S.
19
miran desde su más elevada indigencia. Mas como
tampoco nos es posible dominar por completo nuestro
orgullo narcisista, buscaremos un consuelo reflexio-
nando, que todas estas «guías de la existencia» enve-
jecen pronto, que precisamente nuestra labor limitada
y de corto alcance es la que hace necesarias nuevas
ediciones, y que incluso los más modernos Baedeker
de este género no son sino tentativas de sustituir el
viejo catecismo, tan cómodo y completo.Sabemos muy bien cuán poca luz ha podido arro-
jar hasta ahora la ciencia sobre los enigmas de este
mundo. Todos los esfuerzos de los filósofos continua-br>rán siendo vanos. Sólo una paciente perseverancia en
una labor que todo lo subordine a una aspiración a la
inmutable y segura certeza, puede lentamente lograr
algo. El viajero que camina en la oscuridad rompe a
cantar para engañar sus temores, mas no por ello ve
más claro.III
Retornemos al problema del Yo: La aparente contra-
dicción antes señalada procede de que consideramos
demasiado inflexibles las abstracciones y sólo obser-br>vamos, cada vez, un único aspecto de los varios que
presenta una complicada totalidad. La diferenciación
entre el Yo y el Ello, que hubo de sernos impuesta por
determinadas particularidades, parece plenamente jus-
tificada. Mas por otra parte, el Yo y el Ello coinciden,
no siendo el primero sino una parte, especialmente di-
ferenciada, del segundo. Cuando confrontamos enS.
20
nuestro pensamiento, esta parte con la totalidad o
cuando entre ambas surge realmente la discordia, se
nos evidencia la debilidad del Yo. En cambio, cuando
el Yo permanece enlazado al Ello, sin distinguirse de
él, nos muestra una intensa energía. Análogamente
sucede en la relación entre el Yo y el super-Yo. En mu-
chas situaciones, se confunden a nuestra vista. Única-
mente nos es dado distinguirlos cuando entre ambos
surge un conflicto. Con respecto a la represión, resulta
decisivo el hecho de ser el Yo una organización y el
Ello no. El Yo es, en efecto, la parte organizada del
Ello. Sería injustificado representarse el Yo y el Ello
como dos territorios ocupados por ejércitos enemigos
y suponer que en la represión, trata el Yo de someter
una parte del Ello, acudiendo entonces las restantes a
prestar auxilio a la atacada y midiendo sus fuerzas con
el Yo. Esto puede realmente suceder con cierta fre-
cuencia, pero no constituye, desde luego, la situación
inicial de la represión. Por lo regular, el impulso ins-
tintivo que de reprimir se trata, permanece aislado. El
acto de la represión nos evidencia, por un lado, la
energía del Yo, mas por otro, testimonia también de su
impotencia y de la impenetrabilidad de los diversos
impulsos instintivos del Ello, a su influencia, pues el
proceso convertido en síntoma por la represión, afir-
ma su existencia fuera de la organización del Yo e in-
dependientemente de ella. No sólo dicho proceso, sino
todas sus ramificaciones, gozan de igual privilegio–
podríamos decir que del privilegio de extraterritoriali-
dad– y no es quizá muy aventurado sospechar, que
allí donde se encuentran asociativamente con partes
de la organización del Yo, las atraen a sí, extendién-
dose, con su adquisición, a costa del Yo. Un paralelo
que nos es familiar hace ya mucho tiempo, equiparaS.
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INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA
el síntoma a un cuerpo extraño que mantiene ince-
santes fenómenos de estímulo y reacción en el tejido
en el que se ha alojado. Sucede, ciertamente, a veces,
que la lucha defensiva contra el impulso instintivo in-
deseable queda terminada con la formación de sínto-
mas. Que sepamos, es en la conversión histérica,
donde esto puede darse con mayor facilidad; mas por
lo general, hallamos un curso muy distinto. Al primer
acto de represión, sigue un largo estadio, a veces in-
terminable. La lucha contra el impulso instintivo en
cuentra su prosecución en la lucha contra el síntoma.Esta lucha secundaria de defensa nos muestra dos
aspectos diferentes. De una parte, el Yo se ve forzado,
por su propia naturaleza, a emprender algo que hemos
de considerar como una tentativa de reconstitución o
de conciliación. El Yo es una organización; se basa
en el libre comercio de todos sus componentes entre
sí y en la posibilidad de su recíproco influjo; su ener-
gía desexualizada proclama aún su procedencia en la
aspiración a la unión y a la unificación, y esta obse-
sión de síntesis crece en razón directa de la fortaleza
del desarrollo del Yo. Se hace así comprensible que el
Yo intente suprimir el extrañamiento y el aislamiento
del síntoma, utilizando todas las posibilidades de enla-
ce con él e incorporándolo a su organización por me-
dio de tales lazos. Sabemos que una tal aspiración in-
fluye ya sobre el acto de la formación de síntomas.
Aquellos síntomas histéricos que se nos han eviden-
ciado como transacciones entre la necesidad de satis-
facción y la de castigo constituyen un clásico ejem-
plo del proceso descrito. Como cumplimiento de una exi-
gencia del super-Yo, tienen tales síntomas, desde un
principio, participación en el Yo, significando, por otro
lado, posiciones de los impulsos reprimidos y pun-
S.
