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ocasión de entrar en el problema de la angustia, pro-
blema que sospechamos nos aguarda oculto en el úl-
timo término. No hallándonos aún preparados a las
hipótesis de la formación de síntomas en la neurosis
obsesiva, en la paranoia y en otras neurosis, partire-
mos de los síntomas que crea la neurosis histérica.IV
El primer caso que someteremos a observación será
el de una zoofobia histérica infantil, por ejemplo, la
fobia de «Juanito» 1) a los caballos, caso seguramen-
te típico en todos sus rasgos principales. A primera
vista, observamos ya, que las circunstancias de un
caso real de enfermedad neurótica son mucho más
complicadas de lo que suponemos mientras labora-
mos con abstracciones. Ya en un principio resulta di-
fícil averiguar cuál es el impulso reprimido, cuál su
síntoma sustitutivo y cuál el motivo de la represión.Juanito se niega a salir a la calle porque le dan mie-
do los caballos. Esta es la materia prima que se ofre-
ce a nuestra investigación. ¿Cuál es aquí el síntoma:
El desarrollo de angustia, la elección del objeto de la
misma, la renuncia al movimiento libre o varias de es-
tas circunstancias a la vez? ¿Dónde está la satisfac-
ción que Juanito se prohibe? ¿Y por qué tal prohibi-
ción?Parece en un principio, plausible objetar que el caso
1)Véase el estudio titulado «Análisis de la fobia de un niño
de cinco años», que aparecerá en estas «Obras completas».S.
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INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA
no es tan enigmático como suponemos. El miedo in-
comprensible al caballo sería el síntoma, y la incapa-
cidad de salir a la calle, un fenómeno de inhibición,
una restricción que el Yo se impone para no desper-
tar el síntoma de angustia. Conformes por lo que res-
pecta a esto último, dejaremos en adelante fuera de la
discusión lo referente a la inhibición. Pero en cambio,
nuestro primer contacto con el caso no nos revela si-
quiera la verdadera expresión del síntoma supuesto.
Una más precisa observación nos muestra luego, que
no se trata de un miedo indefinido de Juanito a los ca-
ballos, sino precisamente del temor angustioso a que
un caballo le muerda. Desde luego, este contenido
trata de sustraerse a la conciencia y ser sustituído por
la fobia indeterminada, en la cual sólo aparecen ya la
angustia y su objeto. ¿Será entonces quizá tal conte-
nido el nódulo del síntoma?No avanzaremos un solo paso mientras no conside-
remos la total situación psíquica del infantil sujeto tal
y como se nos fué revelando en el curso de la labor
analítica. Juanito, dominado por el complejo de Edipo,
se halla colocado en una situación de celos y hostilidad
con respecto a su padre, al que, sin embargo, quiere
entrañablemente en cuanto no entra en consideración
la madre, causa de la discordia. Nos encontramos,
pues, ante un conflicto de ambivalencia: amor y odio,
ambos justificados, con respecto a una misma perso-
na. Su fobia tiene que ser una tentativa de solución de
este conflicto. Tales conflictos de ambivalencia son
muy frecuentes y ya conocemos otro de sus desenla-
ces típicos, consistente en que uno de los dos impul-
sos en pugna, el cariñoso generalmente, se intensifica
de un modo extraordinario, desapareciendo el otro.
Sólo el exceso de ternura y su carácter obsesivo nosS.
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revela que esta dispo-
sición cariñosa no es la única
existente y que se conserva siempre vigilante para
mantener sometida a su contraria. En estos casos,
consideramos como origen de la situación, una repre-
sión por reacción (en el Yo). Pero casos como el de
Juanito no muestran indicio alguno de una tal reacción.
Los conflictos por ambivalencia pueden tener, en efec-
to, diversos desenlaces.En cambio, el caso de Juanito nos descubre, con
toda certeza, algo distinto. El impulso instintivo que
sucumbe a la represión, es un impulso hostil contra
el padre. El análisis nos aportó la prueba correspon-
diente al investigar el origen de la idea del caballo
agresor. Juanito había visto una vez caerse a un caba-
llo, y en otra ocasión, caer y herirse a uno de sus
infantiles camaradas con el que jugaba a los caballos.
El análisis nos llevó a suponer justificadamente en
Juanito, un impulso optativo consistente en el deseo de
que su padre se cayera y se hiriese como el caballo y
el compañero de juego. Circunstancias enlazadas con
un viaje del padre nos hicieron luego sospechar que el
deseo de su desaparición halló aún otra expresión me-
nos tímida. Ahora bien; un tal impulso es equivalente
a la intención de llevar el sujeto a cabo, por sí mismo,
la supresión deseada, esto es, al impulso asesino del
complejo de Edipo.Hasta ahora no vemos ningún camino que conduz-
ca desde este impulso reprimido a la sustitución del
mismo que sospechamos en la fobia a los caballos.
Para hacer más transparente el caso, simplificaremos
la situación psíquica de Juanito, prescindiendo de la
ambivalencia y de la infantil edad del sujeto, y supon-
dremos que se trata de un criado joven, enamorado de
su señora, de la que ha logrado obtener correspon-S.
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INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA
dencia. Es indudable que odiará al marido y señor,
más poderoso y fuerte, y que deseará su desaparición.
La consecuencia más natural de esta situación será
que, al mismo tiempo, temerá la venganza del amo,
esto es, que surgirá en él un estado de angustia teme-
rosa con respecto al mismo, totalmente análoga al
miedo de Juanito a los caballos. Quiere esto decir, que
no podemos calificar de síntoma la angustia de esta
fobia. Si Juanito, que está enamorado de su madre,
mostrara miedo a su padre, no tendríamos ningún
derecho a atribuirle una neurosis ni una fobia. Nos
hallaríamos simplemente ante una reacción afectiva
muy comprensible. Lo que hace de esta reacción una
neurosis es, única y exclusivamente, la sustitución del
padre por el caballo. Este desplazamiento es lo que
puede calificarse de síntoma y lo que constituye el
otro mecanismo que permite la solución del conflicto
por ambivalencia sin el auxilio de la formación de
reacciones. Este mecanismo resulta posible o queda
facilitado por la circunstancia de que las huellas inna-
tas del pensamiento totemista despiertan aún fácilmen-
te en la tierna edad de nuestro sujeto. El abismo que
separa al hombre del animal no ha sido aún reconoci-
do, ni mucho menos sobreacentuado como más tarde
lo es. El hombre adulto, admirado y, al mismo tiempo
temido, se halla aún, para el niño, en el mismo plano
que el corpulento animal al cual se envidia por múlti-
ples motivos, pero contra el cual se ha sido repetida-
mente prevenido porque puede ser peligroso. El con-
flicto de ambivalencia no queda, pues, resuelto en una
sola y misma persona, sino simplemente esquivado
por medio de un rodeo consistente en desplazar uno
de los dos impulsos que lo integran sobre una perso-
na distinta, como sustituto.S.
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Inhibición, síntoma y angustia1926-001/1927.es
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