• S.

    11

    I

    Observaciones preliminares

    El caso clínico que nos disponemos a exponer-
    aunque
    de nuevo tan sólo fragmentariamente-se caracteriza por toda
    una serie de particularidades que habremos de examinar pre-
    viamente 1). Trátase de un hombre joven que enfermó a los
    diez y ocho años, inmediatamente después de una infección
    blenorrágica y que al ser sometido, varios años después, al
    tratamiento psicoanalítico, se mostraba totalmente incapaci-
    tado. Durante los diez años anteriores a su enfermedad, su
    vida había sido aproximadamente normal y había llevado a
    cabo sus estudios de segunda enseñanza sin grandes trastor-
    nos. Pero su infancia había sido dominada por una grave
    perturbación neurótica que se inició en él, poco antes de cum-

    1)Escribí el presente historial clínico recién terminado el trata-
    miento del caso, en el invierno de 1914 a 1915 y bajo la impresión de las
    alteraciones que en los resultados psicoanalíticos intentaban introdu-
    cir C. G. Jung y Alfredo Adler. Se enlaza, pues, al ensayo publicado
    en el «Anuario de psicoanálisis» de 1914 y titulado: «Historia del movi-
    miento psicoanalítico» (tomo XII de esta edición castellana) y completa-
    con la revisión objetiva del material analítico, la polémica esencialmente
    personal en dicho ensayo integrada. Destinado originariamente al volu-
    men siguiente del «Anuario», hube de decidirme a publicarlo aparte
    ante la demora indefinida que a la publicación del mismo imponía la
    guerra europea. Mucho de lo que en este trabajo había de ser tratado
    por vez primera, hube de exponerlo entretanto en mi «Introducción a la
    psicoanálisis» (volúmenes IV y V de estas obras completas). Reproduzco
    aquí sin modificación alguna de importancia el texto primitivo, añadien-
    do tan sólo algunos complementos que van entre paréntesis [ ].

  • S.

    162

    PROF. S. FREUD

    plir los cuatro años, como una histeria de angustia (zoofobia),
    se transformó luego en una neurosis obsesiva de contenido
    religioso y alcanzó con sus ramificaciones hasta los diez años
    del sujeto.

    En el presente ensayo nos ocuparemos tan sólo de esta
    neurosis infantil. A pesar de haber sido expresamente auto-
    rizados por el paciente, hemos rehusado publicar el historial
    completo de su enfermedad, su tratamiento y su curación,
    considerándolo técnicamente irrealizable e inadmisible desde
    el punto de vista social. Con ello desaparece también toda
    posibilidad de mostrar la conexión de su enfermedad infantil
    con su ulterior dolencia definitiva, sobre la cual podemos
    sólo indicar que el sujeto pasó, a causa de ella, años enteros
    en sanatorios alemanes, en los cuales se calificó su estado
    de «locura maníaco-depresiva». Este diagnóstico hubiera sido
    exacto aplicado al padre del paciente, cuya vida, intensamente
    activa, hubo de ser perturbada por repetidos accesos de grave
    depresión. Pero en el hijo no me fué posible observar, en
    varios años de tratamiento, cambio alguno de estado de
    ánimo que por su intensidad o las condiciones de su emer-
    gencia pudiera justificarlo. A mi juicio, este caso, como mu-
    chos otros diversamente diagnosticados por la psiquiatría
    clínica, debe ser considerado como un estado consecutivo a
    una neurosis obsesiva llegada espontáneamente a una cura-
    ción incompleta.

    Mi exposición se referirá, pues, tan sólo a una neurosis
    infantil analizada, no durante su curso, sino quince años des-
    pués, circunstancia que tiene sus ventajas y sus inconvenien-
    tes. El análisis llevado a cabo en el sujeto neurótico infantil
    parecerá, desde luego, más digno de confianza, pero no puede
    ser muy rico en contenido. Hemos de prestar al niño dema-
    siadas palabras y demasiados pensamientos, a pesar de lo
    cual no lograremos quizá que la conciencia penetre hasta los
    estratos psíquicos más profundos. El análisis de una enfer-
    medad infantil por medio del recuerdo que de ella conserva
    el sujeto adulto y maduro ya intelectualmente, no presenta
    tales limitaciones, pero habremos de tener en cuenta la de--

  • S.