22
PROF. S. FREUD
tos de penetración de los mismos en la organización
del Yo. Son, por decirlo así, estaciones fronterizas
con carga mixta. Sería interesante investigar con mi-
nuciosidad, si todos los síntomas histéricos primarios
presentan esta misma estructura. En el curso ulterior
del proceso, se comporta el Yo como si se guiase por
la reflexión de que una vez surgido el síntoma y sien-
do imposible suprimirlo, ha de ser lo mejor familiari-
zarse con la situación dada y sacar de ella el mejor
partido posible. Tiene entonces efecto una adaptación
al elemento del mundo interior extraño al Yo, repre-
sentado por el síntoma, adaptación análoga a la que
el Yo lleva a cabo normalmente con respecto al mun-
do exterior real y para la cual no faltan nunca motivos
ni ocasiones. La existencia del síntoma puede traer
consigo un cierto impedimento de la función, el cual
hace posible satisfacer una exigencia del super-Yo o
rechazar una aspiración del mundo exterior. De este
modo, es atribuída, paulatinamente, al síntoma, la re-
presentación de intereses cada vez más importantes,
con lo cual adquiere un valor para la auto-afirmación,
se enlaza cada vez más íntimamente al Yo y le es cada
vez más indispensable. Sólo en casos muy raros, pue-
de seguir el proceso de la enquistación de un cuerpo
extraño una marcha semejante. La importancia de esta
adaptación secundaria al síntoma se ha llegado tam-
bién a exagerar, afirmando que el Yo no ha creado el
síntoma sino precisamente para gozar de sus ventajas.
Pero esto equivale a suponer que un soldado se había
dejado herir de gravedad, para vivir en adelante sin
trabajar, a costa del Estado.Otras formas sintomáticas distintas, las de la neu-
rosis obsesiva y la paranoia, adquieren un alto valor
para el Yo, no por suponerle ventaja alguna, sino porS.
23
INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA
aportarle una satisfacción narcisista inaccesible de
otro modo. Las formaciones de sistemas de los enfer-
mos de neurosis obsesiva halagan su amor propio con
la ilusión de que son hombres mejores que los demás,
por ser más puros o de más estrecha conciencia, y los
delirios de la paranoia abren a la agudeza y fantasía
del paciente un amplio campo de acción, difícil-
mente sustituíble. De todas estas circunstancias resulta aque-
llo que nos es conocido con el nombre de ventaja
de la enfermedad (secundaria) de la neurosis.
Esta ventaja apoya la tendencia del Yo a incorporarse
el síntoma y fortalece la fijación de este último. Cuan-
do luego intentamos prestar nuestra ayuda analítica al
Yo en su lucha contra el síntoma, descubrimos en el
lado de la resistencia, la actuación de los enlaces con-
ciliadores entre el Yo y el síntoma, no siendo nada
fácil destruirlos. Los dos procedimientos que el Yo
utiliza contra el síntoma se hallan en mutua contradic-
ción.El otro procedimiento es de carácter menos pacífi-
co. Continúa la obra de la represión. Sin embargo, no
debemos tachar el Yo de inconsecuente. El Yo es pa-
cifista y quisiera incorporarse el síntoma, acogiéndolo
en su totalidad. La perturbación parte del síntoma,
que en calidad de verdadera sustitución y ramificación
del impulso reprimido, cuyo papel continúa desempe-
ñando y cuyas exigencias de satisfacción renueva de
continuo, fuerza al Yo a dar de nuevo la señal de dis-
placer y a aprestarse a la defensa.La lucha defensiva secundaria contra el síntoma es
multiforme, se desarrolla en diversos terrenos y em-
plea muy distintos medios. Para poder decir algo de
esta lucha habremos de investigar los distintos casos
de formación de síntomas. En esta labor, hallaremosS.
24
ocasión de entrar en el problema de la angustia, pro-
blema que sospechamos nos aguarda oculto en el úl-
timo término. No hallándonos aún preparados a las
hipótesis de la formación de síntomas en la neurosis
obsesiva, en la paranoia y en otras neurosis, partire-
mos de los síntomas que crea la neurosis histérica.IV
El primer caso que someteremos a observación será
el de una zoofobia histérica infantil, por ejemplo, la
fobia de «Juanito» 1) a los caballos, caso seguramen-
te típico en todos sus rasgos principales. A primera
vista, observamos ya, que las circunstancias de un
caso real de enfermedad neurótica son mucho más
complicadas de lo que suponemos mientras labora-
mos con abstracciones. Ya en un principio resulta di-
fícil averiguar cuál es el impulso reprimido, cuál su
síntoma sustitutivo y cuál el motivo de la represión.Juanito se niega a salir a la calle porque le dan mie-
do los caballos. Esta es la materia prima que se ofre-
ce a nuestra investigación. ¿Cuál es aquí el síntoma:
El desarrollo de angustia, la elección del objeto de la
misma, la renuncia al movimiento libre o varias de es-
tas circunstancias a la vez? ¿Dónde está la satisfac-
ción que Juanito se prohibe? ¿Y por qué tal prohibi-
ción?Parece en un principio, plausible objetar que el caso
1)Véase el estudio titulado «Análisis de la fobia de un niño
de cinco años», que aparecerá en estas «Obras completas».
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Inhibición, síntoma y angustia1926-001/1927.es
1926-001/1927.es/3