Los sueños1901-001/1922.es
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    nitales masculinos, y armarios, cajas, coches o estu-
    fas, los femeninos, el tertium comparationis, lo común
    de tales sustituciones, nos es inmediatamente com-
    prensible; mas no en todos los símbolos nos es tan fá-
    cil la aprehensión de las relaciones de enlace. Símbo-
    los como el de la escalera o del subir, para el comer-
    cio sexual; el de la corbata, para el miembro masculino,
    y el de la madera, para el órgano femenino, excitan
    nuestra duda en tanto que no llegamos por otros ca-
    minos al conocimiento de las relaciones simbólicas.
    Además, muchos de los símbolos del sueño son bise-
    xuales y pueden referirse a los genitales masculinos o
    a los femeninos, según el contexto en que se hallen in-
    cluidos.

    Existen símbolos de difusión universal, que se hallan
    en los sueños de todos los individuos pertenecientes a
    un mismo grado de civilización o que hablan un mis-
    mo idioma, y otros de limitadísima aparición indivi-
    dual que han sido formados por el sujeto aislado, uti-
    lizando su material de representaciones propio. Entre
    los primeros, se distinguen aquellos cuya aspiración a
    representar lo sexual se halla suficientemente justifica-
    da por los usos del idioma (por ejemplo, los símbolos
    procedentes de la agricultura; reproducción, semilla) y
    otros cuya relación con lo sexual parece alcanzar a los
    más antiguos tiempos y a las más oscuras profundida-
    des de la formación de nuestros conceptos. La fuerza
    creadora de símbolos no ha desaparecido aún en
    nuestros días. Puede observarse que determinados
    descubrimientos modernos (tales como los globos di-
    rigibles) son elevados en el acto a la categoría de sím-
    bolos sexuales de empleo universal.

    Será equivocado esperar que un más fundamen-
    tal conocimiento del simbolismo del sueño (del

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    UNA TEORIA SEXUAL Y OTROS ENSAYOS

    «lenguaje de los sueños»), nos permite prescindir de
    interrogar al sujeto por sus asociaciones y nos con-
    duzca de nuevo y por completo a la técnica de la anti-
    gua interpretación de los sueños. Aparte de los símbo-
    los individuales y de las variantes en el empleo de los
    universales, no se sabe nunca si un elemento del sue-
    ño debe interpretarse simbólicamente o conforme a su
    verdadero sentido, y se sabe, en cambio, con seguri-
    dad, que no todo el contenido del sueño debe interpre-
    tarse simbólicamente. El conocimiento del simbolismo
    del sueño nos proporcionará tan sólo la traducción
    de algunos componentes del contenido manifiesto,
    pero no hará innecesarias las reglas técnicas antes
    expuestas. En cambio, constituirá el más importante
    medio auxiliar de la interpretación en aquellos casos
    en que faltan, o son insuficientes las ocurrencias del
    sujeto.

    El simbolismo del sueño resulta también imprescin-
    dible para la inteligencia de los llamados sueños «típi-
    cos» de los hombres y de los sueños «repetidos» del in-
    dividuo aislado. Si el estudio de la forma expresiva
    simbólica del sueño ha resultado demasiado incomple-
    to en esta breve exposición, ello está justificado por un
    hecho que pertenece a los más importantes, de los que
    con estos problemas se relacionan. El simbolismo oní-
    rico va mucho más allá de los sueños. No pertenece a
    ellos como cosa propia, sino que domina de igual ma-
    nera la representación en las fábulas, mitos y leyendas,
    en los chistes y en el folklore, permitiéndonos descubrir
    las relaciones íntimas del sueño con estas produccio-
    nes. Mas debemos tener en cuenta que no constituye un
    producto de la elaboración del sueño, sino que es una
    peculiaridad–probablemente de nuestro pensamiento
    inconsciente–que proporciona a dicha elaboración el

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    PROF. S. FREUD

    material para la condensación, el desplazamiento y la
    dramatización 1).


    1)Sobre el simbolismo de los sueños se hallarán otros datos
    en los antiguos libros sobre la interpretación de los mismos (Ar-
    temidoro de Daldis, Scherner, Das Leben des Traumes, 1861), y
    además, en nuestra obra «La interpretación de los sueños», en
    los trabajos mitológicos de la escuela psicoanalítica y, ante todo,
    en los trabajos de W. Stekel («Die Sprache des Traumes» 1911).