    163

    HISTORIALES CLINICOS

    formación y la rectificación que el propio pasado experimenta
    al ser contemplado desde años posteriores. El primer caso
    proporciona quizá resultados más convincentes, pero el se-
    gundo es mucho más instructivo.

    De todos modos, podemos afirmar que los análisis de
    neurosis infantiles integran un alto interés teórico. Aportan a
    la exacta comprensión de las neurosis de los adultos tanto
    como los sueños infantiles a la interpretación de los sueños
    ulteriores. Mas no porque sean más transparentes ni más
    pobres en elementos. La dificultad de infundirse en la vida
    anímica infantil hace que supongan una ardua tarea para el
    médico. Pero la falta de las estratificaciones ulteriores per-
    mite que lo esencial de la neurosis se transparente sin difi-
    cultad. La resistencia contra los resultados de la psicoanálisis
    ha tomado actualmente una nueva forma. Hasta ahora, nues-
    tros adversarios se contentaban con negar la realidad de los
    hechos afirmados por el análisis, claro está que sin tomarse
    el trabajo de comprobarla. Este procedimiento parece ahora
    irse agotando lentamente. Y es sustituído por el de recono-
    cer los hechos, pero interpretarlos de manera a suprimir las
    conclusiones que de ellos se deducen, eludiendo así una vez
    más las novedades contra las cuales se alza la resistencia.
    Pero el estudio de las neurosis infantiles prueba la inani-
    dad de semejantes tentativas de interpretación tendenciosa.
    Muestra la participación predominante de las fuerzas instinti-
    vas libidinosas, tan discutidas, en la estructuración de la neu-
    rosis y revela la ausencia de las remotas tendencias cultura-
    les, de las que nada sabe aún el niño y que, por lo tanto,
    nada pueden significar para él.

    Otro rasgo que recomienda a nuestra atención el análisis
    que aquí vamos a exponer se relaciona con la gravedad de
    la dolencia y la duración de su tratamiento. Los análisis que
    consiguen en breve plazo un desenlace favorable pueden ser
    muy halagüeños para el amor propio del terapeuta y demos-
    trar a las claras la importancia terapéutica de la psicoanáli-
    sis, pero en cambio no favorecen en lo más mínimo el pro-
    greso de nuestros conocimientos científicos, pues nada nuevo

  • S.

    – 164 –

    nos enseñan. Nos han llevado tan rápidamente a un resulta-
    do favorable porque ya sabíamos de antemano lo que era
    necesario hacer para alcanzarlo. Sólo aquellos análisis que
    nos oponen dificultades especiales y cuya realización nos
    lleva mucho tiempo pueden enseñarnos algo nuevo. Única-
    mente en estos casos conseguimos descender a los estratos
    más profundos y primitivos de la evolución anímica y extraer
    de ellos la solución de los problemas que plantean las estruc-
    turas ulteriores. Nos decimos entonces que sólo aquellos
    análisis que tan profundamente penetran merecen en rigor el
    nombre de tales. Claro está que un único caso no nos instru-
    ye sobre todo lo que quisiéramos saber. O mejor dicho, po-
    dría instruirnos sobre todo ello si nos fuera posible aprehen-
    derlo todo sin que la limitación de nuestra propia percepción
    nos obligara a contentarnos con poco.

    El presente caso no dejó nada que desear en cuanto a
    tales dificultades fructíferas. Los primeros años de tratamien-
    to apenas consiguieron modificación alguna. Una afortunada
    constelación permitió, sin embargo, que todas las circunstan-
    cias externas hicieran posible la continuación de la tentativa
    terapéutica. En circunstancias menos favorables hubiera sido
    necesario suspender el tratamiento al cabo de algún tiempo.
    En cuanto a la actitud del médico puedo sólo decir que en
    tales casos debe mantenerse tan ajeno al tiempo como lo es
    lo inconsciente y saber renunciar a todo efecto terapéutico
    inmediato, si quiere descubrir y conseguir positivamente algo.
    Así mismo, pocos casos exigen por parte del enfermo y de
    sus familiares tan gran medida de paciencia, docilidad, com-
    prensión y confianza. Pero el analítico ha de decirse que los
    resultados conquistados después de tan largo trabajo, en uno
    de estos casos, habrán de permitirle abreviar esencialmente
    la duración de otro tratamiento ulterior de un caso análoga-
    mente grave y dominar así progresivamente, luego de haber-
    se sometido a ella una primera vez, la indiferencia de lo in-
    consciente en cuanto al tiempo.

