencia «ing», comin a
    gran cantidad de lugares pröximos a Viena: Hietzing,
    Liesing, Moedling (cuyo antiguo nombre fu€E Me-
    delit», embae deliciae», osea meine Freud»)
    yla palabra inglesa «hearsay», equivalente a calum-
    nia. Esta palabra se relaciona con el estimulo onirico indife-
    rente’del dia, una poesia del semanario humoristico «Flie-
    gende: Blaetter». Relacionando la desinencia «ing» con el
    apellido «Fliesis», obtenemos «Vlissingen« nom-
    bre real del puerto en que desembarca mi hermano cuando
    viene a visitarnos desde Inglaterra, El nombre ingles de
    Vlissinge, es Flushing, que en dicho idioma, sig-
    nifica «ruborizarse» y me recuerda a una pacienfe
    que padece de «miedo a «ruborizarse» yuna
    reciente publicaciön de Bechterews sobre esta neurosis,
    publicaciön'cuya lectura me ha sido harto desagradable.

    V. En otra ocasiön fuve un suefio compuesto de dos
    fragmentos separados. El primero es la palabra «Auto-
    didasker», precisamente recordada, y elsegundo coin-
    cide fielmente con una fantasia, breve e inocente, edificada

    cuando ha de hacerse extensivo al interpretador. En la realidad des-
    pierta'no puedo precisamente aspirar al calificativo de schistosos, y si
    mis suefios presentan este caräcter, ello no depende de mi persona,
    sino de las singulares condiciones psicolögicas bajo las cuales es ela-
    borado el suefio, y se halla intiimamente relacionado con la teoria de
    lo chistoso y lo cömico. El suefio se hace chistoso porque encuenira
    cerrado el camino mäs recto e inmediato para la expresiön de sus pen-
    samientos, quedando asf obligado a buscar rodeos. Los lectores pue-
    den convencerse que los suehios de mis pacienies presentan este caräc-
    ter en igual o mayor grado que los mfos. De todos modos, me impuls6
    esie reproche a comparar la tecnica del chiste con la elaboraciön oni-
    rica, empresa que llev& a cabo en mi libro «El chiste y su relaciön con
    lo inconscienie», 1905. —VE&ase el tomo Ill de estas «Obras completas»..

    — 59 —

  • S.

    Bi VRR EINE VE

    pocos dias anfes y cuyo contenido era ei de que cuando
    viera al Profesor N., habria de decirle: «El paciente sobre
    euyo estado le consulte ültimamente no padece, en realidad,
    sino una neurosis, como usted ya suponia>. El neologismo
    «Autodidasker» habrä, pues, de cumplir dos condi-
    ctiones: la de entrafiar 0 representar un sentido comprimi-
    do y la de que dicho sentido se halle relacionado con mi
    propösito diurno de dar al Profesor N. la citada satis-
    facciön.

    «Autodidasker» resulta fäcilmente divisible en
    autor, autodidacta y Lasker, elemento este
    ültimo al que viene a agregarse el nombre de Lasalle. Las
    primeras de estas palabas conducen al ınotivo del suefio,
    importante esta vez: Habfa traido a mi inujer varias obras
    de un autor amigo de mi hermano (). J. David) y que como
    despues de sabido, naciö en el mismo lugar que yo. Una
    tarde, me hablö de la profunda impresiön que le habia pro-
    ‚ducido una de estas obras, en la que se describia la triste
    historia de un talento malogrado, y nuestra conversaciön
    recay6 despues sobre las dotes intelectuales de nuestros
    hijos. Influida por la reciente lectura, expresö mi mujer su
    preocupaciön con respecto al porvenir de los nifios, tranqui-
    lizändola yo con la observaciön de que precisamente los
    peligros a que se referia podian ser alejados por la educa-
    <iön. Por la noche continuaron oeupändome estos pesamien-
    tos, medit& a mi vez sobre aquello que preocupaba a mi mu-
    jer y entreteji con ello muy diversas ideas. LInas manifesta-
    <iones que el poeta habia hecho a mi hermano sobre el
    matrimonio, indicaron a mis pensamientos un nuevo cami-
    no que podia conducir a lo representado por mi suefio. Este
    camino me llevö hasta Breslau, ciudad en la que se
    habia casado una seiora muy amiga nuestra. Con respecto
    ala preocupaciön de la posiblidad de malograr una vida a
    causa de una mujer o de las mujeres, preocupaciön que
    constitufa el nödulo de mi suefio, encontr& los ejemplos de
    Lasker y Lasalle, que me permitieron representar
    simultäneamente los dos generos de tal influencia desgra-

    — 30 —

  • S.

    LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS

    ciada de la mujer (1). El <cherchez la femme» en el que pue-
    den sinfetizarse estos pensamientos, me lleva, aungue en
    distinto sentido, a mi hermano Alejandro, alın solte-
    ro. Advierto, entonces, que Alex, como solemos llamar-
    le familiarmente, suena como una trasposiciön del nombre
    Lasker y que este factor tiene que haber contribuido a
    comunicar a mis pensamientos la direcciön del rodeo em-
    prendido pasando por Breslau.

    Este juego con palabras y silabas, a que aquf me dedi-
    co, entraiia todavia otro sentido. Constituye, en efecto, una
    representaciön del deseo de ver fundar a mi hermano una
    dichosa vida de familia. Esta sustituciön se verifica en la
    forma siguiente: En la novela «L’oeuvre», a la que habia
    de hallarse muy pröximo el contenido de mis ideas latentes,
    describe el poeta, en un pasaje.episödico, su propia felici-
    dad familiar, y se presenta | mismo bajo el nombre de
    Sandoz. Para construir este seudönimo sigui6 segura-
    mente este camino: Zola, lefdo a la inversa (como sue- ”
    len los nifios hacer muchas veces a guisa de eniretenimien-
    to), da Aloz. Esto resultaba demasiado transparente, y
    por lo tanto, sustituy6 la silaba «al», que inicia tambien el
    nombre Alejandro, porla tercera silaba—«sand»—
    del mismo nombre, resultando as Sandoz. Deun modo
    anälogo surgi6, pues, mi «Aufodidasker».

    Mi fantasia de que digo al Profesor N. que elenfermo por
    ambos examinado no padece sino una neurosis, ha llegado
    al sueno del siguiente modo: Poco tiempo antes del verano,
    vino a mi consulta un paciente, cuya eniermedad me fu& im-
    posible diagnosticar. Padecia una grave alteraciön orgänica,
    probablemente medular, pero sin que pudiera afirmarse con
    seguridad. Hubiera sido muy tentador diagnosticar una
    neurosis, con lo cual habrian quedado resueltas todas las
    dificultades, pero el paciente negö en absoluto toda posible
    etiologia sexual, sin la cual no reconozco jamäs la existen-
    cia de una neurosis. En mi incertidumbre, acudi a aquel

    (1) Lasker muriö de parälisis progresiva, consecuencia de una
    infeceiön lusfica, y Lassalle en un duelo por una mujer.

    Sa

  • S.

    > RZ o N, Ss ‘ ARTE TU DD

    medico que me inspira (y no es a mi s6lo) mayor venera-
    eiön y ante cuya autoridad me doblego mäs fäcilmente. Oy6
    mis dudas, las conceptu6 justifieadas y opinö despues:
    «Continie usted observando al sujeto. Es seguramente un
    neuröfico.» Sabiendo que este ilustre medico no comparte
    mis opiniones sobre la etiologia de las neurosis, me abstuve
    de contradecirle fundändome en las declaraciones del pacien-
    te, pero no dej& de expresarle mi incredulidad. Dias despues,
    comunique al enfermo que no sabfa qu& hacer con &l, y le
    aconseje que viera a otro medico. Mas para mi sorpresa co-
    menzö a pedirme perdön por haberme mentido, alegando lo
    habia hecho por vergüenza, y me revelö toda parte de etio-
    logia sexual que yo esperaba y me era precisa para diag-
    nosticar una neurosis. Por un lado, fue esto una satisfacci6n
    para nf, mas por ofro me avergonzaba un fanto, pues tenia
    que confesarme que mi colega habia visto las cosas con mäs
    claridad que yo, sin dejarse engafiar por las manifestaciones
    del enfermo. Por lo tanto, me propuse decirle, en cuanto le
    viese, que fenfa razön, habiendo sido yo el equivocado.
    Esto ültimo es precisamente lo que hago en mi sueno.
    &Pero que realizaciön de deseos puede haber en &l, si reco-
    nozco que estoy equivocado? Precisamente es 2ste mi deseo:
    el de que mis temores o los de mi mujer, que hago mios en
    las ideas latentes, sean equivocados. El tema a que se refie-
    re, enelsuefio, el acierto o la equivocaciön, no se halla muy
    lejano de lo que realmente posee un interes en las ideas laten-
    tes, pues estä constituido por la misma alternativa entre las
    dos perfurbaciones que puede originar la mujer, o mejor di-
    cho, la vida sexual, esto es, la perturbaciön orgänica o la
    f{uncional, la parälisis tabetica o la neurosis. Con esta ültima
    se relaciona algo laxamente el desdichado fin de Lasalle.
    Si el Profesor N. desempenia un papel en este suefo—
    muy coherente y de una gran transparencia ante una inter-
    pretaciön cuidadosa—no es s6lo por esta analogia y por mi
    deseo de equivocarme, ni tampoco por sus relaciones con
    Breslau y con la familia de nuestra amiga alli casada, sino
    por el siguiente pequefio suceso, relacionado con mi con-

