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    – 7 –

    I

    En la descripción de los fenómenos patológicos,
    acostumbramos a emplear dos términos distintos–sín-
    toma e inhibición (Hemmung)–, pero en realidad, no
    damos demasiada importancia a esta dualidad. Si no
    se nos presentaran casos clínicos en los que nos ve-
    mos forzados a reconocer que no integran síntoma
    alguno, y sí sólo inhibiciones, y no nos interesara ave-
    riguar qué circunstancias condicionan la existencia de
    tales casos, apenas nos preocuparíamos de delimitar
    entre sí los dos indicados conceptos de síntoma e in-
    hibición.

    Lo que sucede es que dichos conceptos pertenecen
    a distintos campos. La inhibición presenta una rela-
    ción especial con la función y no significa necesaria-
    mente algo patológico. Así, podemos dar el nombre
    de inhibición de una función a una restricción normal
    de la misma. En cambio, síntoma vale tanto como sig-
    no de un proceso patológico. De todos modos, tam-
    bién una inhibición puede constituir un síntoma, y
    siendo así, acostumbramos a hablar de inhibición
    cuando se trata de una simple disminución de la fun-
    ción, y de síntoma cuando de una modificación extra-
    ordinaria de la misma o de una función nueva. En mu-
    chos casos, parece quedar al arbitrio del observador
    acentuar el lado positivo o el negativo del proceso
    patológico y calificar su resultado de síntoma o de in-
     

  • S.

    8

    hibición. Pero todo esto no es, en realidad, muy inte-
    resante, y la interrogación de que partimos se de-
    muestra poco fructífera.

    Ante el íntimo enlace conceptual, antes indicado, de
    la inhibición con la función, ha de surgir en nosotros
    la idea de investigar en qué formas se manifiesta la
    perturbación de las distintas funciones del Yo en las
    diversas afecciones neuróticas. Para este estudio com-
    parativo, elegiremos la función sexual, la nutrición, la
    locomoción y el trabajo profesional.

    a) La función sexual se halla sometida a muy di-
    versas perturbaciones, que en su mayoría, presentan
    el carácter de simples inhibiciones. Estas se reunen
    bajo el concepto de impotencia psíquica. La realiza-
    ción de la función sexual normal supone un curso pre-
    vio harto complicado, y la perturbación puede instau-
    rarse en cualquier punto del mismo. Las estaciones
    principales de la inhibición en el hombre, son: 1.º, la
    desviación de la libido al principio del proceso (dis-
    placer psíquico); 2.º, la falta de la preparación física
    indispensable (falta de erección); 3.º, la abreviación del
    acto (la «ejaculatio precox», que puede también ser
    considerada como un síntoma positivo); 4.º, la inte-
    rrupción del mismo antes de su desenlace natural (fal-
    ta de eyaculación); y 5.º, la falta del efecto psíquico (de
    la sensación de placer del orgasmo). Otras perturba-
    ciones son consecuencia del enlace de la función con
    condiciones especiales de naturaleza perversa o feti-
    chista.

    La existencia de una relación de la inhibición con la
    angustia salta en seguida a la vista. Algunas inhibi-
    ciones son, evidentemente, renuncias a la función, a
    causa de que durante su realización surgiría angustia.
    En la mujer, es frecuente el miedo angustioso directo

  • S.

    9

    INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA

    a la función sexual, angustia que subordinamos a la
    histeria, del mismo modo que el síntoma defensivo de
    la repugnancia, el cual se inicia originariamente como
    reacción ulterior al acto sexual pasivamente soporta-
    do y surge después concomitante a la representación
    del mismo. También gran número de actos obsesivos
    demuestran ser prevenciones y aseguramientos contra
    experiencias sexuales, siendo, por lo tanto, de natura-
    leza fóbica.

    Sin embargo, nuestra comprensión no progresa
    gran cosa por este camino. Observamos sólo ser va-
    rios los procedimientos empleados para perturbar la
    función: 1.º, la simple desviación de la libido, desvia-
    ción que parece ser lo que más especialmente provoca
    aquello que denominamos una inhibición pura; 2.º, la
    alteración del ejercicio normal de la función; 3.º, la di-
    ficultación de la misma por condiciones especiales y
    su modificación por diversión hacia otros fines; 4.º, su
    prevención por medio de medidas de aseguramiento;
    5.º, su interrupción por desarrollo de angustia cuando
    no ha sido posible impedir su iniciación; y 6.º, una
    reacción ulterior, que protesta contra la función y quie-
    re deshacer lo hecho, cuando a pesar de todo, llegó
    la función a realizarse.

    b) La perturbación más frecuente de la nutrición
    es la repugnancia a comer, por desviación de la libido.
    Tampoco es raro un incremento del apetito. La obse-
    sión de comer resulta motivada por el miedo a morir
    de hambre. Hasta el día no ha sido esta obsesión su-
    ficientemente investigada. Como defensa histérica con-
    tra la ingestión de alimentos, conocemos el síntoma
    del vómito. La negativa a comer, por miedo, es pro-
    pia de estados psicóticos (temor maníaco al envenena-
    miento).

  • S.