    El paciente del cual nos disponemos a tratar permaneció
    durante mucho tiempo atrincherado en una actitud de indife-

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    165

    rente docilidad. Escuchaba y comprendía, pero no se intere-
    saba por nada. Su clara inteligencia se hallaba como secues-
    trada por las fuerzas instintivas que regían su conducta en la
    escasa vida exterior de que aún era capaz. Fué necesaria una
    larga educación para moverle a participar independientemen-
    te en la labor analítica, y cuando a consecuencia de este es-
    fuerzo surgieron las primeras liberaciones desvió por com-
    pleto su atención de la tarea para evitar nuevas modifica-
    ciones y mantenerse cómodamente en la situación crea-
    da. Su temor a una existencia independiente y responsable
    era tan grande que compensaba todas las molestias de su
    enfermedad. Sólo encontramos un camino para dominarlo.
    Hube de esperar hasta que la ligazón a mi persona llegó a
    ser lo bastante intensa para compensarlo y entonces puse en
    juego este factor contra el otro. Decidí, no sin calcular antes
    la oportunidad, que el tratamiento había de terminar dentro
    de un plazo determinado, cualquiera que fuese la fase a la
    que hubiera llegado. Estaba decidido a observar estrictamen-
    te dicho plazo y el paciente acabó por advertir la seriedad de
    mi propósito. Bajo la presión inexorable de semejante apre-
    mio cedieron su resistencia y su fijación a la enfermedad y el
    análisis proporcionó entonces, en un plazo desproporciona-
    damente breve, todo el material que permitió la solución de
    sus inhibiciones y la supresión de sus síntomas. De esta
    última época del análisis, en la cual desapareció temporal-
    mente la resistencia y el enfermo producía la impresión de
    una lucidez que generalmente sólo se consigue en la hipno-
    sis, proceden todas las aclaraciones que me permitieron lle-
    gar a la comprensión de su neurosis infantil.

    De este modo, el curso del tratamiento ilustró el principio
    ha largo tiempo sentado por la técnica analítica, de que la
    longitud del camino que el análisis haya de recorrer con el
    paciente y la magnitud del material que por este camino haya
    de ser dominado no significan gran cosa en comparación de
    la resistencia que haya de surgir durante tal labor, y sólo han
    de tenerse en cuenta en tanto son proporcionales a la misma.
    Sucede en esto lo que ahora, en tiempo de guerra, cuando

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    166

    PROF. S. FREUD

    un ejército necesita semanas y meses enteros para avanzar
    una distancia que en tiempo de paz puede recorrerse en
    pocas horas de tren, y que poco tiempo antes ha sido reco-
    rrida efectivamente por el ejército contrario en unos cuantos
    días.

    Una tercera peculiaridad del análisis que aquí nos propo-
    nemos exponer ha dificultado también considerablemente mi
    decisión de publicarlo. Sus resultados han coincidido con
    nuestros conocimientos anteriores o se han enlazado perfec-
    tamente a ellos. Pero algunos detalles me han parecido tan
    singulares e inverosímiles que me han asaltado escrúpulos de
    exigir a otros su admisión. En consecuencia, he invitado al
    paciente a someter a una severa crítica sus recuerdos, mas,
    por su parte, no encontró en ellos nada inverosímil. Los lec-
    tores pueden estar seguros, por lo menos, de que sólo ex-
    pongo aquello que surgió ante mí como vivencia indepen-
    diente y no influída por mi expectativa. Por lo tanto, sólo me
    queda remitirme a la sabia afirmación de que entre el cielo y
    la tierra hay muchas más cosas de las que nuestra filosofía
    supone. Quien supiera excluir más fundamentalmente aún
    sus propias convicciones descubriría seguramente más de
    tales cosas.