    AB

  • S.

    LA INTERPRETIACION DE LOS SUENOS

    sulta con &l. Despues de darme su opiniön sobre el asunto
    profesional que a su casa me habfa conducido, pasö a inte-
    rerarse por mis asuntos personales. 4«Cuäntos hijos tiene
    usted?» —«Seis» —«4Varones o hembras?» —«Tres y tres.
    Mis hijos constituyen todo mi orgullo y todas mis riquezas.»
    —«Cuidado, pues. Las muchachas son fäciles de educar,
    pero con los varones suele uno tropezar con mäs dificulta-
    des.» —A estas palabras, objete yo, que hasta el momento
    se mostraban muy döciles; pero este diagnöstico sobre el
    porvenir de mis hijos me agradaba tan poco como el anterior
    sobre la enfermedad de mi paciente. Estas dos impresiones
    quedaron, pues, unidas por la contigiiidad, y alacoger en
    mi suefio la historia de la neurosis quedo sustituida por ella
    la frase sobre la educaciön de los hijos, la cual se halla mäs
    intimamente relacionada con las ideas latentes, dado que
    presenta una firme conexiön con los temores posteriormente
    expresados por mi mujer. De este modo, mi propio temor de
    que N. pueda acertar con su observaciön sobre las dificul-
    tades de la educaciön de los hijos varones, encuentra acce-
    so a mi suefio, escondiendose deträs de la representaciön
    de mi deseo de que tales temores mios sean equivocados.
    Esta fantasia sirve, sin modificaciön alguna, para la repre-
    sentaciön de los dos miembros opuestos de la alternativa.
    VI. Marcinowski: «Esta madrugada he realiza-
    do halländome en un estado intermedio entre el suefio y el
    despertar, una interesante condensaciön verbal. En el curso
    de una gran cantidad de fragmentos oniricos apenas recor-
    dables, tropec& con una palabra que vi ante mi como medio
    escrita y medio impresa. Esta palabra era «erzefilisch»
    y pertenecia a una frase que pasö a mi memoria consciente
    totalmente aislada y fuera de todo contexto: «Eso actüa
    «erzefilisch» sobre el senfimiento se-
    xual». Almomento me di cuenta de que como realmente
    debia decirse, era «erzieherisch» (educativa
    mente), pero todavia vacile un par de veces, pensando
    si.no seria mäs exacto «erzifilisch». En este mo-
    mento, se me vino a las mientes la palabra «sifilis», y

    Ba

  • S.

