Los sueños1901-001/1929.es
  • S.

    231

    IX

    Después de haber fijado el concepto de la represión y
    haber relacionado la deformación del sueño con el material
    psíquico reprimido, podemos expresar ya, con toda generali-
    dad, el resultado capital del análisis de los sueños. De aque-
    llos que se muestran comprensibles y presentan un claro
    sentido, hemos averiguado que son francas realizaciones de
    deseos, esto es, que la situación del sueño constituye en
    ellos la satisfacción de un deseo conocido de la conciencia,
    que ha quedado sin realizar en el día y es digno de interés.

    Sobre los sueños oscuros y embrollados nos enseña también
    el análisis algo análogo: la situación del sueño presenta tam-
    bién realizado un deseo que surge regularmente de las ideas
    latentes, pero la representación es irreconocible, no pudiendo
    aclararse sino por medio del análisis, y el deseo ha sucumbi-
    do a la represión y es extraño a la conciencia o está íntima-
    mente ligado a ideas reprimidas que lo sustentan. La fórmula
    para tales sueños será, pues, la siguiente: Sonrealiza-
    cionesdisfrazadas, dedeseosreprimi-
    dos. Es muy interesante observar aquí, que la opinión po-
    pular está en lo justo cuando considera el sueño como pre-
    dicción del porvenir. En realidad, es el porvenir lo que el
    sueño nos muestra, mas no el porvenir real, sino el que nos-
    otros deseamos. El alma popular se produce aquí, según su
    costumbre, creyendo lo que desea.

    Por su carácter de realización de deseos se dividen los
    sueños en tres clases: En primer lugar, aquellos que mues-
    tran francamenteundeseonoreprimido. En
    segundo, los que exteriorizan disfrazadamente un

  • S.

    232

    deseo reprimido, esto es, la mayoría de aquellos que
    necesitan del análisis. Y en tercer lugar, aquellos otros, que
    si bien representan un deseo reprimido, lo hacen sin dis-
    fraz alguno o con un disfraz insuficiente. Estos últimos sue-
    ños suelen presentarse acompañados de angustia, sen-
    sación que acaba por interrumpirlos y que es aquí un susti-
    tutivo de la deformación, siendo evitada por la elaboración,
    en los sueños de la segunda clase. Puede demostrarse, sin
    gran dificultad, que el contenido ideológico que nos produce
    angustia o terror, fué en su día un deseo y sucumbió después
    a la represión.

    Existen también sueños, cuyo contenido es claro y peno-
    so, pero no produce sensación desagradable alguna. No pue-
    den éstos, por lo tanto, contarse entre los sueños de angus-
    tia, y han servido siempre para demostrar la insignificancia y
    la falta de valor psíquico de los sueños. El análisis de un tal
    ejemplo mostrará que se trata de realizaciones, bien dis-
    frazadas, de deseos reprimidos, esto es, de sueños per-
    tenecientes a la segunda de las clases establecidas, y nos
    hará ver, así mismo, con toda claridad, cuán excelentemente
    lleva a cabo el proceso de desplazamiento la ocultación del
    deseo prohibido.

    Una muchacha soñó que había muerto el único hijo que
    le quedaba a su hermana, de dos que había tenido, y que su
    cadáver se hallaba colocado en la misma forma y rodeado
    por las mismas personas que el de su hermano fallecido an-
    teriormente. Tal sueño no produjo ningún sentimiento de
    dolor a la muchacha, pero ésta se resistió luego a aceptar
    que correspondiera a un deseo suyo. Esto es hasta cierto
    punto cierto, pues la verdad del caso es que años atrás había
    visto y hablado por última vez al hombre a quien amaba,
    junto al ataúd del niño que había muerto. Si ahora muriera el
    otro, volvería ella seguramente a encontrar a aquel hombre
    en casa de su hermana. Anhela este encuentro, pero sus sen-
    timientos rechazan la triste ocasión en que podría verificarse.
    El mismo día del sueño había tomado una entrada para una
    conferencia que iba a dar aquel hombre, al que seguía aman-

  • S.

    233

    do. Su sueño es, por lo tanto, un simple sueño de impacien-
    cia, como suelen presentarse de costumbre antes de los via-
    jes, representaciones teatrales u otros placeres vivamente
    esperados. Mas para ocultarla su anhelo, queda desplazada
    la situación a una ocasión impropia de todo sentimiento de
    regocijo y que realmente se ha presentado ya una vez. Ob-
    sérvese, además, que los afectos que aparecen en el sueño,
    no corresponden al contenido desplazado, sino al verdadero
    contenido retenido. La situación del sueño adelanta el en-
    cuentro tanto tiempo deseado y no ofrece ocasión alguna
    para una sensación dolorosa.