Los sueños1901-001/1929.es
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    VII

    No hemos terminado aún con el estudio de la elaboración
    del sueño. Nos vemos obligados a incluir en ella, además de
    la condensación, del desplazamiento y de la disposición vi-
    sual del material psíquico, otra actividad cuya actuación no es
    reconocible en todos los sueños. No trataré aquí, en detalle,
    esta parte de la elaboración del sueño y me limitaré a obser-
    var que como más rápidamente podemos formarnos una idea
    de su esencia, es aceptando, por lo pronto, la hipótesis–pro-
    bablemente inexacta–de que actúa a a posteriori
    sobre el contenido del sueño ya formado.
    Su función es, entonces, la de ordenar los componentes del
    sueño, de manera que se reunan aproximadamente para for-
    mar una totalidad, una composición onírica. El sueño recibe
    así una especie de fachada, que de todos modos, no cubre por
    completo el contenido, y sufre, al mismo tiempo, una primera
    interpretación provisional que es apoyada por intercalaciones
    y ligeras variantes. Esta elaboración del contenido del sueño
    deja subsistir todos sus enigmas y arbitrariedades, y no pro-
    porciona más que una equivocada inteligencia de las ideas
    latentes, siendo necesario prescindir de esta tentativa de in-
    terpretación al emprender el análisis.

    Esta parte de la elaboración del sueño deja transparentar-
    se mejor que ninguna otra su motivación, que es el intento
    de que el sueño resulte comprensible.
    El descubrimiento de esta motivación nos revela la proceden-
    cia de la actividad a que la misma da origen, la cual se con-
    duce, con el contenido del sueño dado, como nuestra activi-
    dad psíquica normal con cualquier contenido de una percep-
    ción.

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    ción que se sitúe ante ella. Nuestra actividad psíquica acoge
    dicho contenido empleando determinadas representaciones
    previas y lo ordena ya, al percibirlo, entre las hipótesis com-
    prensibles. Mas, al hacerlo así, corre peligro de falsearlo, y
    cae, efectivamente, en los más singulares errores, cuando no
    puede situarlo al lado de algo ya conocido. Sabido es que no
    podemos contemplar una serie de signos extraños, ni oír una
    serie de palabras desconocidas, sin falsear primero su percep-
    ción, situándolos al lado de algo que nos es conocido, impul-
    sados por la preocupación de la comprensibilidad.

    Aquellos sueños que han experimentado esta elaboración
    por parte de una actividad psíquica totalmente análoga al pen-
    samiento despierto, pueden denominarse bien compues-
    tos. En otros sueños, falta por completo tal actividad; no
    se ha intentado siquiera establecer en ellos un orden ni una
    interpretación, y al despertar, sintiéndonos identificados con
    esta parte de la elaboración onírica, juzgamos que nuestro
    sueño ha sido «confuso y embrollado». Mas, para el análisis,
    tienen tanto valor aquellos sueños que semejan un desorde-
    nado montón de fragmentos incoherentes, como los que pre-
    sentan una lisa superficie continua. En el primer caso, nos
    ahorramos el esfuerzo de destruir de nuevo, por medio del
    análisis, la elaboración del contenido manifiesto.

    Sería, sin embargo, un error, no ver en estas fachadas de
    los sueños más que tales elaboraciones, realmente confusas y
    asaz arbitrarias, del contenido manifiesto, por la instancia cons-
    ciente de nuestra vida anímica. Para la construcción de la fa-
    chada del sueño se emplean, con frecuencia, fantasías optativas
    que se hallan ya formadas en las ideas latentes, y que son del
    mismo género que las que conocemos por pertenecer a nuestra
    vida despierta y llamamos, apropiadamente, «sueños diurnos».

    Las fantasías optativas que el análisis descubre en los sueños
    nocturnos, revelan ser repeticiones y transformaciones de es-
    cenas infantiles, y de este modo, nos muestra inmediatamente
    la fachada del sueño, en algunos de éstos, el verdadero nó-
    dulo del mismo, desfigurado por la mezcla con otro material.

