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VII
No hemos terminado aún con el estudio de la elabo-
ración del sueño. Nos vemos obligados a incluir en
ella, además de la condensación, del desplazamiento
y de la disposición visual del material psíquico, otra
actividad cuya actuación no es reconocible en todos los
sueños. No trataré aquí en detalle esta parte de la
elaboración del sueño y me limitaré a observar que
como más rápidamente podemos formarnos una idea
de su esencia, es aceptando, por lo pronto, la hipótesis
–probablemente inexacta– de que actúa a pos-
teriori sobre el contenido del sueño
ya formado. Su función es entonces la de ordenar
los componentes del sueño, de manera que se reunan
aproximadamente para formar una totalidad, una com-
posición onírica. El sueño recibe así una especie de fa-
chada, que de todos modos, no cubre por completo el
contenido, y sufre al mismo tiempo una primera inter-
pretación provisional que es apoyada por intercalacio-
nes y ligeras variantes. Esta elaboración del contenido
del sueño, sólo se hace posible, dejando subsistir to-
dos sus enigmas y arbitrariedades, y no proporciona
más que una equivocada inteligencia de las ideas la-
tentes, siendo necesario prescindir de esta tentativa de
interpretación al emprender el análisis.Esta parte de la elaboración del sueño deja transpa-
rentarse mejor que ninguna otra su motivación, que
– 265 –S.
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Prof. S. Freud
es el intento de que el sueño resulte
comprensible. El descubrimiento de esta moti-
vación nos revela la procedencia de la actividad a que
la misma da origen, la cual se conduce con el conte-
nido del sueño dado, como nuestra actividad psíquica
normal con cualquier contenido de una percepción que
se sitúe ante ella. Nuestra actividad psíquica acoge
dicho contenido empleando determinadas representa-
ciones de espera y lo ordena ya, al percibirlo, entre
las hipótesis comprensibles. Mas, al hacerlo así, corre
peligro de falsearlo y cae efectivamente en los más
singulares errores cuando no puede situarlo al lado
de algo ya conocido. Sabido es que no podemos con-
templar una serie de signos extraños, ni oír una serie
de palabras desconocidas, sin falsear primero su per-
cepción, situándolos al lado de algo que nos es conoci-
do, impulsados por la preocupación de la comprensi-
bilidad.Aquellos sueños que han experimentado esta elabo-
ración por parte de una actividad psíquica totalmente
análoga al pensamiento despierto, pueden denominar-
se bien compuestos. En otros sueños falta
por completo tal actividad; no se ha intentado siquiera
establecer en ellos un orden ni una interpretación, y al
despertar, sintiéndonos identificados con esta parte de
la elaboración onírica, juzgamos que nuestro sueño
ha sido «confuso y embrollado». Mas, para el análisis,
tienen tanto valor aquellos sueños que semejan un
desordenado montón de fragmentos incoherentes,
como los que presentan una lisa superficie continua.
En el primer caso, nos ahorramos el esfuerzo de des-
truir de nuevo, por medio del análisis, la elaboración
del contenido manifiesto.Sería, sin embargo, un error, el no ver en estas fa-
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chadas de los sueños más que tales elaboraciones,
realmente confusas y asaz arbitrarias, del contenido
manifiesto, por la instancia consciente de nuestra vida
anímica. Para la construcción de la fachada del sueño
se emplean con frecuencia fantasías optativas que se
hallan ya formadas en las ideas latentes, y que son del
mismo género que las que conocemos por pertenecer
a nuestra vida despierta y llamamos apropiadamente
«sueños diurnos». Las fantasías optativas que el aná-
lisis descubre en los sueños nocturnos, revelan ser re-
peticiones y transformaciones de escenas infantiles, y
de este modo nos muestra inmediatamente la fachada
del sueño, en algunos de éstos, el verdadero nódulo
del mismo, desfigurado por la mezcla con otro ma-
terial.Las cuatro actividades mencionadas son las únicas
que pueden descubrirse en la elaboración del sueño.
