La teoria de la libido 1923-021/1934.es

Freud, Sigmund (1923-021/1934.es): La teoria de la libido

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    PR O F. 5. FR E U D

    es un sistema como los filosöficos, que parta de unos
    cuantos conceptos fundamentales precisamente defi-
    nidos, intente aprehender con ellos la totalidad del
    universo, y una vez concluso y cerrado no ofrezca
    espacio a nuevos hallazgos y mejores conocimientos.
    Se adhiere mäs bien a los hechos de su campo de
    acciön, intenta resolver los problemas mäs inmediatos
    de la observaciön, tantea sin dejar el apoyo de la
    experiencia, se considera siempre inacabada y estä
    siempre dispuesta a rectificar o substituir sus teorias.
    Tolera tan bien como la Fisica o lo Quimica que sus
    conceptos superiores sean obscuros y sus hipötesis
    provisionales y espera de una futura labor una mäs
    precisa determinaciön de los mismos.

    u
    La teoria de la libido

    Libido es un termino de la teoria de los instin-
    tos, destinado a la designaciön de la manifestaciön
    dinämica de la sexualidad, utilizado ya por A. Moll
    en este sentido (Investigaciones sobre la libido sexua-
    lis, 1898) e introducido por mi en la psicoanälisis. En
    lo que sigue nos limitaremos a seguir qu& desarro-
    lios, aün no determinados, ha experimentado la teo-
    ria de los instintos en la psicoanälisis.

    Antitesis de instintos sexuales
    e instintos del yo. La psicoanälisis, que
    no tard6 en descubrir que habia de fundar todo el su-
    ceder animico en el dinamismo de los instintos ele-
    mentales, se viö en pesima situaciön, pues no habia,

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    en la psicologfa, una teorfa de los instintos y nadie
    podia decirla lo que un instinto propiamente era.
    Reinaba la arbitrariedad mäs absoluta ycada psicölo-
    go admitia tantos instintos como queria y precisamen-
    te los que queria. El primer objeto de estudio de la
    psicoanälisis fueron las neurosis de transferencia (la
    histeria y la neurosis obsesiva). Sus sintomas nacian
    por cuanto impulsos instintivos sexuales habfan sido
    rechazados (reprimidos) por la personalidad (por =1
    yo) y se habfan procurado indirectamente, a trav&s
    de lo inconsciente, una expresiön. Comenzamos,
    pues, por oponer, a los instintos sexuales, instintos del
    yo (instintos de autoconservaciön), y nos encontra-
    mos entonces de acuerdo con la tesis, hecha popular,
    del poeta, que atribuye todo el suceder universal a
    dos ünicas fuerzas: el hambre y el amor. La libido
    era en igual sentido la manifestaciön energetica del
    amor, como el hambre la del instinto de conserva-
    ci6n. La naturaleza de los instintos del yo permane-
    <ci6 asf, en un principio, indeterminada e inaccesible
    al anälisis como todos los demäs caracteres del yo.
    Sin que fuera posible indicar si entre ambas clases de
    instintos debian suponerse diferencias y cuäles podian
    ser &stas.

    La libido primordial. €C.G. Jung in-
    tent6 vencer esta obscuridad por un camino especula-
    tivo admitiendo tan sölo una ünica libido primordial
    que podia ser sexualizada y desexualizada, y coinci-
    dia, por lo tanto, en esencia, con la energia psiquica
    en general. Esta innovaciön era discutible desde el
    punto de vista metodolögico, rebajaba el termino de
    «libido» a la categoria de un sinönimo superfluo y
    forzaba, en la präctica, a distinguir constantemente
    entre libido sexual y asexual. La diferencia entre los

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    instintos sexuales y los instintos con otros fines no
    podia ser suprimida con sölo una nueva definiciön.

    La sublimaciön. El estudio reflexivo de
    las tendencias sexuales sölo analiticamente accesibles
    habia procurado, entretanto, interesantisimos cono-
    cimientos aislados. Lo que se conocia con el nombre
    de instinto sexual era algo muy compuesto y podia
    descomponerse en sus instintos parciales. Cada instin-
    tc parcial se hallaba inmutablemente caracterizado
    por su fueute, esto es, por aquella regiön del
    soma de la cual extrafa el mismo su estimulo. Ade-
    mäs, podian distinguirse en el un objeto yun
    fin. Elfin era siempre su satisfacciön o descarga,
    pero podfa experimentar una mutaciön de la activi-
    dad a la pasividad. EI objeto estaba menos firme-
    mente vinculado al instinto de lo que al principio pa-
    recia, podia ser fäcilmente trocado por otro, y tam-
    bien el instinto que habia tenido un objeto exterior
    podia ser orientado hacia la propia persona. Los di-
    ferentes instintos podian permanecer independientes
    unos de otros,o—en forma an irrepresentable—com-
    binarse, fundirse para una labor comün. Podian tam-
    bien representarse mutuamente, transferirse sus car-
    gas de libido, de manera que la satisfacciön de uno
    quedara substituida por la de otro. EI destino mäs im-
    portante de los instintos parecia serla sublima-
    ciön, enla cual son substituidos por otros el obje-
    to y el fin, de manera que el instinto originalmente
    sexual encuentra su satisfacciön en una funciön no
    sexual ya y mäs elevada desde el punto de vista so-
    cial 0 &tico. Todos estos son rasgos que no se unen
    todavia en una imagen conjunta.

