S.
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fenómenos, siempre que la excitación sexual queda coar-
tada, detenida o desviada, en su curso hacia la satis-
facción. Como la excitación sexual es la expresión de
impulsos instintivos libidinosos, no parecía demasia-
do atrevido suponer que la libido se transformaba en
angustia bajo el influjo de tales perturbaciones. Ahora
bien; esta observación es aún válida hoy en día, mas
por otro lado, no puede negarse que la libido de los
procesos del Ello experimenta una perturbación bajo
los efectos del impulso a la represión. Puede, así, con-
tinuar siendo exacto que en la represión se forma an-
gustia a expensas de la carga de libido de los impul-
sos instintivos. Mas entonces surge la cuestión de
cómo es posible conciliar tal resultado con el de que
la angustia de las fobias es una angustia del Yo, naci-
da en el Yo y que en vez de surgir de la represión, la
provoca. Esto parece una contradicción difícil de so-
lucionar. La reducción de ambos orígenes de la an-
gustia a uno solo no es nada sencilla. Podemos quizá
arriesgar la hipótesis de que el Yo sospecha peligros en
la situación del coito interrumpido, de la excitación frus-
trada y de la abstinencia, peligros ante los cuales reac-
ciona con angustia, pero esta hipótesis no nos conduce
a nada. Por otra parte, los análisis de fobias realizados
no parecen admitir rectificación alguna. ¡Non liquet!V
Nuestro propósito era estudiar la formación de sín-
tomas y la lucha secundaria del Yo contra el síntoma,
mas no hemos sido ciertamente muy afortunados al
elegir, con tal fin, las fobias. La angustia, predomi-S.
S.
38
tinto punto del cuerpo, de una inervación muscular
propuesta en la situación indicada. Por último, las
convulsiones son expresión de una explosión de afec-
to que ha escapado al control normal del Yo. La sen-
sación de displacer concomitante a la emergencia de
los síntomas es harto variable. Falta casi siempre, por
completo en los síntomas permanentemente desplaza-
dos sobre la motilidad, tales como las parálisis y las
contracturas, con respecto a los cuales parece el Yo
permanecer indiferente. Por lo contrario, en los sínto-
mas intermitentes y en los que afectan a la esfera sen-
sorial, experimenta el sujeto claras sensaciones de dis-
placer, que en los síntomas dolorosos, pueden alcanzar
intensidad extraordinaria. En esta diversidad, es muy
difícil hallar el factor, que haciendo posibles tales dife-
rencias, permita, sin embargo, su explicación unitaria.
La histeria de conversión no deja transparentar tampo-
co gran cosa de la lucha del Yo contra el síntoma.
Sólo cuando la sensibilidad de una parte del cuerpo al
dolor, alcanza la categoría de síntoma, se hace la mis
ma susceptible de desempeñar un doble papel. El sín-
toma doloroso surge, en efecto, de igual manera, al
recaer sobre dicha parte del cuerpo un contacto exte-
rior como al ser activada desde el interior, asociativa-
mente, la situación patógena por ella representada.
Por su parte, el Yo adopta medidas de precaución para
evitar la emergencia del síntoma, a consecuencia de
una percepción exterior. No siéndonos posible adivi-
nar a qué obedece esta falta de transparencia de la
formación de síntomas en la histeria de conversión,
nos apresuraremos a abandonar este terreno estéril y
pasaremos al de la neurosis obsesiva, con la esperan-
za de averiguar en él algo más sobre la formación de
síntomas.S.
39
INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA
Los síntomas de la neurosis obsesiva son, en gene-
ral, de dos géneros, de tendencia opuesta. Son, en
efecto, prohibiciones, medidas preventivas y peniten-
cias, esto es, síntomas de naturaleza negativa, o por
lo contrario, satisfacciones sustitutivas, simbólica-
mente disfrazadas muchas veces. De estos dos grupos, el
más antiguo es el negativo, defensivo y punitivo, pero
conforme va perdurando la enfermedad, van predomi-
nando las satisfacciones sustitutivas, que burlan toda
defensa. La formación de síntomas alcanza un triunfo
cuando consigue amalgamar la prohibición con la sa-
tisfacción, de una manera tal, que el mandamiento de-
fensivo o la prohibición, primitivos, adquieren también
la significación de una satisfacción, a cuyo efecto se
utilizan, con frecuencia, caminos de enlace extraordina-
riamente artificiosos. Este resultado testimonia de
aquella tendencia a la síntesis que ya reconocimos al
Yo. En los casos extremos, consigue el enfermo que
la mayor parte de sus síntomas acumule a su signifi-
cación primitiva la completamente contraria, manifes-
tándose así el poderío de la ambivalencia, la cual
desempeña, no sabemos por qué, un papel de extraor-
dinaria importancia en la neurosis obsesiva. En los
casos menos complicados, el síntoma es de dos tiem-
pos, o sea que al acto que ejecuta un cierto manda-
miento sigue inmediatamente otro que suprime o
deshace lo hecho, si bien no llega a realizar lo con-
trario.De esta primera consideración superficial de los sín-
tomas obsesivos, extraemos, desde luego, dos impre-
siones. Observamos, primeramente, que en la neuro-
sis obsesiva, se mantiene una lucha constante contra
lo reprimido, lucha que va haciéndose cada vez más
desfavorable a las fuerzas represoras, y en segundoS.