    BEN BENDER NEN RE UND

    todavia medio dormido, atormente mi cerebro comenzando
    a analizar, cömo podia este concepto pasar a mi suehio,
    eareciendo yo, personal y profesionalmente, de todo punto
    de contacto con tal enfermedad. A continuaciön se me ocu-
    rri6 la palabra «erzaehlerisch» (de«erzachlen», re-
    latar), asociaciön que aclara la segunda silaba de la forma-
    ciön verbal y me recuerda que ayer tarde fu& inducido por
    nuestra «institutriz» («Erzieherin») ahablar
    sobre el problema de la prostituciön, y para actuar «edu-
    cativamente» (erzieherisch) sobre su vida
    sentimental, no muy normalmente desarrollada, la di el libro
    de Hesse; titulado «Sobre la prostituciön» despues de
    referirla (erzaehlen) algo relativo a estas cues-
    tiones. Al llegar aquf veo claramente que la palabra «sifi-
    lis» no debe ser tomada en su sentido literal sino en el de
    «veneno», relacionändola naturalmente con la vida se-
    xual. La frase de mi suefio queda, pues, traducida en la si-
    guiente forma, perfectamente lögica: «Con mi relato
    (Erzaehlung), he querido actuareducativamen-
    te (erzieherisch) sobre lavida sentimental de mi
    institutriz (Erzieherin), pero, al mismo tiempo
    abrigo el temor de que mis palabras puedan actuar sobre
    ellacomo un veneno.» Erzefilisch—erzae—
    (erzieh—) (erzifilisch)».

    Los productos verbales del suefio son muy semejantes a
    los de la paranoia, que aparecen tambien en la histeria y en
    las representaciones obsesivas. Los juegos verbales en que
    los nifios tratan las palabras como objetos, inventando nue-
    vos igiomas y artificiales palabras compuestas, constituyen,
    en este punto, la fuente comün para el suefio y para las psi-
    coneurosis. ü

    El anälisis de.los desatinados productos verbales cons-
    trufdos por el suefio, es particularmente apropiado para de-
    mostrar la funeiön condensadora de la elaboracion onfrica.
    De los escasos ejemplos aqui comunicados no deberä dedu-
    eir el lector, que un tal material, sölo muy raras veces o in-
    cluso excepcionalmente, llega a ofrecerse a la observaciön.

    5

  • S.

    LA INTERPRETACION DE LOS SUENOS

    Por lo contrario, es frecuentisimo, pero a causa de la depen-
    dencia de la interpretaciön onirica del tratamiento psicoana-
    litico, son muy pocos los anälisis que se anotan y pueden
    comunicarse, y la mayorfa de estos üllimos no resultan com-
    prensibles sino para personas conocedoras de la patologfa
    de las neurosis. A estos anälisis inaccesibles al lector pro-
    fano, pertenece el de un suefio del doctor v. Karpins-
    ka (Int, Zeitschr. f. Psychoanalyse Il, 1914) que contiene la
    insensata formaciön verbal «svingnum elvi». Asi
    mismo, es digna de menciön, la emergencia, en el suenio,
    de una palabra que no carece de sentido, pero que despojada
    del que le es propio reune diversas otras significaciones,
    con respecto a las cuales se conduce como una paläbra
    «falta de sentido>. Tal es el caso del suefo de la «catego-
    ria», sofado por un nino de diez aios y comunicado
    por V. Tausk. En &], categoria>, significa el aparato geni-
    tal femenino, y «categorizar», orinar.

    Allf donde en el suefio aparecen discursos orales, per-
    fectamente diferenciados como tales, de las ideas, se com-
    prueba siempre el principio de que la oraciön onirica proce-
    de de discursos recordados existentes entre el material del
    suefio. El texto de estos discursos es conservado fielmente
    unas veces y otras ligeramente desplazada su expresiön.
    Con frecuencia queda compuesta la oraciön onirica por di-
    versos recuerdos, permaneciendo entonces invariado el tex-
    to y modificado, en cambio, el sentido. Tales discursos no
    sirven, con frecuencia, sino de alusiön a un suceso en el
    que fueron pronunciadas las frases recordadas (1).

    (1) Un joven atacado de representaciones obsesivas, pero que
    conservaba intactas sus funciones inteleetuales, muy desarrolladas,
    me mostr6, hace poco, la üinica excepciön de esta regla. Las oraciones
    que en sus suehos emergfan, no procedian de diseursos ofdos 0 pro-
    nunciados por el, sino que correspondfan al fexto no deformado de
    sus ideas obsesivas, que duranie la vigilia, s6lo modificadas, llegaban
    a su conciencia.

    FIN DEL TOMO PRIMERO DE LA IN-
    TERPRETACIÖN DE LOS SUENOS

    3 —