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    PROLOGO DE LA PRIMERA EDICION

    La Biblioteca Nueva se propone publicar, vertidas al cas-
    tellano, las obras completas del gran psiquiatra vienés Sig-
    mundo Freud. La empresa me parece sobremanera acertada,
    y contribuirá enérgicamente a atraer la atención de un públi-
    co amplio sobre los asuntos psicológicos. Han sido, en efec-
    to, las ideas de Freud la creación más original y sugestiva
    que en los últimos veinte años ha cruzado el horizonte de la
    Psiquiatría. Su aparición motivó ardientes y dilatadas polémi-
    cas. En torno a Freud se fué formando un tropel cuantioso
    de discípulos y fieles, que propagaron por todo el mundo la
    nueva fe, fundaron revistas, anuarios y bibliotecas. La clari-
    dad no exenta de elegancia con que Freud expone su pensa-
    miento, proporciona a su obra un círculo de expansión inde-
    finido. Todo el mundo–no sólo el médico o el psicólogo–
    puede entender a Freud y, cuando no convencerse, recibir de
    sus libros fecundas sugestiones.

    Como en el orden de la funcionalidad corporal o fisiológi-
    ca casi todos los grandes progresos durante el siglo xix han
    sido debidos a los médicos, esto es, a la necesidad inaplaza-
    ble de curar al enfermo, así estas teorías psicológicas se han
    originado en la urgencia clínica del psiquiatra. Los laborato-
    rios aprontaban escasísimos recursos al médico para actuar
    sobre las enfermedades propiamente mentales, a las que no
    se ha logrado descubrir una base de perturbación somática.
    Muy cuidadosa la investigación de la exactitud en los méto-
    dos que empleaba, prefería ser fiel a ellos, que ensayar
    audazmente procedimientos empíricamente eficaces. Así

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    quedaba demorado todo avance clínico hasta las kalendas
    griegas.

    Freud tuvo la osadía de querer curar, cualquiera que fue-
    se la castidad lógica de los procedimientos. Para ello se re-
    solvió a tomar en serio el carácter de «mentales» y no somá-
    ticos, que se atribuye a ciertos trastornos. Pensó que, en
    verdad, la psique, como tal, podía hallarse valetudinaria, su-
    frir heridas psíquicas, padecer como hernias espirituales, a
    que sólo podía aplicarse una cirugía psicológica. De aquí na-
    ció la psicoanálisis, terapéutica de sesgo extraño y dramáti-
    co que en tomos sucesivos hallará expuesta el lector.

    De tal propósito surgió para Freud la necesidad de elabo-
    rar todo un sistema psicológico, construido con observacio-
    nes auténticas y arriesgadas hipótesis. No hay duda de que
    algunas de estas invenciones–como la «represión»–queda-
    rán afincadas en la ciencia. Otras parecen un poco excesivas
    y, sobre todo, un bastante caprichosas. Pero todas son de
    simpar agudeza y originalidad.

    Lo más problemático en la obra de Freud es, a la vez, lo
    más provechoso. Me refiero a la atención central que dedica
    a los fenómenos de la sexualidad. Para Freud, neurosis y
    psicosis son perturbaciones engendradas por conflictos se-
    xuales de la infancia. Freud amplía notablemente el concep-
    to de la sexualidad que suele llamar «libido», pero aun así,
    ¿no deja su obra siempre la inquietud de que se nos invita a
    aceptar una hipótesis desmesurada? Sin embargo, cualquiera
    que sea la medida dentro de la cual este sexualismo psiquiá-
    trico de Freud pueda considerarse verídico, ha servido para
    que, al cabo, entre la ciencia a ocuparse seriamente del ero-
    tismo, tradicionalmente cerrado a la investigación. Lo que
    hasta ahora podía decirse de la libido era tan poco, que con-
    trastaba absurdamente con la innegable importancia de esta
    función biológica dentro de la vida psíquica.

    La necesidad de descubrir los escondrijos del «alma» don-
    de vienen a ocultarse esos tumores afectivos, generadores
    según Freud de las enfermedades mentales, le llevó a pene-
    trar en el territorio de los sueños. Su libro sobre la vida de

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    PROLOGO

    los sueños es una de las producciones más interesantes del
    pensamiento contemporáneo. En él desarrolla Freud la idea
    de que nuestra conciencia fabrica constantemente símbolos
    de la sexualidad, a veces de una pureza sublime y de una in-
    materialidad platónica inefable.

    El descubrimiento de este simbolismo permitió al médico
    de hoy extender su clínica a los tiempos pasados y aplicar la
    psicoanálisis a los genios del pretérito, a las mitologías, reli-
    giones y formas sociológicas.

    El libro presente es el más adecuado para introducir en
    el pensamiento freudiano a las gentes curiosas que hasta
    ahora lo desconocían. Poco a poco se va viendo en él apare-
    cer el ingenioso edificio de observaciones y supuestos con
    que Freud pone cerco al secreto palpitante de nuestra intimi-
    dad psíquica.

    JOSE ORTEGA Y GASSET