    El narcisismo. Un progreso decisivo re-
    sultö cuando nos arriesgamos al anälisis de la de -

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    mentia praecox y otras afecciones psicöti-
    cas y empezamos con ello a estudiar el yo, al cual
    hasta entonces sölo conocfamos como instancia repre-
    sora y resistente. Descubrimos que el proceso patöge-
    no dela dementia praecox consistia en
    que la libido era retirada de los objetos y retrafda al
    yo, siendo los ruidosos fenömenos patolögicos corres-
    pondientes la consecuencia de los vanos esfuerzos de
    la libido por hallar el camino de retorno a los objetos.
    Es, pues, posible que la libido de los objetos se trans-
    formara en carga del yo, e inversamente. Otras refle-
    xiones mostraron que el yo podia ser considerado
    como un gran depösito de libido, del que aflufa la i-
    bido a los objetos y que se hallaba siempre dispuesto
    a acoger la libido retornada de los objetos. Asf, pues,
    los instintos de conservaciön eran tambien de natura-
    leza libidinosa, eran instintos sexuales que en vez’.de
    los objetos exteriores habian tomado por objeto al
    propio yo. Por nuestra experiencia clinica conocia-
    mos personas que se conducian singularmente como
    si estuvieran enamoradas de si mismas, y habiamos
    dado a esta perversiön el nombre de narcisis-
    mo. Denominamos, pues, a la libido de los instin-
    tos de autoconservaciön, libido narcisis-
    ta, y reconocimos una amplia medida de tal amor
    Propio como el estado primario y normal. La förmula
    primera de las neurosis de transferencia precisaba,
    pues, ahora, no de una rectificaciön, pero si de una
    modificaciön; en lugar de un conflicto entre instintos
    sexuales e instintos del yo hablamos mejor de un
    conflicto entre la libido del objeto y la libido del yo,
    o, puesto que la naturaleza de los instintos era la
    ınisma, entre las cargas del objeto y el yo.
    Aproximaciön aparentealain-

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    terpretaciön de Jung. De este modo
    pareciö como si tambien la lenta investigaciön psico-
    analitica hubiera llegado al mismo resultado que la
    especulaciön de Jung sobre la libido primordial,
    puesto que la transformaciön de la libido del objeto
    en narcisismo trafa consigo inevitablemente una cier-
    ta desexualizaciön, un abandono de los fines sexua-
    les especiales. Pero se impone la refiexiön de que si
    los instintos de autoconservaciön del yo son recono-
    cidos como libidinosos, ello no demuestra que en el
    yo no actüen tambien otros instintos.
    Elinstinto gregario. Seafırma mul-
    tirateralmente la existencia de un instinto gregario es-
    pecial innato que determina la conducta social de los
    hombres e impulsa al individuo a la reuniön en co-
    munidades mäs amplias. La psicoanälisis ha de opo-
    nerse a esta tesis. Si el instinto social es tambien
    innato, puede ser referido sin dificultad a cargas de
    objeto originariamente libidinosas y se desarrolla en
    el individuo infantil como producto de la reacciön a
    octitudes hostiles de rivalidad. Reposa en una forma
    especial de la identificaciön con los demäs.
    Tendencias sexuales de fin in-
    hibido. Los instinttos sociales pertenecen a una
    clase de impulsos instintivos que no requieren forzo-
    samente el calificativo de sublimados, aunque estän
    pröximos a los de este orden. No han abandonado sus
    fines directamente sexuales, pero se ven impedidos
    de alcanzarlos, por resistencias internas, se contentan
    con ciertas aproximaciones a la satisfacciön y esta-
    blecen, precisamente por ello, vinculos singularmente
    firmes y duraderos entre los hombres. A esta clase
    pertenecen especialmente las relaciones carifiosas, ple-
    namente sexuales en su origen, entre padres e hijos,

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    los sentimientos de la amistad y el cariio conyugal,
    nacido de la inclinaciön sexual.

    Reconocimiento de dos clases de
    instintos en la vida animica. La
    labor analitica que, en general, tiende a desarrollar
    sus teorfas independientemente de las otras ciencias,
    al tratarse de la teoria de los instintos se ve obligada
    a buscar apoyo en la biologia. Amplias reflexiones
    sobre los procesos que constituyen la vida y condu-
    cen a la muerte, muestran probable la existencia de
    dos clases de instintos, correlativamente a los proce-
    sos opuestos de construceiön y destrucciön en el or-
    ganismo. Unos de estos instintos, que laboran silen-
    ciosamente en el fondo, perseguirian el fin de condu-
    cir a la muerte al ser vivo, merecerian por lo tanto
    el nombre de «instintos de muerte» y
    emergerian, vueltos hacia el exterior por la acciön
    conjunta de los muchos organismos elementales celu-
    lares, como tendencias de destrucciön ode
    agresiön. Los otros serian los instintos sexuales
    o instintos de vida libidinosos (el Eros) mejor conoci-
    dos analiticamente, cuya intenciön seria formar, con
    la substancia viva, unidades cada vez mäs amplias,
    conservar asi la perduraciön de la vida y llevarla a
    evoluciones superiores. En el ser animado, los instin-
    tos eröticos y los de muerte habrian constitufdo regu-
    larmente mezclas y aleaciones; pero tambien serian
    posibles disociaciones de los mismos. La vida consisti-
    rfa en las manifestaciones del conflicto o de la inter-
    ferencia de ambas clases de instintos, venciendo los
    de destrucciön con la muerte y los de vida (el Eros)
    con la reproduceiön.

    La naturaleza de los instintos.
    Sobre el terreno de esta teoria puede decirse que los

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    instintos son tendencias intrinsecas de la substancia
    viva a la reconstituciön de un estado anterior, 0 sea
    histöricamente condicionadas, de naturaleza conser-
    vadora y como manifestaciön de una inercia o una
    elasticidad de lo orgänico. Ambas clases de instin-
    tos, el Eros y el instinto de muerte, actuarfan y pug-
    narfan entre si desde la primera genesis de la vida.