    10

    c) La locomoción aparece inhibida en algunos es-
    tados neuróticos, por repugnancia a andar y debilidad
    de las extremidades abdominales. El impedimento
    histérico se sirve de la parálisis motora del aparato
    locomotor o crea una interrupción especial de esta
    función del mismo (abasia). Particularmente caracte-
    rísticas son las alteraciones de la locomoción por in-
    terpolación de ciertas condiciones cuyo incumplimien-
    to hace surgir angustia (fobia).

    d) La inhibición de la capacidad de trabajo, que
    tantas veces es objeto de tratamiento como síntoma
    aislado, se presenta como disminución del deseo de
    trabajar, como defectuosa realización del trabajo o
    en forma de fenómenos de reacción, tales como fatiga,
    vértigos o vómitos al forzarse el sujeto a continuar su
    tarea. La histeria impone el abandono del trabajo por
    medio de la producción de parálisis orgánicas o fun-
    cionales cuya existencia es incompatible con la ejecu-
    ción de la labor. La neurosis obsesiva perturba el tra-
    bajo por una continua desviación y por la pérdida de
    tiempo consiguiente a incesantes interrupciones y re-
    peticiones.

    Podríamos extender esta revisión a otras funciones,
    pero nada más conseguiríamos, ni pasaríamos de la
    superficie de los fenómenos. Así, pues, nos decidire-
    mos por una interpretación que no deja ya por resol-
    ver sino un pequeño resto del concepto de la inhibi-
    ción. La inhibición es la expresión de una restric-
    ción funcional del Yo, restricción que pue-
    de obedecer a muy diversas causas. Algunos de los
    mecanismos de esta renuncia a la función y una cierta
    tendencia general de los mismos nos son ya harto co-
    nocidos.

    En las inhibiciones especializadas es fácilmente re-
    conocidos.

  • S.

    11

    conocible la tendencia. Cuando el tocar el piano, el
    escribir e incluso el andar sucumben a inhibiciones
    neuróticas, el análisis nos revela la causa, en una in-
    tensísima erotización de los órganos que en tales fun-
    ciones intervienen, o sea, de los dedos o de los pies.
    En general, hemos llegado al conocimiento de que la
    función yoide de un órgano queda alterada cuando su
    significación sexual, su «erogeneidad», recibe un in-
    cremento. Permitiéndonos una comparación un tanto
    chocarrera, diremos que se conduce entonces como
    una cocinera que no quiere acercarse ya al fogón por
    que el dueño de la casa la ha requerido de amores.
    Cuando el acto de escribir, consistente en dejar fluir,
    de un mango de caña, un líquido, sobre un trozo de
    papel blanco, llega a tomar la significación simbólica
    del coito, o el de andar la de un sustitutivo simbólico
    de pisar el seno de la madre Tierra, se deja de escri-
    bir o de andar, porque al hacerlo es como si se reali-
    zase el acto sexual prohibido. El Yo renuncia a estas
    funciones para no tener que llevar a cabo una nueva
    represión, para evitar un nuevo conflic-
    to con el Ello.

    Otras inhibiciones tienen efecto, evidentemente, en
    servicio del auto-castigo, muy frecuentemente sobre
    todo en el campo de las actividades profesionales. El
    Yo no debe hacer determinadas cosas porque habían
    de traerle consigo provecho y éxito, lo cual ha sido
    prohibido por el severo super-Yo. Entonces, renun-
    cia el Yo a tales funciones, para no entrar en
    conflicto con el super-Yo.

    Las inhibiciones más generales del Yo siguen otro
    distinto mecanismo, muy sencillo. Cuando el Yo se
    encuentra absorbido por una labor psíquica de particu-
    lar gravedad, tal como un duelo, una gran depresión

  • S.

    12

    PROF. S. FREUD

    afectiva o la tarea de mantener sumergidas fan-
    tasías sexuales continuamente emergentes, se empo-
    brece tanto la energía de que puede disponer, que se
    ve obligado a restringir su gasto en muchos lugares,
    semejante a un especulador que tiene inmovilizado su
    dinero en sus empresas. Un instructivo ejemplo de una
    tal inhibición general de corta duración me fué ofreci-
    do por un enfermo de neurosis obsesiva que quedaba
    sumido en una fatiga paralizadora, durante uno o va-
    rios días, en ocasiones que habrían debido provocar
    un acceso de ira. A nuestro juicio, debe tener aquí su
    punto inicial un camino que habrá de conducirnos a la
    comprensión de la inhibición general característica de
    los estados graves de depresión, y sobre todo, de la
    melancolía, el más grave de tales estados.

    Podemos, pues, decir, finalmente, de las inhibicio-
    nes, que son restricciones de las funciones del Yo,
    bien como precaución, bien a consecuencia de un em-
    pobrecimiento de energía. Fácilmente vemos ya en
    qué se diferencia la inhibición del síntoma. El síntoma
    no puede ser ya descrito como un proceso en el Yo.

    II.

    Los rasgos fundamentales de la formación de sínto-
    mas han sido ya estudiados por nosotros hace mucho
    tiempo y esperamos haberlos fijado indiscutible y defi-
    nitivamente. El síntoma sería, pues, un signo y un sus-
    titutivo de una inlograda satisfacción de un instinto, un
    resultado del proceso de la represión. La represión
    parte del Yo, que a veces, por mandato del super-
    Yo,