40
Prof. S. Freud
lugar, que el Yo y el super-Yo toman parte importan-
tísima en la formación de síntomas.La neurosis obsesiva es quizá el objeto más intere-
sante y agradecido de la investigación analítica, pero
el problema que plantea no ha sido aún resuelto. Si
queremos penetrar más hondamente en su esencia ha
de ser apoyándonos en hipótesis y conjeturas faltas
de fundamento suficiente. La situación inicial de la
neurosis obsesiva no es quizá sino la misma de la
histeria, o sea la necesaria defensa contra las exigen-
cias libidinosas del complejo de Edipo. Además, en
toda neurosis obsesiva, parece existir un último estra-
to compuesto por síntomas histéricos muy temprana-
mente formados. Pero la estructura ulterior de la en-
fermedad queda modificada decisivamente por un fac-
tor constitucional: por una debilidad de la organiza-
ción genital de la libido. Así, cuando el Yo inicia su
defensa, alcanza, como primer resultado, la regresión
total o parcial de la organización genital (de la fase
fálica) a la fase sádico-anal más temprana, regresión
que determina todo el curso ulterior del proceso.Cabe también suponer que la regresión no es con-
secuencia de un factor constitucional, sino de un fac-
tor temporal, y en este caso, no se debería a una de-
bilidad de la organización genital de la libido, sino al
hecho de haber iniciado el Yo su resistencia muy tem-
pranamente, esto es, ya en los comienzos de la fase
fálica. Pero tampoco sobre esta cuestión podemos
sentar una afirmación definitiva. Sin embargo, hare-
mos constar que la observación analítica no se mues-
tra nada favorable a la última de las hipótesis expues-
tas. Por lo contrario, parece demostrar que en el pun-
to en que el proceso patológico se orienta hacia la
neurosis obsesiva, ha sido alcanzada ya la fase fálica.S.
41
INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA
Además, la edad propicia para la explosión de esta
neurosis es posterior a la correspondiente a la histo-
ria (el segundo período de la infancia, terminado ya
el período de latencia). Por último, en un caso de des-
arrollo muy tardío de neurosis obsesiva, nos ha sido
posible comprobar que la condición necesaria de la
regresión y de la génesis de la enfermedad se debía a
una desvalorización real de la vida genital, hasta en-
tonces intacta 1).La explicación metapsicológica de la regresión está,
a nuestro juicio, en una «disociación de los instintos»,
en la separación de los componentes eróticos, que al
principio de la fase genital, se habían agregado a la
carga psíquica destructora de la fase sádica.La regresión es el primer triunfo del Yo en su lucha
defensiva contra las exigencias de la libido. Hemos de
distinguir aquí entre la «defensa» – la tendencia más
general – y la represión, que no es sino uno de los
mecanismos que la defensa utiliza. Con mayor clari-
dad aún que en los casos normales y en los de histe-
ria, vemos en la neurosis obsesiva, que el motor de la
defensa es el complejo de castración y que las tenden-
cias contra las cuales actúa dicha defensa son las del
complejo de Edipo. Comienza aquí el período de la-
tencia, caracterizado por el naufragio del complejo de
Edipo, la creación o consolidación del super-Yo y la
constitución de los límites éticos y estéticos en el Yo.
Estos procesos traspasan en la neurosis obsesiva, la
medida normal. A la destrucción del complejo de Edi-
po se agrega la disminución progresiva de la libido,
el super-Yo se hace extraordinariamente áspero y se-
1)Véase el estudio titulado «La disposición a la neurosis
obsesiva», que aparecerá en estas «Obras completas».S.