    Las cuatro actividades mencionadas son las únicas que


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    pueden descubrirse en la elaboración del sueño. Si sostene
    mos nuestra definición de que el concepto «elaboración del
    sueño» significa la traslación de las ideas del sueño al conte-
    nido del mismo, tendremos que decirnos que dicha elabora-
    ción no es, en modo alguno, creadora: no desarrolla ninguna
    fantasía propia, no juzga ni concluye nada y su función se li-
    mita a condensar el material dado, desplazarlo y hacerlo apto
    para la representación visual, actividades a las que se agrega
    el último trozo, inconstante, de elaboración interpretativa.
    Algo hallamos también en el contenido del sueño, que quisié-
    ramos considerar como el resultado de una distinta y más ele-
    vada función intelectual, pero el análisis demuestra siempre
    convincentemente, que estas operaciones inte-
    lectuales han tenido lugar ya en las ideas
    del sueño, habiéndose limitado el conte-
    nido del sueño a acogerlas en sí. Una con-
    secuencia, en el sueño, no es otra cosa que la repetición de
    una conclusión que ha tenido lugar en las ideas latentes, apa-
    reciendo incontrovertible cuando ha pasado al sueño sin su-
    frir transformación alguna, e insensata cuando ha sido despla-
    zada sobre otro material, por la elaboración. Una operación
    aritmética incluída en el contenido manifiesto, no significa
    otra cosa sino que entre las ideas latentes se encuentra un
    cálculo, el cual es siempre exacto, mientras que la operación
    que aparece en el sueño puede dar los más absurdos resulta-
    dos, por condensación de sus factores y desplazamiento, so-
    bre otro material, del modo de realizarla. Ni siquiera las fra-
    ses que se hallan en el contenido del sueño son de nueva
    composición, pues se revelan como construídas con fragmen-
    tos de frases pronunciadas, oídas o leídas por el sujeto, y re-
    novados en las ideas latentes, copiando con toda fidelidad su
    forma, pero prescindiendo por completo de la causa que las
    motivó y alterando enormemente su sentido.

    No es, quizá, superfluo apoyar con algunos ejemplos estas
    últimas afirmaciones:

    1. Un sueño aparentemente inocente y bien compuesto,
    de una paciente mía.

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    «Va al mercado con su cocinera, la cual lleva su cesta. El
    carnicero, al que piden algo, las contesta: «No hay ya»,
    y quiere despachar otra cosa diferente, observando: «Esto
    también es bueno». Ella rehusa la oferta y se dirige al puesto
    de la verdulera, la cual quiere venderla una extraña verdura,
    atada formando manojo y de color negro. Ella dice entonces:
    «No he visto nunca cosa semejante. No la
    compro».

    La frase «No hay ya» procede del tratamiento. Yo mismo
    había explicado a la paciente, días antes, que en la memoria
    del adulto no hay ya nada de sus antiguos recuerdos in-
    fantiles, los cuales han sido sustituídos por transferencias y
    por sueños. Soy yo, por lo tanto, el carnicero.

    La segunda frase: «No he visto nunca cosa semejante»,
    fué pronunciada en otra ocasión totalmente distinta. El día
    anterior, había exclamado la paciente al regañar a su cocine-
    ra, que, como hemos visto, aparece también en el sueño:
    «Tiene usted que conducirse más correctamente. ¡No he vis-
    to nunca cosa semejante!», esto es, no permito tal compor-
    tamiento. El trozo más inocente de esta frase, llegó por des-
    plazamiento, a incluirse en el contenido del sueño. En cambio,
    en las ideas latentes, sólo otro el trozo de la frase desempeña-
    ba un papel determinado, pues la elaboración del sueño trans-
    formó hasta hacerla irreconocible y darla el aspecto de una
    total inocencia, una situación fantástica, en la cual yo me
    conducía incorrectamente en un cierto
    sentido, con la señora de referencia. Esta situación, es-
    perada en la fantasía, no es, además, sino una nueva edi-
    ción de una escena realmente vivida por la paciente, en oca-
    sión anterior.