Si sostenemos nuestra definición de que el concepto
«elaboración del sueño» significa la traslación de las
ideas del sueño al contenido del mismo, tendremos
que decirnos que dicha elaboración no es en modo al-
guno creadora: no desarrolla ninguna fantasía propia,
no juzga ni concluye nada y su función se limita a
condensar el material dado, desplazarlo y hacerlo apto
para la representación visual, actividades a las que se
agrega el último trozo, inconstante, de elaboración
interpretativa. Algo se halla también en el contenido
del sueño, que se quisiera considerar como el resulta-
do de una distinta y más elevada función intelectual,
pero el análisis demuestra siempre convincentemente
que estas operaciones intelectuales
han tenido lugar ya en las ideas del
sueño, habiéndose limitado el conte-
nido del sueño a acogerlas en sí. UnaS.
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consecuencia, en el sueño, no es otra cosa que la repe-
tición de una conclusión que ha tenido lugar en las
ideas latentes, apareciendo incontrovertible cuando ha
pasado al sueño sin sufrir transformación alguna, e in-
sensata cuando ha sido desplazada sobre otro mate-
rial, por la elaboración. Una operación aritmética in-
cluída en el contenido manifiesto, no significa otra cosa
sino que entre las ideas latentes se encuentra un cálcu-
lo, el cual es siempre exacto, mientras que la opera-
ción que aparece en el sueño puede dar los más ab-
surdos resultados, por condensación de sus factores
y desplazamiento sobre otro material del modo de rea-
lizarla. Ni siquiera las frases que se hallan en el con-
tenido del sueño son de nueva composición, pues se
revelan como construídas con fragmentos de frases
pronunciadas, oídas o leídas por el sujeto, y renova-
dos en las ideas latentes, copiando con toda fidelidad
su forma, pero prescindiendo por completo de la cau-
sa que las motivó y alterando enormemente su sen-
tido.No es, quizá, superfluo apoyar con algunos ejemplos
estas últimas afirmaciones:
1. Un sueño aparentemente inocente y bien com-
puesto, de una paciente mía.
«Va al mercado con su cocinera, la cual lleva su
cesta. El carnicero, al que piden algo, las contesta:
«No hay ya», y quiere despachar otra cosa dife-
rente, observando: «Esto también es bueno». Ella
rehusa la oferta y se dirige al puesto de la verdulera,
la cual quiere venderla una extraña verdura, atada
formando manojo y de color negro. Ella dice enton-
ces: «No he visto nunca cosa seme-
jante. No la compro».
La frase «No hay ya» procede del tratamiento. YoS.
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UNA TEORIA SEXUAL Y OTROS ENSAYOS
mismo había explicado a la paciente días antes, que
en la memoria del adulto no hay ya nada de
sus más antiguos recuerdos infantiles, los cuales han
sido sustituídos por transferencias y por sueños. Soy
yo, por lo tanto, el carnicero.La segunda frase: «No he visto nunca cosa seme-
jante» fué pronunciada en otra ocasión totalmente dis-
tinta. El día anterior había exclamado la paciente al
regañar a su cocinera, que como hemos visto, aparece
también en el sueño: «Tiene usted que conducirse más
correctamente. ¡No he visto nunca cosa semejante!»,
esto es, no permito tal comportamiento. El trozo más
inocente de esta frase, llegó por desplazamiento, a in-
cluirse en el contenido del sueño. En cambio, en las
ideas latentes, solo el otro trozo de la frase desempe-
ñaba un papel determinado, pues la elaboración del
sueño transformó hasta hacerla irreconocible y darla
el aspecto de una total inocencia, una situación fan-
tástica, en la cual yo me conducía inco-
rrectamente en un cierto sentido, con
la señora de referencia. Esta situación, esperada en la
fantasía, no es, además, sino una nueva edición de
una escena realmente vivida por la paciente, en oca-
sión anterior.2. Un sueño aparentemente insignificante y en el
que aparecen números. «Ella quiere pagar alguna cosa;
su hija saca de su bolsillo: 3 florines 65 cén-
timos. Pero ella le dice: «¿Qué haces?» No cues-
ta más que «21 céntimos».El sujeto de este sueño era una señora extranjera,
que había hecho ingresar a su hija en un estableci-
miento pedagógico de Viena, y que se sometió a mi
tratamiento. En el día del sueño, le había indicado laS.