42
vero y el Yo desarrolla, obedeciéndole, intensas reac-
ciones de escrupulosidad, compasión y pureza. Con
severidad inexorable, aunque no siempre victoriosa,
queda prohibida la tentación de continuar el onanismo
de la primera época infantil, el cual se apoya ahora en
representaciones regresivas (sádico-anales), si bien
representando, a pesar de todo, la parte no vencida
de la organización fálica. El hecho de que precisa-
mente en interés de la conservación de la virilidad
(miedo a la castración) quede impedida toda actividad
de esta última, encierra una contradicción, pero es
una contradicción que existe ya en la destrucción nor-
mal del complejo de Edipo y la neurosis obsesiva no
hace tampoco sino amplificarla. En esta neurosis, se
demuestra también el principio general de que todo
exceso encierra en sí el germen de su propia supre-
sión, pues precisamente el onanismo suprimido, al
canza, en forma de actos obsesivos, una aproximación
cada vez mayor, a la satisfacción.Aquellas reacciones que surgen en el Yo de los en-
fermos de neurosis obsesiva y en las que reconoce-
mos exageraciones del carácter normal, pueden ser
agregadas, como un tercer mecanismo de la defensa,
a la regresión y la represión. En la histeria, parecen
faltar o ser mucho más débiles. Volviendo la vista
atrás llegamos así a sospechar qué es lo que caracte-
riza el proceso defensivo de la histeria. Parece ser que
este proceso se limita a la represión, apartándose el
Yo del impulso instintivo reprobable, dejándole deri-
var a lo inconsciente y no volviendo ya a tomar parte
en sus destinos. Claro es que esta descripción no es
de una absoluta exactitud, pues sabemos que el sínto-
ma histérico significa también el cumplimiento de una
exigencia punitiva del super-Yo, pero de todos modos,S.
43
INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA
responde a un rasgo general de la conducta del Yo en
la histeria.Podemos limitarnos a reconocer, simplemente, que
en la neurosis obsesiva se constituye un super-Yo de
extraordinaria severidad, y podemos pensar que el
rasgo fundamental de esta afección es la regresión de
la libido e intentar relacionar también con ella el indi-
cado carácter del super-Yo. En realidad, el super-Yo,
que procede del Ello, no puede sustraerse a la regre-
sión y a la disociación de instintos que en el Ello tie-
nen efecto. No sería, pues, de admirar, que en la neu-
rosis obsesiva llegará a ser, por su parte, más duro,
severo y cruel que en un desarrollo normal.Durante el período de latencia parece imponerse,
como labor principal, la defensa contra la tentación
masturbadora. Esta lucha engendra una serie de sín-
tomas, que retornan de un modo típico en las personas
más diversas, y presentan, en su mayoría, el carácter
de ceremoniales, siendo de lamentar que no hayan
sido aún coleccionados y analizados sistemáticamen-
te, pues en calidad de primeros rendimientos de la
neurosis, arrojarían viva luz sobre el mecanismo de la
formación de síntomas. En general, muestran ya aque-
llos caracteres que tan fatalmente acusaran los síndro-
mes de una grave afección neurótica ulterior, o sea la
tendencia a la repetición y al gasto de tiempo y la su-
bordinación a la locomoción y a aquellos actos que
más adelante habrán de realizarse casi automática-
mente, tales como los de acostarse, lavarse y vestirse.
El por qué de todo esto nos es aún totalmente des-
conocido. Sin embargo, no es difícil comprobar una
clara influencia de la sublimación de componentes
erótico-anales.La pubertad constituye un estadio decisivo en el
S.
44
desarrollo de la neurosis obsesiva. La organización
genital interrumpida en la infancia, reanuda ahora su
marcha con intensa energía. Pero, como es sabido, el
desarrollo sexual de la infancia marca ya la dirección
que seguirá al reanudarse en la pubertad. De este
modo, despertarán, por un lado, los impulsos agresi-
vos de la época temprana, y por otro, una parte más
o menos considerable – y en los casos peores, la tota-
lidad – de los nuevos impulsos libidinosos, emprende-
rá los caminos trazados por la regresión y surgirá en
forma de intenciones agresivas y destructoras. Este
disfraz de los impulsos eróticos y las enérgicas reac-
ciones del Yo, hacen que la lucha contra la sexualidad
continúe ahora en nombre de la ética. El Yo se resiste,
asombrado, contra los impulsos violentos y crueles
enviados por el Ello a la conciencia, sin sospechar,
que obrando así, lucha contra deseos eróticos, que de
otro modo, hubieran escapado a su intervención. El
severo super-Yo insiste tanto más enérgicamente en la
represión de la sexualidad, cuanto que ésta adopta
formas más repulsivas, resultando así, que en la neu-
rosis obsesiva, aparece el conflicto agudizado en dos
direcciones diferentes: la repulsión se hace más intole-
rante y lo repulsivo más intolerable, ambos por la in-
fluencia de un solo factor – de la regresión de la libido.