    2. Un sueño aparentemente insignificante y en el que
    aparecen números. «Ella quiere pagar alguna cosa; su hija
    saca de su bolsillo: 3 florines 65 céntimos. Pero
    ella le dice: «¿Qué haces?» No cuesta más que «21 céntimos».

    El sujeto de este sueño era una señora extranjera, que
    había hecho ingresar a su hija en un establecimiento pedagó-
    gico.

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    gico de Viena, y que se sometió a mi tratamiento. En el día
    del sueño, le había indicado la directora del establecimiento
    la conveniencia de dejar en él a su hija un año más. En este
    caso, hubiera ella podido prolongar por dicho tiempo su tra-
    tamiento curativo. Los números del sueño adquieren su sig-
    nificación al recordar que el tiempo es oro. Time is money.
    Un año es igual a 365 días, o expresado en céntimos,
    a 365 céntimos, 3 florines 65 céntimos. Los 21 cénti-
    mos corresponden a las tres semanas que restaban
    hasta el final del año escolar y, por lo tanto, hasta el día en
    que habría que dar por terminado el tratamiento. Eran segu-
    ramente razones económicas las que habían llevado a la se-
    ñora a rechazar la indicación de la directora del colegio y las
    que motivaban la pequeñez de la cantidad que aparecía en el
    sueño.

    3. Una joven señora, casada hacía varios años, supo que
    una amiga suya de su misma edad, Elisa L., había celebrado
    sus esponsales. Esta noticia motivó el sueño siguiente: «Se
    halla en el teatro, con su marido. Una parte del patio de bu-
    tacas está desocupada. Su marido la cuenta que Elisa L. y su
    prometido hubieran querido ir también al teatro, pero no ha-
    bían conseguido más que muy malos puestos, tres por 1 flo-
    rín 50 céntimos, y no quisieron tomarlos. Ella contesta que el
    no haber podido ir aquella noche al teatro no es ninguna des-
    gracia».

    Nos interesa averiguar, en este sueño, de qué ideas laten-
    tes proceden los números que aparecen en el contenido mani-
    fiesto y cuáles han sido las transformaciones por las que di-
    chas ideas han pasado. ¿De dónde procede la cantidad 1,50
    florines? De un motivo indife-
    rente del día anterior. Su cuña-
    da había recibido, como regalo de su hermano, el marido de
    la protagonista del sueño, la suma de 150 florines y se había
    apresurado a gastarlos comprándose un objeto de ador-
    no. Observaremos que 150 florines son 100 veces 1 florín
    50 céntimos. Para el número tres, de los billetes, del tea-
    tro, no se encuentra más enlace que el de que Elisa L., la ami-
    ga prometida, es precisamente tres meses más joven que la

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    sujeto del sueño. La situación que en éste aparece, es la re-
    producción de un pequeño suceso que motivó las burlas de
    su esposo. En una ocasión se había apresurado a to-
    mar, con gran anticipación, billetes para una representación
    teatral, y cuando entraron en el teatro vieron que u n a
    parte del patio de butacas quedaba casi vacía. No había, pues, necesidad de haberse apresurado
    tanto a tomar las localidades. No dejaremos, por último, pa-
    sar desapercibido el absurdo detalle del sueño, de que
    dos personas tengan que tomar tres localidades.
    Veamos ahora las ideas latentes de este sueño. Ha sido
    un disparate casarme tan joven; no tenía nece-
    sidad ninguna de apresurarme tanto. En el
    ejemplo de Elisa L. veo que no me hubiese faltado un mari-
    do, y además, uno cien veces mejor (Schat-
    marido, novio, tesoro), si hubiera esperado. Tres maridos como
    ese hubiera podido comprarme con el mismo dinero (dote).