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directora del establecimiento la conveniencia de dejar
en él a su hija un año más. En este caso hubiera ella
podido prolongar por dicho tiempo su tratamiento cu-
rativo. Los números del sueño adquieren su significa-
ción al recordar que el tiempo es oro. Time is money.
Un año es igual a 365 días, o expresado en
céntimos, a 365 céntimos, 3 florines 65 céntimos. Los
21 céntimos corresponden a las tres semanas
que restaban hasta el final del año escolar y,
por lo tanto, hasta el día en que habría que dar por
terminado el tratamiento. Eran seguramente razones
económicas las que habían llevado a la señora a re-
chazar la indicación de la directora del colegio y las
que motivaban la pequeñez de la cantidad que apare-
cía en el sueño.3. Una joven señora, casada hacía varios años,
supo que una amiga suya de su misma edad, Elisa L.,
había celebrado sus esponsales. Esta noticia motivó
el sueño siguiente: «Se halla en el teatro, con su mari-
do. Una parte del patio de butacas está desocupada.
Su marido la cuenta que Elisa L. y su prometido hu-
bieran querido ir también al teatro, pero no habían
conseguido más que muy malos puestos, tres por 1 flo-
rín 50 céntimos, y no quisieron tomarlos. Ella contes-
ta que el no haber podido ir aquella noche al teatro
no es ninguna desgracia».Nos interesa averiguar en este sueño, de qué ideas
latentes proceden los números que aparecen en el con-
tenido manifiesto y cuáles han sido las transformacio-
nes por las que dichas ideas han pasado. ¿De dónde
procede la cantidad de 1,50 florines? De un motivo in-
diferente del día anterior. Su cuñada había recibido
como regalo de su hermano, el marido de la protago-
nista del sueño, la suma de 150 florines y se habíaS.
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U N A T E O R I A S E X U A L Y O T R O S E N S A Y O S
a p r e s u r a d o a gastarlos comprándose un objeto
de adorno. Observaremos que 150 florines son 100
veces 1 florín 50 céntimos. Para el número t r e s , de
los billetes, del teatro no se encuentra más enlace que
el de que Elisa L., la amiga prometida, es precisamente
tres meses más joven que la sujeto del sueño. La si-
tuación que en éste aparece, es la reproducción de un
pequeño suceso que motivó las burlas de su esposo.
En una ocasión se había a p r e s u r a d o a tomar,
con gran anticipación, billetes para una representación
teatral, y cuando entraron en el teatro vieron que u n a
p a r t e del patio de b u t a c a s quedaba
casi vacía. No había, pues, necesidad de haber-
se apresurado tanto a tomar las localidades. No deje-
mos, por último, pasar desapercibido el a b s u r d o
del sueño en el que aparece que dos personas tienen
que tomar tres localidades.Veamos ahora las ideas latentes de este sueño. Ha
sido un d i s p a r a t e casarme tan joven; n o t e n í a
n e c e s i d a d n i n g u n a de a p r e s u r a r m e
t a n t o. En el ejemplo de Elisa L. veo que no me
hubiese faltado un marido, y además, uno cien
veces mejor (Schatz–marido, novio, tesoro), si
hubiera esperado. Tres maridos como ese hubiera
podido comprarme con el mismo dinero (dote).S.
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Los sueños1901-001/1922.es