Podría encontrarse una contradicción con respecto a
otras de nuestras hipótesis en el hecho de que la repre-
sentación obsesiva desagradable llegue a ser conscien-
te. Pero es indudable que antes de llegarlo a ser ha
pasado por el proceso de la represión. En la mayoría
de los casos, el verdadero sentido del impulso instin-
tivo agresivo es ignorado por el Yo, siendo precisa
una considerable labor analítica para hacerlo cons-
ciente. Lo que penetra en la conciencia no es, general-
S.
45
INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA
mente, sino un sustitutivo deformado, que aparece
unas veces borrosamente indeterminado, como un
fragmento de un sueño, y otras, irreconocible bajo un
absurdo disfraz. Si la represión no ha destruído el
contenido del impulso instintivo agresivo, ha suprimi-
do, en cambio, el carácter afectivo concomitante. Así,
la agresión no se muestra al Yo como un impulso,
sino, según dicen los mismos enfermos, como una
mera «idea», que debía dejarlos indiferentes. Lo curio-
so es que esto no sucede jamás.El afecto ahorrado en la percepción de la represen-
tación obsesiva, surge, efectivamente, en un distinto
lugar. El super-Yo se conduce como si no hubiera te-
nido efecto represión ninguna, como si le fuera cono-
cido el impulso agresivo en su verdadero sentido, y
con todo su carácter afectivo, y trata al Yo con arre-
glo a esta hipótesis. El Yo, que por un lado se sabe
inocente, experimenta, por otro, un sentimiento de cul-
pabilidad y siente sobre sí una responsabilidad que no
acierta a explicarse. Pero el enigma que así se plantea
no es realmente tan intrincado como al principio pa-
rece. La conducta del super-Yo es muy comprensible
y la contradicción que surge en el Yo no nos demues-
tra sino que ha permanecido incomunicado, a conse-
cuencia de la represión, con el Ello, y en cambio, to-
talmente abierto a las influencias del super-Yo 1). A
la pregunta inmediata de cómo es que el Yo no inten-
ta sustraerse también a la penosa crítica del super-Yo,
contestaremos que, en efecto, lo intenta y lo consigue
en toda una serie de casos. Existen también neurosis
obsesivas exentas de toda conciencia de la culpabili-
dad.
1)Cf. Reik, Gestaendniszwang und Strafbeduerfnis, 1925,
página 51.S.
46
PROF. S. FREUD
dad, en las que, a nuestro juicio, el Yo se ha evitado
la percepción de la misma por medio de una nueva
serie de síntomas, penitencias y restricciones encami-
nadas al auto-castigo. Pero estos síntomas significan
al mismo tiempo, satisfacciones de impulsos instinti-
vos masoquistas que han extraído igualmente, de la
regresión, su mayor intensidad.La diversidad de los fenómenos de la neurosis obse-
siva es tan grande, que aún no ha sido posible reali-
zar una síntesis coherente de todas sus variantes. Al
intentar acentuar sus relaciones típicas, siempre se tie-
ne el temor de dejar a un lado otros caracteres regula-
res no menos importantes.En otra ocasión, hemos descrito ya la tendencia
general de la formación de síntomas en la neurosis
obsesiva. Es la de procurar cada vez mayor amplitud
a la satisfacción sustitutiva, a costa del renunciamien-
to. Los mismos síntomas que primitivamente signifi-
caban restricciones del Yo, toman luego también, mer-
ced a la tendencia del Yo a la síntesis, la de satisfac-
ciones, y es innegable que esta última significación
llega a ser, poco a poco, la más eficaz. Un Yo exte-
riormente restringido, que se ve impulsado a buscar
sus satisfacciones en los síntomas, es el resultado de
este proceso, que se acerca cada vez más al fracaso
completo de la tendencia defensiva inicial. El despla-
zamiento de la relación de las fuerzas a favor de la sa-
tisfacción puede tener la temible consecuencia de pa-
ralizar totalmente la voluntad del Yo, que en cada de-
cisión, encontrará, por ambos lados, impulsos igual-
mente enérgicos. El agudísimo conflicto entre el Ello
y el super-Yo, que domina desde un principio en la
neurosis obsesiva, puede extenderse así, a todas las
operaciones del Yo.
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Inhibición, síntoma y angustia1926-001/1927.es
1926-001/1927.es/5